las hienasUn puñetazo en defensa de Bush
        1.
 «¡Déjate de boberías y descargas contra Bush! Carlitos, mi ambia, ¿defenderás al muerto que ya no apesta, Saddam-Hussein? ¡Favor que hizo Bush al mundo, matándolo! Uno menos entre los del Eje del Mal… y, pues, ya se te pasó la hora del cuajo. El bribón está muerto y enterrado y sin quien le cante misas… y, como bien dijo el Pánfilo: … ‘jama, aquí lo que hace falta e’ jama’… [Y se puso de acuerdo: JAMA(r) es COMER], me refiero a que nos sirvan unas copas y otras más… / que nos sirvan de una vez pa’todo el año / que me quiero seriamente… jamar un bocadillo» , decía Raymond Molina, o José Ramón o, meramente Joseph, o Joe, como se le dice en Miami y, como Carlos Romero lo conoce.
A Joe le gusta la fiesta grande, ‘vacilones’ con poderosos; pero ya es un ‘gusano’ de esquina. Gusano por cubano de derecha. Va en picada desde hace mucho tiempo, tuvo momentos de gloria aún después de exilarse al caer Fulgencio Batista y Anastacio Somoza.
Había sido seguidor del dictador Bastista, veterano de la invasión de Playa Girón y, después, conspirador anti-sandinista. Se jacta que ha vivido. «no menos de 30 años, con el corazón en la boca, cabrio con el comunismo, pero dando combate, sin apendejarse Por esta razón, está bien vivido. Ha viajado de Nicaragua a Panamá, Venezuela, Colombia, los EE.UU. y cada antilla.
«No es comemierdería mía, yo conocí los palacios de la familia Somoza y de los ricos de Panamá, al mismo tiempo como militante de la Unidad Cubana, te conozco cárceles del cautiverio en mi propia Perla Antillana y, Dios, mi escudo, porque sabe que no me apinchino, nunca me ha dejado sin dinero y en hambre. Que yo me jame un cable, nunca. Mira, Caballo, cómo pongo la boca. N-U-N-C-A».
Con Carlos Romero, el ex-Gobernador en mandato del 1977 a 1985, se presenta como ex-asesor político, empresario, banquero y otras bonituras. Destaca que es el fundador y director ejecutivo de Golden Mortgage Bank, que en Puerto Rico se dedica a realizar inversiones y operaciones financiarias. En círculos miamenses y centroamericanos del narcotráfico, su nombre es conocido más que su cara; pero, un día es Raymond, otro día Joe, a menudo Joseph, o meramente, Molina, el embustero..
La estafa que hizo de Xavier Suárez fue al estilo de las que tan frecuentes eran durante la dictadura de Batista en Cuba. Molina le compraba votos, a 10 dólares cada uno, y cada operativo suyo es agenda tan corrupta, tan poco sofisticada, que se descubre y arrastra con las reputaciones de alguien más vulnerable que él.
El siempre se escuda en su lucha contra «agentes» del Imperio del Mal. Busca causas que ‘catapulten’ el prestigio de exilados.
Molina participó en la compra de varios funcionarios, incluso el Ministro de Justicia Escalona, que llevaron «al gran patriota cubano, Luis Posada Carriles», hasta los jets privados que los sacaron del país.
«Aquello fue un operativo digno de iguales páginas de admiración que las que la prensa consagró a magnificar a Fujimori y su contribución a la lucha anticomunista cuando la crisis de la toma de la Embajada nipona por guerrilleros de Sendero Luminoso… En Panamá, yo me porté a ese nivel en las tareas asignadas: gestionar el indulto a Posada. Estuve con aquellos valientes Gaspar Jiménez, Guillermo Novo y Pedro Remón que supimos pedir a la presidenta Mireya Moscoso que perdonara al jefe y, antes desde Miami, trasladé las cantidades de dinero necesarias para que a Posada se le garantizara un confort cinco estrellas en su lugar de detención, donde tenía libre acceso a la oficina del director, hablaba con sus jefes de la CIA, conmigo que soy el jefe de Unidad Cubana».
