Por Luis Manuel Arce Isaac

México, 1 feb (PL) El gobierno del presidente Donald Trump descalifica la propuesta diplomática de México y Uruguay, a la que se sumó el papa Francisco, para buscar un diálogo en Venezuela que evite cualquier desgracia.

La propuesta de esos dos países, que se ajusta a llamamientos de Naciones Unidas a una solución pacífica de la crisis creada en Venezuela, entorpece el plan en desarrollo aplicado por la Casa Blanca para sacar del gobierno al presidente Nicolás Maduro a como dé lugar.

Estados Unidos actúa sobre una plataforma diplomática que presenta al mundo como algo natural y espontáneo a un presidente ‘encargado’ sin más aval que el fabricado por Trump y la prensa conservadora, a la que suma a aliados de la Unión Europea y del Grupo de Lima.

A partir de una matriz publicitaria que presenta a Maduro como usurpador del poder y presidente ilegal, se teje una imagen en contrario de Juan Guaidó, quien siendo el verdadero usurpador es legitimado por el conservadurismo más despiadado en nombre de una dudosa democracia que viola los derechos humanos, entroniza el caos y la muerte sin temor a copiar esquemas de las nefastas guarimbas.

En ese contexto se produjo la visita del presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, con la misión expresa de convencer al presidente de México de abandonar su posición de principios consagrados en la Constitución y en el derecho consuetudinario de su política exterior, en la cual enfatiza Andrés Manuel López Obrador al plantear diálogo y no intervención, negociaciones y no injerencia en los asuntos internos de Venezuela.

Su posición ya molestaba a Trump desde una reunión en Perú del Grupo de Lima seguida de otra en la sede de la OEA en Washington, donde México se negó a desconocer a Nicolás Maduro como presidente elegido en las urnas.

Al fracaso de Sánchez en sus gestiones se une la ratificación del gobierno de que México no hará nunca el papel de tercer país seguro para la migración que le permitiría a Estados Unidos desviar sus responsabilidades de atención al éxodo centroamericano hacia las espaldas de los mexicanos.

Ambas actitudes molestaron a Trump y a su secretario de Estado, Mike Pompeo, quien terminó por suspender una visita oficial ya pactada a México, y condujeron a la reciente declaración de que rechazarán la propuesta conjunta de diálogo formulada con Uruguay a la cual se unió el Vaticano.

La respuesta de Trump es propia de su soberbia xenófoba al comparar a México con Afganistán, el país que las tropas norteamericanas han devastado y donde crearon al Talibán, para culparlo de todos los males de Estados Unidos como si los mexicanos fueran culpables de la drogadicción y la violencia social que consume a esa sociedad.

En lugar de apoyar el plan emergente para Centroamérica propuesto por López Obrador, Trump anunció una remilitarización de la frontera común, y en un acto que viola el derecho internacional y las reglas de vecindad generalmente aceptadas, devuelve unilateralmente a tierras mexicanas a los centroamericanos en procesos aduanales y migratorios.

A las diatribas y presiones recibidas sobre el caso de Venezuela, incluidas las insinuaciones del español Pedro Sánchez, López Obrador continúa recordando la frase célebre del político mexicano Benito Juárez pronunciada en 1867 hace ya 152 años, que hoy tiene tanta vigencia: ‘Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz’.

agp/lma PRENSA-LATINA

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