Por  Semanario Voz / -14 septiembre, 2022

Martha Bolívar
@MarthaBolivarUP

Son las dos de la mañana. Estamos en unas de las carpas que albergó durante tres días de evento y muchos de trabajo a una delegación regional completa. Todos estamos en la mesa atendiendo el hambre y burlando el frio, con vino, pan, queso y jamón hecho con sus propias manos, hablando de lo que somos y lo orgullosos que estamos de serlo, identificando los retos a los que nos enfrenta un sistema que pauperiza nuestras condiciones de vida, de como ellos y nosotros nos atrincheramos en la militancia, los territorios y nuestras organizaciones para seguir siendo y seguir luchando.

Celebrando el espacio y contentos de reencontrarnos después de las restricciones de la pandemia, cualquiera creería que estoy en algún campamento en el marco de una movilización social o en la resistencia de la Minga en el Cauca. Pero no. Nos hallamos en algún lugar de Francia participando de la Fête de l’Humanité.

La Fête se convoca de manera anual desde 1930 por el diario comunista l’Humanité. En esta oportunidad se realizó en un suburbio al sur de París. Al espacio llegan muchos de los que luchan no solo en el país galo, sino en todo el mundo.

La agenda cultural, de solidaridad, de debates, de intercambio, con las causas y las ideas se concentran en temas que no son tan comunes como la lucha contra la pauperización del trabajo, la defensa de los bienes comunes, de lo público, la resistencia contra el desmonte y privatización de los servicios públicos municipales, el fortalecimiento de la economía solidaria, la denuncia sobre la crisis de los hospitales y la salud pública, el cierre de servicios, la crisis energética, las luchas de género, etc.

La solidaridad con los pueblos y la paz sigue siendo una prioridad en la agenda de l’Humanité, considerando el carácter imperialista de la guerra en Ucrania y la crisis humanitaria, las nefastas consecuencias sobre la economía mundial y la vida de las personas. La invitación que se hace desde la Fête para superar la confrontación es buscar la negociación política y al desescalamiento.

Colombia ha sido un motivo de alegría, celebración y esperanza gracias a las conquistas del Pacto Histórico. En la cara, no solo de los franceses sino también de los internacionalistas, se dibuja una espontánea sonrisa de quienes también se sienten parte del triunfo, de quienes lo han hecho propio después de años de solidaridad y empatía, pues conocen bien del costo en vidas que se ha dejado en la arena, los retos y las dificultades para consolidar la paz grande, la defensa de los territorios, la garantía de derechos y el buen vivir. Con mucha emoción se apropian de la consigna por “Vivir sabroso”.

Las visitas que se hacen a la caseta que con mucho esfuerzo la diáspora colombiana mantiene en la Fête dan cuenta del hermanamiento entre los pueblos. También resaltamos la eterna presencia en este especio del camarada Pedro Osorio, recientemente fallecido.

Gracias a los compañeros, militantes y al periódico por acogernos, transmitir esa íntima alegría y dignidad que da el reconocernos en la lucha. También por aportar la experiencia de trabajo y de resistencia de las diferentes generaciones, afirmándose en la legendaria y heroica resistencia antifascista, los legados del Mayo francés de 1968 y muy especialmente acompañando los retos del presente y de las nuevas generaciones por un futuro nuevo.