Por: Juan Hernández Machado, historiador cubano  

El   11 de julio del 2021, Cuba y el mundo fuimos    testigos del desencadenamiento de una serie de acontecimientos derivados de planes elaborados en los Estados Unidos de América, y ejecutados  a través de varias de sus instituciones con el objetivo de, mediante un supuesto “golpe blando” o “revolución de colores”, o cualquier otro nombre engañoso que han creado, tratar de destruir a la revolución cubana.

Si revisamos solo qué ha sucedido en los últimos sesenta años,  podemos ver claramente que lo ahora acontecido es la continuidad de algo que comenzó el mismo primero de enero de 1959,  y que gracias a la tenacidad y resistencia de nuestro pueblo se ha impedido que esas acciones tengan fruto y hemos  alcanzado la victoria anteriormente.

Lo lamentable en esta oportunidad, al igual que en ocasiones previas,  es que muchas personas sencillas y honestas, guiadas por el barraje de propaganda, de mentiras, de noticias falsas y otras artimañas de la modernidad, diseminadas fundamentalmente a través de las redes sociales, se han creído que nuestro país es un verdadero caos  debido a la mala actitud de quienes nos gobiernan.

También es lamentable que algunos que conviven con nosotros, que conocen todo el esfuerzo que se hace diariamente para darle vitalidad a este país en beneficio de todos sin distinción alguna, se sientan confundidos  y le achaquen a nuestros dirigentes- que se equivocan y cometen errores como todo ser humano- los problemas, males y deficiencias que se organizan, planifican, financian y ejecutan desde el vecino geográfico al norte de nuestro archipiélago.

Temas tales como “la amenaza comunista cubana”, “la férrea dictadura comunista”, “el fallido régimen de los Castro” y similares, son los enunciados que nos encontramos ahora, que pronto tendrán que cambiar cuando una vez más fallen en sus intentos.

Y decimos esto último pues después de la debacle en el antiguo campo socialista, los grupos contrarrevolucionarios radicados en Estados Unidos enarbolaron la consigna “en el 90, Castro revienta”; pasó ese año y  la vida continuó,   entonces se vieron obligados a esgrimir  “en los 90, Castro revienta”; y no les quedó más remedio, cuando entramos en el nuevo milenio, que volverla a cambiar  porque su sueño nunca se cumplió.

Como hemos titulado este trabajo “Una nota histórica para evitar confusiones”, veamos algunos destellos de nuestra historia, y de nuestras relaciones con los Estados Unidos, para comprender   realmente que ni el comunismo, ni los Castro- como ellos dicen-  han tenido nada que ver con la actitud de nuestro pueblo hacia Estados Unidos en los últimos sesenta años. Nuestro actuar ha sido  en respuesta lógica, legal  y justa ante las ambiciones y agresiones estadounidenses  que tienen dos siglos de antigüedad.

Aclaramos que  esto no es un estudio profundo sacado de diversos libros de historia- lo que pudiera parecer engorroso para cualquier persona. Simplemente mostraremos cómo nuestra enciclopedia cubana, Ecured,  que está al alcance fácil de todos,  nos ayuda a comprender cómo han sido las relaciones nuestras con el poderoso vecino del Norte a través de los años.

Prácticamente desde el surgimiento de los Estados Unidos, Cuba, debido fundamentalmente a su privilegiada posición geográfica, y a motivaciones económicas y comerciales,  resultó ser un tema altamente considerado por los gobernantes de ese país, tanto en el nivel ejecutivo como en el legislativo.

Previo al enfrentamiento entre norte y sur, los sureños querían incorporar a Cuba, como uno o dos estados separados, a fin de que tributara  con varios representantes a favor del sur  frente a los estados del norte.

Muchos dirigentes de Estados Unidos consideraban que mientras que Cuba estuviera en manos de España, considerada la más débil de las potencias coloniales de entonces, había seguridad  pues la Corona española no era rival de consideración para ellos.

Veamos, pues, algunas posiciones concretas que nos ilustran las ambiciones sobre nuestro país  desde fechas tempranas en el desarrollo de la Unión Americana.

 John Adams fue el segundo presidente de los Estados Unidos  (1797- 1801) y en una carta que hiciera el 23 de junio de 1773  planteaba que se hacía imposible no aceptar la anexión de Cuba a la república federal americana porque era indispensable para la continuación de la Unión.

