Por: Cicerón Flórez Moya

Hay que reconocer que América Latina no está en un rumbo político que lleve a cambios significativos de contenido democrático. La elección de Jair Bolsonaro en Brasil es un revés catastrófico por lo que él representa. Su pensamiento fascista es un revoltijo de impulsos agresivos contra los derechos humanos. Otras corrientes semejantes han llegado al poder en distintos países con la consigna de frenar las posibilidades de cambio, las que guardan fidelidad a los principios que garanticen un Estado de igualdad y de libertades, muy diferente al neoliberalismo o al asistencialismo populista como el aplicado en la Venezuela gobernada por Nicolás Maduro, con el molde de un socialismo engañoso. El otro caso de resquebrajamiento es el de Donald Trump en Estados Unidos, investido de Presidente de su nación, un magnate de inocultable ordinariez con ínfulas de estadista, hecho a la medida de la desfachatez.

Con la llegada de Manuel Andrés López Obrador a la Presidencia de México se abre un nuevo camino. Es la corriente contraria a la que animan sectores conservaduristas, los cuales se resienten con cualquier apertura hacia la construcción de una gobernabilidad basada en la equidad, sin amarres a la violencia, la intolerancia y la exclusión. Es el aire renovador de la democracia.

El discurso de López Obrador pone un rumbo de esperanza y lanza a México como escenario de transformación. Ese proceso será necesario seguirlo con el rigor puesto en el cumplimiento de lo expuesto.

Esta es una opción de alcance histórico. Y en estos términos lo expresa López Obrador:

 “A partir de ahora se llevará a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo  tiempo profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México.

“Si definimos en pocas palabras las tres grandes transformaciones de nuestra historia, podríamos resumir que en la independencia se luchó por abolir la esclavitud y alcanzar la soberanía nacional; en la Reforma por el predominio del poder civil y por la restauración de la República. Y en la Revolución nuestro pueblo y sus extraordinarios dirigentes lucharon por la justicia y la democracia.

“Ahora, nosotros queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de Gobierno. No se trata de un asunto retórico o propagandístico, estos resultados se sustentan en la convicción de que la crisis de México se originó, no solo en el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este período de la más inmunda corrupción pública y privada”.

López Obrador promueve una nueva etapa política con una clara visión de consolidación de principios que pueden poner a los pueblos en un destino de prosperidad económica y social, sin las estrecheces que se hicieron crónicas como si se tratara de una condena predeterminada e irremediable.

ciceron_flores_moya_300Cicerón Flórez Moya

  • cflorez@laopinion.com.co
  • ciceronflorezm@gmail.com