Molina no hace esfuerzos algunos por desembarazarse de sombras que lo asocian a narcoabogados y mafias.
«¿Para qué berrearse con eso?»
Aquí, en este rinconcito habitual del restaurante Pelayo’s, en el Condado, se siente seguro, máxime con su amigo Romero,
«Carlitos, mi ambia», que disfruta el trago y tiene muchas vivencias de las que dar cuenta, como él.
Viendo que Romero está callado, como si los alcoholes le dejaran la lengua en apurruñamiento de palabras, Molina llamó a servicio: «Como bien dijo el Pánfilo: ‘jama, aquí lo que hace falta e jama, quesito y vino para la sed que estamo’ en candela».
A Romero Barceló, aún en días de sus primeros contactos amistosos, siempre le ocasionó disturbio interno el incidente con Xavier Suárez, abuso de confianza y el «documento amenazador» dirigido a la entonces presidenta Mireya Moscoso.
Para los días de investigación del Caso Maravilla, «cuando aún no me conocías», Molina dijo que le daba señales amistosas a Romero y le proveyó anónimamente documentos con insultos a magistrados y a la Justicia que se marcara con tintes ‘independentistas’ y con ‘patriotismo jacobino’, «y era yo quien te los enviaba, te compartía mis ideas; yo, por ayudarte»..
«Usted no es abogado; yo sí. Usted es maquiavélico. Me hacías reír, al menos eso».
«¡Tengo sabiduría práctica!»
«¡No! A Xavier le hiciste una putada de madre», le reprocha Romero.
Molina se creó líos que provocaron su huyilanga a Panamá en 1998 y escaparía a la justicia norteamericana. Desde entonces, como connotado estafador le describiría la Policía de Miami; esto es, ya no hay quien le diga ‘patriota cubano’, ‘luchador de la libertad’, como antes.
Y es que, en el cálido rinconcillo de restaurante, sus amigos en Versailles le perdieron la fe. Le huyen como el Diablo a la Cruz. A él que llegó a pensarse, por esa pailita de ingenuos,que ‘su acere, Molina, monina’ tenía la capacidad y el rango moral necesarios para que se le eligiera como alcalde de Miami.
«Tan pronto cumpla con los requisitos de residencia me tiro», decía. «Había que oírlo», lo prometía.
«¡Siempre has sido tan presuntuoso! Ese mal de bonitillos y señoritos, sólo buenos para no trabajar, enriquecerse a expensas del pobre. Molina, yo fui Gobernador. Joseph, sé de eso. Tengo las experiencias y, a la hora de los mameyasos, veo a los que huyen. Sé que mucha gente que se pega y no quiere hacer nada ni teniendo 99 papeletas, contactos que ofrezcan la probabilidad de que cuajar algo, mutuo beneficio, se me pega. Es el mosquero de gente confianzuda que ama el crimen, el chantaje por haber sido cómplices, el zafarrancho y después cobran muy caro, no por trabajar ni solucionar el problema en la escena».
«Vete suave con eso. Y no me dejes en la calle y sin llavin. Ojo a cómo comenzamos la amistad, te ofrecí la asesoría gratis. Nunca he estado en tu nómina. Muestras de aquellas cartas, efectivas, te dí…. ¿Viste cómo Mireya Moscoso se cagó en sus bragas y nos entregó el indulto a Posada? Hay que saber cómo manichear. Eso es todo… Yo no soy de la CIA, pero tengo la confianza de quien lo es, muevo piezas para ellos. Recibo información, secreta y clasificada. Evito que los embelequeros se hagan cargo. Utilizo el sentido común y sí, aunque no me lo creas, pongo la cara por los amigos. Tal vez ellos no están limpios de alguna cosilla y si por no serlo ocasionara rebambaramba o mal revuelo, yo sí estoy limpio y, como ente limpio, el buen monina, organizo la defensa. Cabildeo. Pongo la cara… Mira si hay gente que me debe favores, por lo que yo manicheo: Santiago Alvarez. Fernández Magriñá, Jorge Borrego, Nelsy Castro Matos, los Cruz Cruz, Ernesto Abreu y te diría que de la cárcel de El Renacer saqué a muchos y no soy abogado de Yale, sólo un cubano con sus mañas y mis ofrenditas de Eboó para los santos».
