Por: Sergio Ocampo Madrid

Te vas, hombre Iván, y te vas sin respondernos por qué necesitábamos una Colombia con P mayúscula; te retiras y nos dejas la duda sobre la conjugación correcta del verbo querer; por qué lo conjugaste tan bien cuando dijiste en España que Álvaro y Andrés querían mucho a su majestad y que le mandaban saludos, y lo hiciste tan mal en la despedida a Holmes Trujillo. Te marchas sin resolvernos la duda de por qué los 7 enanos son un referente para la cultura mundial.

Te vas y nos quedaremos sin saber qué le dijiste al comandante de la Policía el 9 de septiembre del 2020 cuando el país se horrorizó al enterarse de la muerte de Javier Ordóñez a manos de la policía (con p minúscula) dentro de un CAI, a punta de golpes y choques eléctricos. ¿Le dijiste algo?

Se agota tu tiempo y nunca supimos quién dio la orden a esa misma policía, al día siguiente, de abrir fuego contra multitudes que protestaban en Suba, en el sur, en Soacha, por el crimen contra Ordóñez, y las balas indiscriminadas acabaron con la vida de Germán Smith Puentes, 25 años, domiciliario; de Angie Paola Vaquero, de 19; de Freddy Mahecha, de 20, vigilante de un centro comercial; del rappitendero Christian Hernández, de 26; de Andrés Felipe Rodríguez, de 23; de Julián González, 27 años, trabajador en una empresa de gas; de Julieth Ramírez, de 18, estudiante de psicología quien salió a hacer un trabajo para la universidad y volvía a su casa; de Haider Alexander Fonseca, 17, que trabajaba en un asadero; de Marcela Zúñiga, 36; de Cristian Hurtado; del venezolano Gabriel Estrada, 28 años, de Lorwan Estiwen Mendoza, 30 años. ¿Qué dijiste, qué dices ahora, acerca del informe de un grupo independiente pero avalado por Naciones Unidas de que al menos once de estos muertos son responsabilidad de la policía?

¿Por qué no te pareció un gesto grande y noble ir al acto de desagravio a las víctimas del 9, 10 y 11 de septiembre, o sea todos los nombres anteriores, cuando dejaste esa silla vacía en plaza de Bolívar? ¿Por qué sí te pareció digno de un mandatario disfrazarte de patrullero dos días después y visitar varios CAI, en gesto de respaldo a la policía que había abierto fuego contra gente inerme?

Qué le puedes decir a la familia de Lucas Villa, el líder estudiantil de Pereira que murió por balas de encapuchados poco después de que el alcalde de esa ciudad, Carlos Maya, invitó abiertamente a armar frentes comunes de seguridad privada para contener las protestas. ¿Llamaste a Maya, le dijiste qué hizo bien o hizo mal?

¿Te acuerdas de Dilan? Sí el pelaíto, el menor de edad que no alcanzó a graduarse de bachillerato; sí, el que murió mientras protestaba en la 19 porque a un año de culminar el colegio no tenía cómo entrar a la universidad. Un proyectil no convencional del Esmad le reventó la cabeza, y la directora de Medicina Legal, Claudia García, lo consideró un homicidio. ¿La llamaste o llamaste al Esmad? ¿Quién merecía esa llamada de jalón de orejas?

Antes de irte, ¿te suena el nombre de Breiner David Cucuñame? Sí, un indígena, uno caucano y de 14 años, un niño aún, líder ambiental asesinado en enero de este 2022. ¿Logras recordar algún nombre, al menos uno de los 400 líderes sociales que estaban con vida cuando llegaste al poder hace cuatro años, y que ahora son solo cenizas, sombras, recuerdos y huesos?

Te vas y dejas tantas, tantas, dudas. Tu cercanía, por ejemplo, con el Ñeñe Hernández, el misterio de los votos comprados para tu campaña en Guajira y Cesar, y tu participación en la “Ñeñepolítica”, palabra por cierto registrada por la Fundéu BBVA como uno de los vocablos curiosos del 2020. Y ya que hablamos de neologismos aportados a la lengua por esos cuatro años que te regaló la vida, y Uribe, qué tanto sabías sobre el “abudineo” de 70 mil millones, y de los contratos irregulares por otro billón que tu ministra de las TIC suscribió con un grupo de empresarios amigos y conocidos, que entre otras habían hecho distritos de riego, canchas deportivas, pero de internet no sabían nada.

Y del desvío de 500 mil millones del Fondo de Recursos para la Paz, qué sabías, qué hiciste, querido, cuando el escándalo salpicó a Planeación y a tu amigo el contralor general. Robar, desfalcar, es moralmente malo, pero robarles a los pobres, a las víctimas, es atroz, crimen de lesa humanidad. De “lesa uribidad”, como dijo hace unos años tu copartidario Andrés Felipe Arias. Ve, ¿y qué hay de él, lo has visto? ¿Sigue dictando conferencias, logró el permiso para salir a trabajar o estudiar?

Pero tengo más, muchas más preguntas, porque se te acaba el gobierno y quisiera saber qué le dijiste a tu general Zapateiro aquella vez que lamentó públicamente la muerte de Popeye y envió condolencias a su familia. ¿Lo llamaste al orden o lamentaste también la desaparición del sicario, asesino directo de unas 500 personas, e indirecto de otras tres mil, según confesiones de él mismo?

Y siguiendo el tema de las posibles llamadas, al orden, al desorden, para agradecer, ¿te gustó la jugadita de Ernesto Macías de no dejar hablar a la oposición en tu primer año?; ¿llamaste a los López, a Alejandro Santos, por esa portada en Semana con ilustración incluida, cara de estadista, y ese titular indulgente de “Año de aprendizaje”? ¿En realidad, aprendiste algo, Iván, en el segundo, en el tercero, en el cuarto?

Se me quedan mil interrogantes entre el tintero, pero se acabó tu tiempo y esta columna también: ¿Qué diablos era lo que buscabas con tu “economía naranja”? ¿Qué te dijo tu jefe cuando no pudiste cargarte a la JEP, cuando no lograste frenar su eventual carcelazo? ¿Por qué no fuiste a la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad? ¿Qué sientes al ver que te vas, y que Maduro sigue?

¿Qué siente un hombre que por ganar el mundo perdió su alma?