Oscar Rivera Luna*
La consigna del Día Internacional de la Biodiversidad para el año 2026 es «Acción local para un impacto mundial” propicia para reflexionar sobre nuestra pérdida de biodiversidad global, con la extinción del 81,90% de las especies de agua dulce de la tierra, advertida por la WWF desde diciembre de 2016. La pérdida del 2,1% del oxígeno disuelto en los ríos de la tierra, empezando por el sagrado Ganges y el Amazonas que está conduciendo a la existencia de zonas muertas sin peces, por anoxia. Acidificación del mar que nos rodea por disolución excesiva de carbono en aguas marinas: CO2+ H2O: H2CO3. Eutrofización de grandes lagos de aguas dulces y salobres del planeta. La invasión de algas cianógenas en los abrevaderos de elefantes, jirafas y antílopes causa mortandad y reducción de los coleópteros que abonan el suelo en las sábanas africanas. La sobreproducción de sargazos pardos por excesos de nutrientes disueltos y el calentamiento del mar; 30 millones de toneladas que emiten ácido sulfídrico e intoxican las playas. En ese marco global la eutrofización de los lagos y ciénagas de Colombia y la desecación deliberada de los humedales; empezando por los del valle del Cauca, donde existían 16.000 hectáreas pobladas de garzones, zarcetas, iguazas marías, pellares, patos caretos y brincaban los peces en aguas límpidas de los vasos comunicantes, depuradas por plantas flotantes, emergentes y sumergidas que incorporan coliformes en su estructura molecular.
La destrucción de selvas lluviosas incrementa el riesgo de liberación de virus que habitan latentes en murciélagos y otras especies y los pone en contacto con seres humanos. Caso del ébola que apareció desde 1976 en Yambuku, Congo, cuenca del río Ébola asociado a reservorios en murciélagos frugívoros, chimpancés y gorilas. El reservorio natural del hantavirus son los roedores silvestres principalmente ratones y ratas que lo portan y eliminan en su heces, orina y saliva. Casi 3000 millones de animales fueron exterminados por el fuego en los incendios de 2019 a 2020 en Australia. Calculan 2460 millones de cocodrilos y otros reptiles y 61000 tiernos koalas que se alimentan de eucaliptos inflamables por su eucaliptol. Olas de calor en ríos de USA y Canadá causaron la muerte de millares de salmones salvajes que iniciaban su mágica epopeya para regresar a los lagos glaciares donde nacieron, y cientos de delfines rosados del Amazonas fenecieron asados en 2024. El 84% de los corales blandos y pétreos se han blanqueado y empezaron a morir en la sopa del mar que hace sus primeras burbujas, en mortaja de corales cuerno de alce, gorgonias rojas, tiburones blancos y peregrinos, atunes blancos, azules, rojos, pardos y nacarados.
Se han extinguido el 40% de las especies conocidas de insectos indispensables para la transformación de la biomasa en compuesto y humus. Debido a talas, fumigaciones extremas, olas de calor y quemas que aniquilan macroorganismos y microorganismos del suelo. Para toda explicación de la ciencia sobre las causas del caos hay una respuesta falsa del mercado. El colapso inicial de las corrientes marinas empezó a confundir cetáceos y peces en sus rutas. El blanqueamiento y la muerte de corales blandos y pétreos significa el principio del fin de las especies multicolores que engalanaban los arrecifes y por lo tanto caos letal en la armonía alimentaria del mar. En el Valle del Cauca ya es difícil encontrar luciérnagas y cocuyos, chapules y peces de mil colores que habitaban en quebradas de aguas cristalinas y alegraban la vida de los niños. El contenido de materia orgánica se redujo de 4.6% a menos de 2% en suelos quemados y requemados durante 30 o más años. La homogeneidad se tradujo en pérdida de biodiversidad.
Necesitamos transformar las palabras en acciones y recuperar los humedales desecados, los corredores biológicos invadidos de la red hidrológica nacional y los territorios para la producción de alimentos. Política de Estado para recuperar soberanía alimentaria, que permita reducir la grave dependencia forzada de la importación de alimentos subsidiados. Cruel dependencia de semillas, impuesta por los TLCs apátridas. “En 2006, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, se promulgó la ley 1032, que elevó a delito penal la inobservancia de las órdenes de la UPOV”. Diario Occidente de Cali.
El artículo 306 del Código Penal establece penas de prisión y multas para quienes usurpen derechos de obtentor de variedad vegetal protegida. La resolución consideró que toda cosecha no obtenida por semilla certificada sea considerada “pirata e ilegal”, y por lo tanto, debía ser decomisada, arrojada a un basurero o quemada.
El convenio UPOV 91 y la resolución 970 del 2010 les robó a los campesinos el derecho de conservar sus semillas y autorizó decomisar y destruir las semillas a sus verdaderos propietarios. La humanidad debe actuar en contravía con la triste realidad mundial; las cumbres globales acuerdan reducir las emisiones de GEI, gases de invernadero pero los organismos financieros entorpecen la financiación de los compromisos aprobados; sobre la adaptación y la mitigación del cambio climático global y la rápida pérdida de biodiversidad. Pero se invita a invertir el 5% del PIB europeo en armas y se agudiza la guerra económica y política con aranceles, amenazas, invasiones, bombardeos e inversiones en más guerras, para preservar la seguridad nacional y la libertad.
El día mundial de la biodiversidad de 2026 debería servirnos para potenciar el compromiso de proteger la biodiversidad que aún existe en nuestra región; desde los páramos de Las Hermosas, Las Tinajas, El Duende y Chili Barragán hasta el valle geográfico, los Farallones y El Litoral. Con los arrecifes coralinos, selvas lluviosas y manglares, los ecosistemas de mayor biodiversidad animal y vegetal del planeta azul, con mayor capacidad de captura de CO2 carbono. Amenazada por la violencia eterna compañera del oro, las drogas y la ambición. Para gritarle al mundo que la salvación está en conservar la vida desde las regiones, rechazar los aullidos que desde la caverna invitan al odio y la autodestrucción armada, y aprender de los animales y las plantas que habitan y actúan en perfecta armonía y solidaridad, regulando el agua, el clima y la vida.

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