Al fin -wepa, puertorra- la mesera de Pelayo’s se persona tras haber identificado la voz que tanto invoca a Pánfilo.
Molina ama los quesos y el vino y cualquiera sea la ‘cosa’ que llama LA JAMA.
Lo que pida Romero que se lo ponga hoy en cuenta, instruye a la mesera porque las recientes campañas de Unidad Cubana, a gestión de Molina han pagado bien.
Ya no es un perseguido. Aseguró que lo protegen en Miami.
Sigue describiéndose, empero, como uno de los expertos intimidadores que la CIA utiliza para trabajillos sucios, o de menor cuantía. Así los describió el juez panameño Enrique Paniza, intimidador de un grupo que no se duerme.
Molina no crió fama y se echó a dormir.
Es con Bush, «el jefe grande» que haría negocio en determinado momento y, antes los hizo con soplapotes de Reagan.
«Traiga para comer al Jefe Romero».
Se jacta que, cumplidas las diligencias, quien pagará es la Voters Constitutional Rights Defense Association, Inc. y si bien el cheque a dar está firmado por Placido Debesa, Molina es cosocio.
«También hay una firma suya que vale», reapunta.
«Siempre es valiosa la firma y el prestigio de una corporación que vela por la protección de los derechos de los electores», explica Molina. De no admitirse un cheque de tan luminoso realce, tiene la más vulgar tarjeta de crédito, administrada por MasterCharge, de la Golden Mortgage, firma de banqueros para la construcción inmobiliaria desde 2004.
Romero Barceló había bromeado anteriormente con la mesera sobre la salud económica de este presunto millonario, «Raymond Molina», se llamaba entonces y, en Miami y en Venezuela, era incapaz de pagar las cuentas de sus gastos. Debía centenares de dólares en el comedor de Versailles, 700 por rentas de hospedaje.
«Y dicen que chivo que rompió tambó con su pellejo paga».
«Hay días en que estamos arriba. Otros en que abajo. Nena, a mí me toco ver la época de oro del turismo en Puerto Rico. La linda época hotelera cuando el Condado de 1965 y la Ashford Avenue eran lo que eran, una locura de prosperidad. Gringos por doquiera».
En Puerto Rico, para tal periodo, se establecían dos fábricas por semana y el cubano (que salió de Cuba por amor a los progresos materiales y afanes de lucro empresarial) hablaba maravillas sobre el paraíso borincano, la otra ‘cubita’, digna de su turismo de playa, licores tropicalosos, pachanga, casinos y, además, había manufactura, «acá es quise, verme y llegar, huyendo de Castro pero, ahora el oro se acabó.
El Condado da pena y usted hace bien en ser desconfiada, aunque vea con quién es que yo ando. ¡Con Romero! Cuatro ojos ven más que dos y él es parte de mis ojos, si yo me caigo, él me levanta».
2.
La mesera ya no sabe si mirarlos con pena. A veces consulta con quien parece el gerente o dueño del establecimiento. Ella está en consulta. Antes que vuelva, Molina maneja ya no su plática confesatoria, ni la nostalgia de buenos tiempos.
Molina aclaró que: «A mediados de los ’60, para que hubiera buen turismo en Puerto Rico y una industria de servicios, se descuidó la agricultura. Es una pena… ¡Cómo cayó la caña! ¿Recuerdas, Carlitos?»