Por su parte, Thomas Jefferson, tercer  presidente estadounidense (1801- 1809), refería en una nota enviada en 1805 al Ministro de Inglaterra en Washington, que con el objetivo de defender Luisiana y La Florida, en caso de una guerra entre Inglaterra y España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba. Debemos recordar que los militares durante este gobierno consideraban que era necesaria su presencia en nuestra capital para defender la desembocadura del río Mississippi  en caso de un ataque inglés.

El próximo presidente estadounidense, el cuarto, que gobernara  entre 1809 y 1917, James Madison, fue más cauteloso que el anterior en el tratamiento del tema Cuba, pero no cejó en sus intenciones anexionistas debido a que consideraba vital la posición de nuestro país para los intereses estadounidenses.

A Madison lo reemplaza otro James, pero Monroe en esta ocasión, quinto presidente, entre 1817- 1825,  quien en su séptimo mensaje anual al Congreso estadounidense, en 1823,  dio a conocer la doctrina en la que había trabajado otro ilustre personaje, John Quincy Adams, pero que se adoptó con el nombre de Doctrina Monroe y en esencia establece que “América es para los americanos”, entendiendo por estos últimos- algo  propio del chovinismo de esos vecinos del norte- al gobierno estadounidense.

Se conoce que fue el futuro de Cuba  y evitar que otros poderes europeos pudieran intentar ocupar la posición de España aquí, lo que motivó el surgimiento de dicha doctrina, que fuera usada a partir de los años 60 del siglo XX contra la antigua Unión Soviética por sus relaciones con nosotros y actualmente se esgrime contra Rusia y China, debido al incremento de sus relaciones comerciales con los países latinoamericanos.

El propio John Quincy Adams, sexto presidente estadounidense (1825- 1829)  e hijo de John Adams,  fue el autor en 1823 de la Teoría de la Fruta Madura respecto a nuestro país porque consideraba que debido a su cercanía, Cuba debía caer en manos de Estados Unidos. Recordemos que su referencia a la manzana madura que  cae junto al árbol, pasó a llamarse el Destino Manifiesto. No había otra salida para Cuba que no fuera la “protección” de los Estados Unidos de América, a llevar a cabo de diferentes formas según los gobernantes de turno en ese país.

¿Hubo, hasta ese momento, algún acontecimiento comunista que vinculara a Cuba con esa teoría y motivara esas decisiones de los dirigentes estadounidenses?

Es bueno conocer que fue aproximadamente entre veinte y cuarenta años después de esos  debates y pronunciamientos en los Estados Unidos sobre Cuba, en 1845, fue cuando Carlos Marx  rompe con los filósofos e ideólogos alemanes e inicia el período de pensamiento científico social, base de su pensamiento socialista que quedara refrendado en muchas publicaciones posteriormente.

 Por su parte, fue en 1848 cuando  Marx fundó la Liga de los Comunistas en Bruselas y cuando junto a Federico Engels escribió y dio  a conocer “El Manifiesto Comunista”, documento clave para el proletariado internacional donde se desenmascara  al capitalismo opresor y se convoca a su enfrentamiento mediante un frente unido.

Los años continuaron transcurriendo, al igual que las pretensiones estadounidenses hacia nuestro país, sin que fuera motivado por el desarrollo de las ideas y acciones socialistas (comunistas) en Europa.

Fue el demócrata James Knox Polk, decimoprimer presidente estadounidense, entre 1845- 1849,  quien propuso a España comprarle a Cuba por la suma de cien millones de dólares.  Polk fue considerado el presidente estadounidense más expansionista del siglo XIX pues durante su mandato se firmó el Tratado de Partición de Oregón, y se anexaron lo que hoy es Texas, California, Arizona, Nuevo México y parte de Nevada, territorios todos arrancados a México.

El demócrata Franklin Pierce fue el decimocuarto presidente estadounidense, entre 1853- 1857. Apoyó decididamente los esfuerzos de los estados sureños por anexarse a Cuba y a Nicaragua y su principal logro respecto a Cuba fue la firma del Tratado de Ostende, en octubre de 1854, por los ministros plenipotenciarios estadounidenses en España, Francia y Gran Bretaña.

