Por: Cicerón Flórez Moya

Sería una conducta de irresponsabilidad oficial o de complicidad inexcusable con la codicia capitalista la permisividad de parte del Gobierno de entregar el páramo de Santurbán a la voracidad de las empresas empeñadas en la explotación de oro en la jurisdicción de ese territorio, declarado como una reserva natural de interés colectivo. Pero es evidente esa posibilidad de entrega.

Estudios rigurosos ya han comprobado que Santurbán es uno de los puntos geográficos de Colombia más importantes, ubicado entre los departamentos de Norte Santander y Santander, con una extensión de 142.000 hectáreas. Es la fuente hídrica que permite abastecer una población de más de 2 millones de personas de los municipios de Cúcuta, El Zulia, Ábrego, Arboledas, Ocaña, Cucutilla, Pamplona, además de los del área metropolitana de Bucaramanga, entre otros. Nadie puede poner en duda que es indispensable para la existencia de todas las formas de vida en su entorno.

Esa reserva natural, reconocida por el Estado colombiano no ha escapado a las presiones de grupos económicos nacionales y extranjeros dedicados a la explotación de oro. Y recientes decisiones no dejan dudas de que se está entregando a tales pretensiones, con el señuelo de utilidades representadas en regalías que no pasarán de ser carnadas que se agotarán irremediablemente y dejarán en ruina la reserva hídrica, con daño irreparable a la toda una comunidad.

La explotación de oro sin control, en las áreas del páramo, es negativa y tendrá como resultado su desmantelamiento. Será un asalto con la consecuencia de ruina colectiva. Es una operación de aniquilamiento con daño desastroso al medio ambiente y todas las secuelas derivadas de ese festín. Los habitantes de los departamentos de Norte Santander y Santander tienen que tomar conciencia del destrozo que se va a causar si se permite lo que ya está en marcha. Por lo cual ante esa perspectiva la protesta social o la resistencia civil es un deber que se impone y se debe hacer cuanto antes, a fin de que no tomen la delantera los que lideran el desmantelamiento de Santurbán a cambio de unas regalías deleznables.

Ante las amenazas que ya se advertían se dio comienzo a movilizaciones ciudadanas, sobre todo en Santander. Hubo convocatoria a marchas y estas se hicieron. También se programaron foros y no han faltado otros pronunciamientos, en demostración de inconformidad ante el manejo desatinado que desde el alto Gobierno se le está dando a Santurbán. Pero se requiere redoblar la acción ciudadana hasta cuando se consiga que el Gobierno se ponga del lado de la protección del páramo de Santurbán sin esguince alguno. Es una causa de todos y no se puede ceder a los caprichos de grupos económicos cuya codicia no tiene límites, sin que les importe el futuro de la gente.

Cúcuta debe estar en la vanguardia del movimiento orientado a poner a Santurbán por encima de la voracidad del lobo que está tras esa presa que la dimensiona como el más suculento bocado para su apetito intensamente insaciable.

Santurbán es la joya hídrica y es deber ciudadano protegerla contra todos los acosos, vengan de donde vengan.

Puntada

Los congresistas que representan a Norte Santander tienen que pronunciarse sobre el caso de Santurbán. También los candidatos a los cargos de elección popular en campaña, sobre todo, los que le apuestan a la Alcaldía de Cúcuta y a la Gobernación del Departamento. ¿Qué esperan para hacerlo?

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