En los ’70, la muerte de la industria azucarera, la agonía de la agricultura total… «Ahora míranos. A un gustazo, un trancazo. No hay el turismo de 1965; ni hay agricultura. ¿De qué puede uno vivir, en estas ciudades de hormigón armado, desempleo y estrés de ratas? ¡Te lo diré por experiencia: a no ser cierto que el bicho malo nunca muere, de lo único que se puede vivir ahora es de las amistades políticas, de las conexiones… Sabes, Carlitos, lo que me da dinero a mí, ahora que hay crisis en la construcción, es la política. La maldad del hombre que, siendo dizque democrático-civilista, es ladrón» .
El caradelata de Romero no se siente aludido; pero, pensó en Rosselló y lo que han llamado la pensión-Cadillac.
Deja a mitad su perorata porque la mesera ha llegado. «¿Ves este chequecito que Plácido Debesa, mi socio, me firmó?… Con este te voy a pagar. Voters Constitutional Rights Defense Association, Inc. me autoriza a este palique en Palayo’s, como en mis viejos días en Versailles, donde yo hice triunfar a un desconocido, jovencito él, Xavier Suárez. Casi lo envío a las Grandes Ligas de la política, pero el mocoso se durmió y peligro, donde se cae el burro, ahí se le dan los palos y, precisamente, para dar palos estaban el Fiscal Joe Centorino y un acusador de apellido Hoskins».
«Es que no estamos aceptando cheques», interrumpe la mesera.
«Jeffrey Hoskins, arrestado por comprar votos».
«No es la primera vez que me cuentas la historia».
«¿Ni del ex-Gobernador aceptaría un cheque?», preguntó Molina extrañado de que haya sido eso lo que oyó.
«De Don Carlos, sí. De usted, no».
«Jah, y eso que el banquero soy yo».
Romero Barceló sonríe. Hace señales a la mserapara que se vaya tranquila.
3.
Y Molina se inflará con los detalles de este memoria obsesiva. Quiere que su Gobernador se divierta. «Yo puso un Alcalde en la poltrona municipal miamense».
Después cuenta la parte triste de la historia.
«Xavier se me puso en contra. Quería echarme de cabeza, que yo corriera con riesgos (de ir preso, que yo ni te conozco) y que me echara la culpa de errores de otros, nonines… y total porque le adeudé 150 dólares, una bagatela que le pedí prestados para darlos a unos cubanitos desempleados, marielitos, como paga para que colocaran letreros de campaña, jah, por $150 me dice ‘pillo’, me le cago en la puta madre que lo parió y, además, que ignoró que soy muy solidario yo, servicial siempre»
«Mmjú».
«No jodas con eso tú. De que pagas hoy, ya te dije. Traigo chequera y la MasterCharge de Global», dijo a su amigo.
Romero es socarrón. Se acelera poco a poco. Termina insultando, de modo que lo puso a raya con la primera mirada enojona.
«¿Ya ni puedo llamar a la mesarita? No la estoy llamando para que te cobre o que me dé la cuenta… Le veo el culito cuando viene. Piernas lindas que tiene»..
«¡Es que te conozco, Romero! Eres desconfiado».
«Por algo llegué a Gobernador».
«Y me tienes nervioso. No sabes qué hacer con el chaquetón. Déjalo ahí en la silla. Yo estoy pendiente a si sale o no una cucaracha del saco y tus mugrientos tiliches de millonario de mierda».
«Estás de madre, Romero, mi Carlitos, mi ambia».
«Deja la perota ya. Si el cheque rebota, que no se diga que Romero es maceta. Disfruta a gusto los recuerdos de charlatán ya que tienes muchísimos más que contar, Molina», chotea Romero, «y no te amargues que yo sepa que todavía en el mesón de Versailles, en Miami, te buscan por malapaga».
José Ramón / o Raymond / Joseph / Joe / o sea el que sea su nombre, mueve la cabeza con desagrado, se afloja y se aprieta la corbata. Examina una chaqueta azul oscuro que tiene sobre una tercera silla.
«Y supe que, en semanario de allá, el editor me cuenta, que contrataste 3,000 dólares de publicidad que nunca fuiste a pagar. Que la industria azucarera haya caído en Puerto Rico, a poco de seguir el descenso del turismo, nada que ver contigo. Ni creo que aporte a una lucha contra Fidel Castro».