Este   último fue James Buchanan, quien llegara a ser el decimoquinto presidente en Estados, entre 1857- 1861. El llamado Manifiesto de Ostende, le daba el derecho a los Estados Unidos a anexionarse la isla de Cuba por la fuerza si los esfuerzos diplomáticos porque España se las vendiera fracasaban.

Todas estas posiciones previas adquieren un carácter más serio y práctico  con los sucesos del acorazado Maine, conocidos por todos, los cuales le permitieron al gobierno estadounidense entrar en guerra con España- cuando ya esta estaba prácticamente derrotada por nuestro Ejército Libertador. Las fuerzas de Estados Unidos derrotan en el terreno a los efectivos españoles y ocupan el territorio nacional cubano, privando a nuestro ilustre Calixto García Iñiguez, héroe de las tres guerras por nuestra independencia en el siglo XIX,  de entrar en Santiago de Cuba y tratando a los miembros del Ejército Libertador como si fueran entes de tercera categoría.

Como “buen amigo” del pueblo cubano, el gobierno interventor estadounidense garantiza las condiciones para que el primer presidente de la república en Cuba fuera un fiel defensor de sus intereses.

Tomás Estrada Palma, que había olvidado sus días iniciales en el Ejército Libertador cubano y las convicciones de José Martí respecto a los Estados Unidos, las cuales  conociera junto a él  durante su estancia en ese país vecino representando los intereses del pueblo cubano, permitió y facilitó  que se impusiera un anexo a nuestra primera constitución como país libre, en 1901, la conocida como Enmienda Platt, que autorizaba al gobierno estadounidense a intervenir en nuestros asuntos cada vez que considerara que sus intereses aquí eran amenazados.

De dicha Enmienda se derivó el Tratado de Estaciones Carboneras y Navales, aprobado en 1903, mediante el cual el gobierno de los Estados Unidos estableció una base naval en  Guantánamo, la que mantienen hoy en contra de la voluntad del pueblo cubano y desde donde han salido vejámenes y violaciones diversas contra Cuba, incluyendo el asesinato de varios trabajadores cubanos en dicha base y custodios de la sagrada frontera de la patria cubana.

Por si fuera poco, cuando en 1906 Tomás Estrada Palma vio su reelección como presidente en peligro, solicitó una nueva intervención militar estadounidense, la cual se produjo el 29 de septiembre de ese año y puso al entonces secretario de guerra estadounidense, William H. Taft, como Gobernador Provisional de Cuba.

Y mientras todo esto sucedía, ¿qué pasaba con los comunistas?

El revolucionario ruso  Vladimir Ilich Ulianov  (Lenin), luego de haber aprendido las lecciones de la revolución de 1905, preparó las debidas condiciones y se convirtió en el principal dirigente de la primera revolución socialista en el mundo, la de Rusia  en noviembre de 1917.

Por su parte, Ángel Castro- padre de Fidel, Raúl, Ramón, entre otros hijos- que había venido a Cuba a fines del siglo XIX como soldado y retornado a España en 1898, regresó a nuestro país por los encantos que le encontró y se estableció en la zona de Birán en 1910, lugar donde contrajo matrimonio con Lina Ruz y de  los dos nació su hijo Fidel Alejandro, el 13 de agosto de 1926.

Además, el primer Partido Comunista de Cuba fue fundado el 16 de agosto de 1925, mucho después de todos los desmanes cometidos por los Estados Unidos contra nuestro pueblo.

 Como nos demuestra la historia a través de esta síntesis de acontecimientos, los Estados Unidos de América le habían hecho mucho daño a Cuba, aún antes del socialismo como teoría liberadora, de la fundación de instituciones con esa ideología para combatir al capitalismo y del nacimiento de quien es el líder histórico de la revolución cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

La historia reciente, que también se puede documentar bien, es conocida hasta por los niños: un férreo y criminal bloqueo económico, comercial, financiero, y de todo tipo que nos ahoga hace más de 60 años; más de 300 atentados contra la vida del Comandante en Jefe y otros altos dirigentes del país; sabotajes de diferentes tipos que han costado la vida a miles de buenos cubanos; una agresión mercenaria con todo el apoyo de la moderna técnica estadounidense cuando nosotros aún no teníamos el equipamiento que hoy poseemos- y que fuera derrotada en menos de 72 horas; secuestro de diplomáticos y atentados a nuestras sedes en diferentes países; la voladura de un avión en vuelo con 73 personas a bordo; la introducción de epidemias humanas, para animales y plantas, con sensibles pérdidas; la Ley de Ajuste Cubano, la política de pies secos y pies mojados, y muchas otras medidas para alentar la emigración ilegal…, y ahora, el intento de “golpe blando” utilizando nuevos conceptos,  técnicas y posibilidades.

