Por  Semanario Voz /  -20 septiembre, 2022

Los planes van dirigidos contra dos gobiernos de izquierda: el de Bolivia, en el poder, y uno en ciernes en Brasil, si se confirman los vaticinios de las encuestadoras

Ricardo Arenales

Informaciones recientes provenientes de Brasil y Bolivia, coinciden en señalar que en ambas naciones pululan rumores sobre posibles golpes militares que buscan objetivos parecidos: cerrarles el camino a gobiernos democráticos de marcada inclinación de izquierda. En el caso de Bolivia, contra un gobierno en el poder, consolidado. En el de Brasil, contra un gobierno de izquierda en ciernes, si se cumplen las predicciones de que el candidato del Partido de los Trabajadores, Luiz Inacio Lula da Silva, tiene asegurado su triunfo electoral en los comicios del 2 de octubre próximo.

En relación a la situación en Bolivia, los rumores provienen de sectores de ultraderecha, vinculados al latifundismo y a intereses norteamericanos, que aspiran a desalojar del gobierno al presidente Luis Arce. Son los mismos sectores de ultraderecha que propiciaron el golpe contra el presidente Evo Morales, del mismo partido político hoy en el poder.

Las fuerzas progresistas agrupadas en la coalición de gobierno, convocaron en la última semana de agosto pasado una movilización nacional en rechazo a los planes golpistas un Bolivia. Los principales líderes de la nación indicaron que esta vez no se repetirá una aventura golpista exitosa y todos ellos están dispuestos a jugársela para defender el gobierno del pueblo.

Por encima de mi cadáver 

El presidente de Bolivia, Luis Arce, advirtió que “jamás vamos a permitir, sobre nuestro cadáver, un golpe de Estado”, al encabezar junto con el vicepresidente David Choquehuanca y Evo Morales, ex mandatario que fuera depuesto por un golpe en 2019, una multitudinaria marcha unitaria por la reconstrucción económica y contra los intentos de desestabilización en el país.

En su alocución, el presidente subrayó la necesidad de la defensa de los recursos naturales y habló de desigualdad. “Todos los humillados no quieren volver a ese país de discriminación”, dijo. Por su parte, Evo señaló que “La unidad es el triunfo del pueblo y la derrota del imperio. Nuestra tarea y responsabilidad es garantizar la unidad de nuestras organizaciones sociales ante afanes divisionistas de la derecha interna y externa, que bajo direccionamiento externo intenta provocar y desestabilizar.”

La movilización popular fue convocada por el llamado “Pacto de Unidad”, que reúne a los sindicatos y organizaciones de campesinos e indígenas afines al gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS), a la que se unieron varios legisladores oficialistas como el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez. Estos sectores consideran que el gobernador de la región oriental de Santa Cruz, el opositor Luis Fernando Camacho, quiere desestabilizar el país y propiciar un golpe de Estado en contra de Arce como ocurrió en 2019 contra Evo Morales tras la crisis poselectoral.

Los golpistas no pasarán

Esta es la segunda movilización que realiza el gobierno en las recientes semanas bajo la convocatoria de al menos 100 organizaciones. “El pueblo no se dejará sorprender nuevamente, sabe las consecuencias de estar bajo un gobierno de derecha y golpista, hemos sufrido encarcelamientos, muerte”, aseguró Arce en la plaza de San Francisco, en La Paz, ante miles de trabajadores, mineros, campesinos, indígenas y organizaciones simpatizantes del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS).

Por su parten el vicepresidente de Bolivia, David Choquehuanca, afirmó que “los golpistas no pasarán” en su intento por desestabilizar al país. Además, hizo una convocatoria a la movilización general del pueblo.

“Convocamos a los empresarios patriotas, a los militares patriotas, a los policías patriotas, a todos, a las universidades que tienen compromiso con la patria para defender la democracia, la estabilidad y defender los recursos naturales”, instó para luego agregar que “solo unidos vamos a enfrentar al capitalismo y al imperialismo”.

Protocolos de alerta

En el caso de Brasil, faltando un poco más de dos semanas para unas elecciones consideradas como decisivas, en las que 156 millones de electores escogerán nuevo presidente de la república y renovarán los cargos de los órganos legislativos a nivel regional y nacional, crecen las versiones de que el actual mandatario, Jair Bolsonaro, quien aspira a la reelección, desconocería los resultados de las urnas si le son adversos y estimularía un golpe de facto para perpetuarse en el gobierno.

Bolsonaro, asumiendo el modelo Trump, sigue hablando de un inminente fraude electrónico, y amenaza con desconocer los resultados de las urnas. Los rumores de golpe son cada vez más fuertes, a tal extremo que gobiernos extranjeros y entidades internacionales entraron en estado de alerta y las embajadas de varios países estudiaban activar protocolos de seguridad en Brasil.