«¿Qué te dije? Cuatro ojos ven más que dos y me has hecho ver que andar bien acompañado es parte de la fórmula. ¿Con quién andas, Carlitos? Dímelo y te diré quién eres».
4.
«Uno de esos periodos en que dudé que estoy bendito, así como la Cuba que cayó en la tragedia del Eje del Mal, antes que los árabes y toda la bola de mierda, fue antes del 2,000; o lo peor en esos años, sería lo que comenzó en 1990 y se fue extendiendo la década entera… Sabía que mis finanzas y las de quienes dependen de mis empresas, se iban a desconchinflar».
Intenta precisar cuando Irak invadió Kuwait y lo que condujo a la Guerra del Golfo y, en medio de tan nuevo merequetengue con los iraquíes, se informó que la Guerra Fría llegó al final. Entiéndase que pondrían los asuntos de la Unidad Cubana, en segundos y terceros lugares.
«Yo me sentí desbaratado como patriota cubano y viajé a Los Ángeles, con mi poquitico de ahorros, y vi como se echó a la basura $1 billón de dólares por causa de los daños de aquellos Motines… Es que dieron de arroz y masa a un negro americano, a un mulato de mierda».
Los cuatro policías, maltratantes, fueron captados en un videotape. Estaban sacándole el cuero Rodney King, según el exagerado cubano y eso, «¿pa’ qué te digo?» ocasionó quemas y destrucciones, 50 muertos.
«Yo lo vi, con la pena de estar sin un peso para largarme de Los Ángeles de una vez. Dormí en mi automóvil por días. No tuve ni para pagar la gasolina y menos una renta de motel».
En suma, era una época de austeridad para los gobiernos porque se aprobó una enmienda a la Constitución que prohibió que se subieran los salarios. Fue una época en que se soltó un huracán, llamado Andrew, Categoría 5, mató a 65 personas por lo menos.
«… y yo tenía un perro en Miami, me lo mató… yo creo que Andrew fue peor ciclón que Katrina. Andrew ocasionó pérdidas por $26 billones y yo te digo ésto porque esa época de Clinton, tras derrotar a Bush, padre, es angustiosa para mí. Me desconchinfló, pero, mis santos me enviaron a personas que me educaron en torno a la parte filosófica e histórica de una sabiduría que yo tenía en forma práctica, desde antes y que me ha permitido echar de mí la salazón, esa macacoa que uno recoge de las malas experiencias. De la dictadura».
«That’s it like remove yourself from the rat race and start taking control of your life», lo refrasea y traduce Romero Barceló.
«De esa pechuga debe ser; pero yo me desayuné la noción a todo meter. No me voy a jamar este cable por mucho tiempo y los noventas venían jodiendo el trecho, con los árabes que ocuparon el lugar de los rusos. Ahora dos enemigos como Ejes del Mal. Por desventura, la presidencia de Clinton, comiendo mierda, incapaz de darse cuenta de todo lo malo que acontece durante la década, que se sintetiza con mucho terrorismo interno y es, por ese entendimiento del Imperio del Mal, que no se debe tolerar. Los Republicanos,seguidas las elecciones de 1994, recobraron el control de ambas Cámaras en el Congreso y fue mi bendición porque yo, con los republicanos, mis nobles elefantes, puedo echar pa’lante. Sé recuperarme. Todavía en 1997, fecha en que tenía propiedades en Nicaragua y Panamá, estaba en situación precaria… yo perdí mi negocio inmobiliario de seis millones de dólares por vaivenes de la política centroamericana y me ví en la necesidad de reinventarme».
«You meant: then, still you’re a struggling entrepreneur without job».
«Romerito, no seas comemierda. Háblame en español».
5.