Bajo el mandato de 13 presidentes (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, George W. H. Bush, Clinton, George Bush, Obama, Trump y Biden)      se han cometido todas esas viles acciones contra la patria cubana. Entonces, ¿quién es el verdadero responsable de nuestros padecimientos?,  ¿a quién hay que condenar?

¿Demócrata o republicano?  Da lo mismo, ellos aprobaron todas las medidas  agresivas contra nuestro país durante más de sesenta años.  Cuba es su obsesión.

Durante el mandato de Barack Obama, se restablecieron las relaciones entre los dos países, se abrieron las embajadas, logramos la liberación  de los tres compañeros de los cinco héroes que quedaban prisioneros en los Estados Unidos,[1] se suavizó el sistema de visas para entrar a ese país y se dejó claro que el bloqueo y los métodos coercitivos usados hasta el momento habían fracasado. No obstante, también se manifestó que era necesario aplicar nuevos métodos para cumplir el mismo objetivo: llevar a Cuba a la democracia representativa y cambiar todo lo que se había hecho durante más de 60 años en nuestro país.

¡Ah!, una observación. Un plan similar había sido elaborado por Henry Kissinger y su equipo, cuando era asesor de seguridad nacional del presidente Nixon,  pero este no quiso ni mirarlo “si no contemplaba la eliminación de Fidel”, condición que él considerara necesaria desde los primeros meses de 1959 cuando siendo vicepresidente se reunió con el Comandante en Jefe durante la visita de este a los Estados Unidos. Esa fue la conclusión que él le trasladó al presidente Eisenhower como resultado de la reunión, “hay que salir de Fidel Castro”.

¿Y qué decir de este risueño caballero, el señor Trump? Impuso más de 200 nuevas medidas para recrudecer el bloqueo contra nuestro país a la máxima expresión y nos volvió a incluir en la lista de países promotores del terrorismo. Muchas de esas medidas son responsables de que hoy no tengamos medicinas y otros aseguramientos para salvar a los enfermos graves por la COVID- 19, para no adentrarnos en otros temas económicos que alargarían este trabajo.

Un último detalle, especialmente para las personas honestas que se han dejado llevar por la corriente anti cubana. El negocio más próspero en los últimos sesenta años en Estados Unidos es el de la contrarrevolución cubana; sus primeros dirigentes llegaron, actuaron y se fueron, nuevos dirigentes han venido, los cuentos siguen siendo los mismos y además de los fondos del gobierno de los Estados Unidos a través de sus diferentes agencias, continúan las colectas donde el dinero de esas nobles personas (especialmente los que radican allá) contribuye a que esos personajes  vivan como lo han hecho hasta ahora.

Más claro, ni el agua, la historia, por mucho que pretendan cambiarla y tergiversarla, queda como firme baluarte  de lo justo y honorable. Estas son nuestras verdades. Ojalá los que perdieron el rumbo puedan encontrarlo de nuevo. Eso nos conviene a todos, al igual que nos conviene tener unas relaciones civilizadas con el gobierno de los Estados Unidos, pero sobre bases de respeto a nuestra independencia, soberanía y libre determinación.


[1] Debido a la ola de atentados terroristas organizados por el agente de la CIA, Luís Posada Carriles, en la década del 90 en nuestro país, que causaron grandes destrozos económicos y la muerte del italiano Fabio Di Celmo, Cuba se vio obligada a enviar a los Estados Unidos a varios compañeros para conocer las actividades de los movimientos contrarrevolucionarios cubanos asentados en ese país, fundamentalmente en la ciudad de Miami. Los mismos fueron hecho prisioneros en 1998, juzgados y condenados a prisión. De inmediato fueron conocidos como los “Cinco Héroes prisioneros del imperio”- Fernando González Llort, René González Shwerert, Gerardo Hernández Nordelo, Antonio Guerrero Rodríguez, Ramón Labañino Salazar. Los dos primeros fueron liberados antes del 2014 por haber cumplido sus sentencias.