Por Alberto Salazar Gutiérrez.  FotosPL: Marta Llanes

Hanoi, 6 feb (PL) La elección de Vietnam como escenario de la segunda cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong-un, fue acogida con beneplácito por la comunidad internacional.

Desde hace días se rumoraba que la nación indochina acogería la tan esperada reunión, y ni una sola voz puso reparos: Vietnam parecía del agrado de las partes directamente envueltas en el diálogo y del resto del mundo, que sigue con profunda atención el asunto.

La decisión se ‘cocinó’ en medio de la más absoluta reserva, pero era un secreto a voces dónde sería el encuentro y prácticamente las únicas incógnitas eran la fecha y la ciudad donde tendría lugar.

Sabido ya que Vietnam acogerá el encuentro el 27 y 28 próximos -lo anunció Trump ayer martes- solo queda por saber si el lugar elegido es Hanoi, la capital, o la central ciudad de Da Nang.

Lo cierto, de momento, es que Vietnam tendrá la altísima responsabilidad de organizar una reunión cuyos resultados -sean cuales fueren- revestirán una tremenda importancia para la paz y la seguridad en la península coreana, en Asia y en todo el planeta.

Una alta responsabilidad, sí, pero también un justo reconocimiento a esta nación que durante siglos y siglos se vio forzada a sucesivas y desiguales guerras que no hicieron más que alimentar su vocación de paz.

Esa, la paz, es la divisa número uno de la política exterior de Vietnam: no hay un solo pronunciamiento de las autoridades vietnamitas donde no aparezca la palabra, y ni un solo acto de este país -tanto en lo interno como de cara al mundo- desdice su posición.

Ese, sin dudas, fue el primer y gran aval que le valió su elección como escenario de la cumbre Estados Unidos-RPDC.

Se sabe que varios países de Asia presentaron su candidatura para la reunión y, fuera de duda, todos tienen merecimientos para organizarla.

Pero a la postre el elegido fue Vietnam por el prestigio que valen su equilibrada política exterior y su creciente integración al concierto internacional.

Las propias relaciones Hanoi-Washington un ejemplo: tras una cruenta guerra que terminó en 1975 con la retirada norteamericana, los dos países establecieron relaciones diplomáticas en julio de 1995 y consiguieron superar viejas rencillas, al punto que hoy Estados Unidos es uno de los mayores socios comerciales de Vietnam.

Sus relaciones con Pyongyang, entretanto, son históricamente buenas, como se puso de relieve durante la visita que en noviembre último realizó a Hanoi el ministro de Relaciones Exteriores de la RPDC, Ri Yong Ho.

Ya desde entonces se rumoraba la posibilidad de celebrar en Vietnam la cumbre Trump-Kim, pero todo estuvo rodeado del más absoluto hermetismo.

Incluso hoy, cuando ya se sabe que Vietnam será sede de esa reunión, las autoridades locales mantienen una infranqueable reserva. La discreción, evidentemente, es otro atributo de la política exterior vietnamita.

A esta altura también valdría hablar de seguridad: pocas naciones en el mundo pueden blasonar de ser tan tranquilas como esta. Amparado en una pujante economía y en una política de justicia social, Vietnam goza de un apacible clima político y ciudadano.

Ya sea en Hanoi o en Da Nang, Donald Trump y Kim Jong-un tendrán absolutas garantías de hablar lo que tengan que hablar sin más preocupación que la de ponerse de acuerdo. Que ya es bastante.

El propio Trump tuvo una prueba de la seguridad que garantiza Vietnam cuando en noviembre de 2017, en Da Nang, participó en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). O unos días después, cuando cumplió una visita oficial en Hanoi.

Seguridad aparte, las dos ciudades poseen una magnífica infraestructura para garantizar la exitosa celebración no ya de una cumbre bilateral -por más importantes que sean los interlocutores-, sino de eventos al que asistan un alto número de mandatarios. A la reunión de la APEC, por solo poner un ejemplo, asistieron 20.

El encuentro cumbre Trump-Kim en este país reforzará su prestigio internacional y será un aval más a la respaldada aspiración de Vietnam de ocupar un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el período 2020-2021.

Que así sea.

tgj/asg / PRENSA-LATINA