«No sé a dónde quieres llegar. Yo soy demócrata, Molina, y de la década de los noventas tengo mis propios recuerdos e interpretaciones. Hay cosas que me preocuparon más que las bombas que los árabes pongan en África o Europa; sé que por cada una que ellos ponen, EE.UU. contraataca y pone 20. Este tipo de violencia que uno no puede controlar, a la que no se le puede ripostar, es la de huracanes, olas de calor, inundaciones, temblores, tormentas de nieve, tornados. En 1996, yo estuve en Chicago. La cifra de muertos por el calor subía. Entre niños, ancianos, pobres de centros urbanos, ya había matado 750 personas… yo tengo 75 años de edad, Joe. Mi modo de pensar ha dejado de ser tan dogmático y político. El tema del terrorismo me exacerba. Lo demás es más de lo mismo… ¿Quién soy yo para juzgar a Clinton y los bretes que haya tenido con Lewinsky? ¡Tanto dinero que los EE.UU. bota con una tontería como esa… Me importa más que si ponen bombas en embajadas en Tanzania o Kenia, en Alemania o Grecia, si son son árabes o si son troyanos, que haya tanto derroche, sin contar con el día de mañana, rehén de algún desastre natural y, preocu-pante, es el hecho de que abundan locos / desquiciadísimos especímenes, como ese adolescente de Columbine High School. que, en 1999 creo que fue, mató a más de una decena de sus condiscípulos y sus maestros, pero, claro está, si yo fuera Bush, y meses antes de tomar posesión de la presidencia, hunden un buque nuestro, el USS Cole, y me matan a diecisiete marinos, pues, coño, como dices tú, eso es para berrearse. También me sabría poner en su lugar».
«Y le pasó a Bush, Carlitos. No es cuento. El está salaíto. Había muchos expedientes del ataque a las Torres Gemelas. La historia o el destino lo obligó a echarse esa moña encima y dar ese paso de responsabilizarse de una guerra tan costosa, billonaria. Fue su enojo. Tú sabes, unos malditos árabes enviando ántrax por correo y, por cosillas como ésas, hubo que invadir a Afganistán y aprobar una Ley Patriota», explica, con sabihondez y entusiasmo, Molina, el banquero de quien no se sabe a quienes presta ni de dónde saca sus presuntos millones de dólares en bienes..
«Ya ni creo en nada de eso».
«Pues tienes que creer. Cautela, Carlitos».
«¡Ese carajo de Bush jodió la poca paz que había dentro del país! Jodió el ambiente empresarial que podemos aprovechar gente que no estamos en ese nivel de los Peces Grandes, cangrimanes mayores»
«¿Qué paz, Carlitos, si en EE.UU. se acabó la paz, desde que Iraq invadió Kuwait a principios del ’90? Y, con la Guerra del Golfo, y Bush lo que hizo fue parar el atropello, con fuerzas autorizadas por la ONU, de 34 naciones. No fue él solo. La paz se acabó desde el momento en que hay miedo a la crisis económica global, desatada por tanto terrorismo y falta de libertad en Oriente Medio… El caso es que Clinton, por andarse con el rabo caliente, entreteniendo con una putica judía, de 22 años, no le hizo caso a nada importante, menos estarse a la altura de un Comandante en jefe de una nación como ésta, escogida por Dios y esa responsabilidad mayor, cuando Clinton la descuida, quien la recibe es George W. Bush. Temprano cuando se inaugura su periodo en 2001 (y revísate el recibimiento que le dieron: volaron las Torres Gemelas del World Trade Center y, poquitio más, y adiós al Pentágono), comenzaron los problemas. Velo metódicamente, Carlitos, y no te alegres de sus males».
«¡Coño, Molina, más que merecido!»
«¿Qué barbaridad es lo que dices tú?»
