La paz no es miedo

Por: Cicerón Flórez Moya

Contrariamente a los que piensan algunos díscolos respecto a los resultados de las negociaciones con las FARC, esa paz acordada no representa la rendición de ninguna de las partes. Lo convenido fue la voluntad recíproca de ponerle fin a un conflicto cuyos estragos afectaron a uno y otro protagonista de las acciones de confrontación de manera muy sensible, aunque en distintas proporciones.

Hay que reiterar que el acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos, en representación legítima del Estado colombiano, y las FARC es un hecho histórico de paz, frente al cual no caben reticencias o interpretaciones acomodaticias. Fue una decisión que hizo posible quitarle a Colombia parte del aplastante peso de una guerra de más de medio siglo. Se ganó un espacio de convivencia muy significativo. Se crearon condiciones para profundizar el desarrollo de la democracia y sustraer el país del entramado de la desigualdad, la corrupción y otras formas de abuso en el ejercicio de la política y el manejo del poder.

La paz acordada con las FARC fue de unas proyecciones de superación de problemas acumulados en la nación.

Se tomaron en cuenta, la reparación a las víctimas del conflicto, la restitución de la tierra arrebatada a los campesinos por la vía de la trampa y la violencia, la sustitución de los cultivos ilícitos y la lucha contra el narcotráfico. Igualmente, se reconoció la necesidad de una reforma política que depure el sistema electoral para evitar fraudes y desvíos en los diferentes comicios.

Entonces no es que se pacte la paz bajo la presión del miedo. Se trata de preservar el derecho a la vida y contribuir a que las posibilidades de los seres humanos se hagan efectivas con el desarrollo pleno del talento y de la inteligencia que se tengan.

La paz es para que no se repitan las muertes que tanto duelen, o las atrocidades recurrentes, con violación de los derechos humanos y los oprobios a personas indefensas. La paz, como garantía de las libertades y para el mejor aprovechamiento del conocimiento. También en función de la integridad de la vida.

La paz debe seguir siendo prioritaria en Colombia. A fin de que no ocurran más atentados como el de la Escuela de Cadetes de la Policía en Bogotá,  ejecutado por el ELN. A esta guerrilla hay que ponerla en el camino de la paz. Las manifestaciones masivas de los colombianos tienen que generar una dinámica que imponga la voluntad colectiva contra la violencia.

No se trata de operaciones para generar más violencia o de replicar los falsos positivos sino de cerrarle al ELN toda oportunidad de escalamiento. Es reducirlo al máximo hasta que asuma la responsabilidad de dejar las armas y dar el paso hacia la desmovilización y el compromiso de no repetición de la beligerancia criminal con que ha procedido. Ese ímpetu debe tener punto final.

Puntada

El presidente de Asamblea Nacional de Venezuela Juan Guaidó se considera con la capacidad de tumbar al presidente de su país, Nicolás Maduro. ¿Hasta dónde le alcanzará el aire en su carrera con ese objetivo?  En poco tiempo se podrán medir los resultados. Y que correspondan a la democracia y no a un remedo de esta. El remedio no es la intervención armada.

La salida tiene que ser de derecho. Todo en democracia. Que lo sepan Trump y sus secuaces y el líder opositor. Claro que Maduro también está llamado a obrar sin los arrebatos que lo descomponen.

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Cicerón Flórez Moya