«¡Contéstalo, yeah, eres quien lamentas el fin de la Guerra Fría y aplaudes lo que hizo tal embeleco, tantas bajezas que de seguro no tienes tú ni idea! Imagino que ahora vives a expensas de la Ley Patriota y las ayudantías republicanas a la causa! Yo dije lo que me importa sobre este asunto y lo que pienso acerca de Bush… Uno y cada uno de los años del ’90, me enseñó algo: Un tornado en Oklahoma que matara a 50 personas y creciera, violentamente, y dejara el saldo de pérdidas del billón de dólares, me importa más que fichar a Timothy McVeigh y Terry Nichols para después escocotarlo como criminal y, con tales pretextos, ir creando una gran teoría de terrorismo. A final de cuentas, ya supimos, es un mero loco. Hizo daño. Mató a más de cien, hirió a 800; pero él no ocasionaría un billón de dólares en pérdidas en Oklahoma… Y así son los locos, como aquellos adolescentes de Columbine High School, que se involucran en actos de mass murder porque no saben controlar sus sentimientos ante la burla, la presión del bullying,  el acoso humillante y padres que tienen un arsenal de armas en su casa. Dan todo a sus hijos, excepto valores reales, algo tan presuntamente patriota de los republicanos y viven armándose para matar a sus vecinos…
«No, no, no… cállate, Carlitos, mi ambia».
«Examina el acto contra las Torres Gemelas. Te lo opino como abogado. Seis años después de lo que McVeigh hizo en Oklahoma City, por lo que sabe Dios quién realmente lo hizo, si fue o no el auto-bombazo de Chenney-Bush, convertimos los 3,000 muertos de Nueva York en una guerra que multiplicó nuestros muertos, ya no son 3,000 americanos muertos en New York o el Sur de Manhattan, ¿cuántos cientos de miles heridos y muertos querrás?
«No, no, no… y en Maravilla, ¿tú qué? cállate, Carlitos, mi ambia».
«Nos dimos fama de asesinos y genocidas, bombardeando en Iraq, ¿con cuántos millones de iraquíes heridos o muertos, o civiles allá, quisiera usted que se pagaran, en canje de vidas o represalia, los 6,000 heridos aquí?»
«Ay, puñeta… ¿qué barbaridad es lo que dices tú?»
«Callate tu, Molina, ya me has maria’o»
«Y en Maravilla, ¿tú qué?»
6.
«… Lo que digo es ésto: cuando dijeron que Saddam-Hussein no tenía las presuntas armas químicas, o de destrucción masiva, yo, si hubiese sido Bush, paso. Que no haya guerra.Thats’ the solution! El no lo hizo, se montó en sus cojones de granito. A la hora del cuajo, se fue por el guerrerismo y la guerras, desde la Administración Bush al presente, han llevado a Norteamérica a la bancarrota. Estamos presos de los Grandes Bancos y a Puerto Rico se lo van a llevar entre las piernas. Cuando yo cabildeé por el fin de las 936, no pensé que la economía americana viviera esa debilidad que hoy manifiesta… Los chinos comunistas pueden comprar a nuestras almas, prestar lo que ya dudo que podamos pagar con el crédito tan apaleado que tiene el país y usted, Molina, en fiesta espartana, pidiendo guerras, más guerras al Santo Bush y sus halcones».
«¿Crees que 5,000 kurdos que Saddam mató cuando autorizó sus ataques químicos Halabja no merecen una atención?»
«Más importante que la ruptura del país iraquí, fue poner un alto en Kuwait e incluso evitar una guerra civil de imprevisibles consecuencias. Clinton hizo exactamente eso: respetar el petróleo de Iraq, la unidad del país y a otra cosa, mariposa… ¿Qué me vino a decir sobre ese maravilloso 2003, cuando en Iraq, capturan a Saddam Hussein, con el plan de lincharlo… yo, como ex-gobernador, como persona que alguna vez traté en profundo a presidentes, de lo que me gusta hablar con ellos es sobre cómo ahorrar porque uno no sabe cuándo los disturbios sobre el Atlántico se repetirán y ésto pasó, en esos días de la captura de Saddam, que se combinaron las tormentas en la Florida… cuatro seguidas, en fila india, y mataron sobre cien personas, dejaron pérdidas por $50 billones… Molina, son peores guerras y la verdadera máscara del Eje del Mal. Que veas que un sólo estado, la Florida, es golpeado por huracanes, se daña la infraestructura, se mina el Tesoro y nosotros tirando el dinero en pertrechos y armamentos, pagando por muertes evitables, creando guerras como si ya no tuviésemos las que son naturales»…
«¡Santa Bá-b-bara bendita!», se persiga Molina cuando lo oye.
«Imagino que estuvo muy feliz, ¿no Molina? en esos días de huracanes y sabido Saddam-Hussein en cadenas, puesto que, además en 2004, Mireya Moscoso, la presidenta, le atiende como si fuese usted un plenipotenciario. Usted compra un indulto que ella vende, ah, indulto para un asesino, terrorista de la CIA, como es Posada Carriles y Bush».
«¿Qué barbaridad es lo que dices tú?»
«Ninguna barbaridad».
«Ofendes a mi presidente favorito. Lo llamaste terrorista. ¿Y qué no te acuerdas de 1978 y tu autoría intelectual en el Caso Maravilla».
«Me acuerdo. Me enardecí con gente que tomaba la calle con su mano izquierda alzada, muy apretado el puño y les acusé de querer imponer su voluntad, de ser unos pocos gatos y manipuladores. Entonces era yo quien no tenía escrúpulos, sólo ambiciones… Yo sí era un jacobino del peor tipo de la Revolución francesa; yo sí puse una guillotina en La Fortaleza».
«Sí que está ya borracho, Carlitos. ¡Hasta me ofendiste en par de descargas!»
«¡No a ti, comemierda! Banquero de pacotilla, estafador, embelequero. A tí, caradelata, ¿quién te ofendería y que te duela? ¡Ofendo, si ofendo, a otro beodo, graduado en Yale, como yo! ¡George Bush, hijo! tan perverso como su padre, pero más estúpido»
«¡Yo no te puedo permitir ésto, mi ambia! ¡Cara’epiña! ¡Cómo tratas a mi presidente favorito con esa desfachatez!»
«¡Yo contra Batista no dije nada! Y Bush es más presidente mío que tuyo, porque yo soy ciudadano americano de nacimiento y lo puedo juzgar, así como se juzgó a Saddam y lo mandó a colgar. Desgraciadamente, yo no puedo mandar a colgarlo».
«¡Y también estás deseándole la muerte!», se escandalizó.
«¿Y qué vas a hacer si es así, ir con él y decirle, o tomar represalias?», lo provocó Romero y ambos se levantaron como si fuesen muñecos de resorte.
«¡Con darte una pescozá por boquirroto me doy por servido!», se cuadró Molina para esquivar un posible golpe.
De hecho, el ex-gobernador lanzó un puñete sin tino que Molina y desvió y contestó. Fue al blanco de los ojos y a la parte alta de la nariz. A Romero se le encajaron los cristales (de los espejuelos rotos) en uno de sus ojos, al que se le partió la retina y se le rompió el hueso que lo aguanta en la cuenca.
La nariz rota comenzó a sangrar profusamente y en el área de drenaje del ojo se produjo daño permanente que, de inmediato, se manifestó con traumas faciales. Se llamó la policía y a una hospitalización inmediata.
Ese día, 6 de febrero de 2008 (dicho sea de paso, un Súper Martes), fue memorable en el Restaurante Pelayo’s. 
Siempre se supo que esa contienda de agresiones verbales, no siempre a baja voz, como estilan, se daría.
Al Dr. Federico Maestre, el oftalmólogo que lo atendió, la gente le pregunta si es verdad que está ciego. Y aseguran que, en su alma, observa más que nunca. Se volvió intuitivo, filosófico, pese al glaucoma y una catarata.
Su hija Melinda Romero a veces lo desconoce. «No es que está loco ni la calidad de lo que habla. Es la índole de cosas que hoy le preocupan. De todos modos, llevaremos su caso a los tribunales. Me aterra que no pueda recuperar la visión, como me han dicho los médicos».
DE LA NOVELA “LAS HIENAS” / de CARLOS LOPEZ DZUR
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