Citgo ha estado en el tapete de los reportes recientes en torno a un posible cambio y reorganización de la empresa filial de PDVSA con sede en Estados Unidos. Ésta sigue en control de una junta designada afín al equipo de Juan Guaidó desde 2019, cuando el gobierno de Donald Trump reconoció de manera ilegal al dirigente opositor como «presidente interino» de Venezuela.

En esta oportunidad se habla de la posibilidad de que en el marco de la «flexibilización» de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Venezuela pudiera plantearse la exportación de crudo venezolano hacia las refinerías de Citgo, de acuerdo a un directivo ad hoc citado por Voz de América.

Esta es una empresa con tres refinerías en Estados Unidos, junto con un importante número de terminales y estaciones de servicio en el país norteamericano. Desde el año 2019, bajo el paraguas legal del gobierno estadounidense, ha estado en una disputa política que se ha generado entre los integrantes del llamado «gobierno paralelo», la susodicha «Asamblea Nacional de 2015» y otros operadores al margen, quienes han propuesto un conjunto de vías y mecanismos para poder desmembrar a la empresa y entregarla por partes a acreedores de deuda o personeros externos como la canadiense Crystallex.

Ahora se produce una aparente distensión en dicha disputa, pero actualmente bajo la legitimación dada por la administración de Joe Biden y con las “sanciones” unilaterales del Departamento del Tesoro como filtro de acciones a seguir por parte de la directiva ad hoc de Citgo. La estatal PDVSA, en este caso, no tiene margen de decisión en la política de su filial despojada.

Más bien, el marco de acciones a tomar está diseñado en función de aspectos discrecionales no controlados por Venezuela, sino impuesto por Estados Unidos o por otros agentes en el extranjero.

NUEVOS ESPACIOS DE NEGOCIACIÓN

Es evidente que toda posibilidad de poder aliviar y desarrollar acciones económicas de maneras evasivas al bloqueo impuesto por Washington contra la República Bolivariana es un factor de oportunidad. La exportación de crudo a Norteamérica está sujeta a cuestiones completamente discrecionales del Departamento del Tesoro, ya que es la entidad que puede autorizar ese tipo de operaciones.

Nuestro analista Franco Vielma, en una entrevista con el periodista Clodovaldo Hernández, dice que «debemos preguntarnos si son necesarias o prioritarias ese tipo de operaciones para Venezuela en este momento, entendiendo que buena parte de la dieta de las refinerías de Citgo en Estados Unidos se componen de crudo liviano, y éste es de producción muy baja en Venezuela».

Básicamente, este tipo de crudo, explica Vielma, «va directamente a las refinerías venezolanas que están activas produciendo combustibles en el país, así que también, más allá de la congruencia legal que pueda tener tipo de relacionamiento, también está el nivel de congruencia desde el punto de vista operacional».

Sin embargo, desde el punto de vista político, «sería un costo tolerable -sigue Vielma- para abonar al terreno de la normalización de las relaciones y para la eliminación parcial del bloqueo», pues «que Venezuela le surtiera de nuevo el petróleo a las refinerías de Citgo tendría mayor congruencia si esto abre condiciones para negociaciones».

Para nuestro analista, aquellas «solo tendrían sentido para generar distensiones y generar espacios de negociación que actualmente están congelados e inhabilitados, aunque recordemos que toda esta situación se genera por la misma circunstancia de premura energética en la que se encuentran Estados Unidos y Europa, que están propiciando un reacomodo del mercado energético a nivel internacional y esto impone para ellos también condiciones de seccionales».

Asimismo, los estadounidenses intentarían, con este nuevo espacio de negociación, «tomar absoluta ventaja para desarrollar el espacio de ventaja comercial que podría imponerse en lesión a los intereses nacionales en gestión».

Se debe recordar que también hay otros escenarios y otros contextos que permiten una recuperación de la industria o una solución al devenir o al futuro de la industria energética venezolana. Por ejemplo, en el año 2020 Venezuela tuvo que deshacerse de su mayoría accionaria en Nynas, con sede en Suecia, para cumplir la norma del 50% o menos del 50% que inhabilita la aplicación de las medidas coercitivas estadounidenses, lo que permitió pudiese zanjarse desde un punto de vista discrecional la situación de nuestros activos en Europa.

Por otro lado, Venezuela ha fortalecido los lazos estratégicos con Irán, con experiencia en contexto de estrangulamiento sancionatorio y que ha brindado toda la ayuda posible en términos de transferencia tecnológica e intercambio comercial al parque industrial energético venezolano.

Además, se ha llegado a reubicar el petróleo venezolano en otros mercados fuera del occidental, teniendo como principales importadores a China y la India.

LOS PROS Y LOS CONTRAS DEL CONTEXTO

En términos estratégicos, Venezuela está recuperando su producción petrolera que estaba muy decaída y en un mundo con altos precios del petróleo por la guerra total desencadenada por la OTAN contra Rusia, usando a Ucrania de delegado.

Es posible una mayor participación de PDVSA en el mercado energético, no solo «con antiguos clientes como es el caso de Estados Unidos -analiza Vielma-, que están tratando de volver incluso haciendo concesiones políticas», sino también con «los nuevos aliados que forman parte de este nuevo cuadro geopolítico internacional, como Rusia y China».

«Quisiera partir de la afirmación esencial de que, en una circunstancia de bloqueo como la que tiene nuestro país, cualquier espacio de oportunidad desde el punto de vista comercial, desde el punto de vista energético, que es nuestro gran fuerte, desde el punto de vista petrolero, es evidentemente favorable para nuestro país. Todas las posibilidades y todos los escenarios que se abran en ese ámbito son favorables para nuestro país en términos puntuales, y en los términos concretos del presente económico del país para nosotros, es una buena noticia que el gobierno francés tenga el uso de la razón, a expensas de la crisis energética en Europa, abogar por el regreso de Irán y de Venezuela al mercado petróleo internacional».

Sin embargo, afirma nuestro analista, «hay una situación potencialmente peligrosa y dañina para nuestro país que se está barajando en este momento. Para el mediano y largo plazo existe un atrincheramiento de las cadenas de suministro de energéticas, que se está produciendo en este reacomodo internacional».

Se refiere a que China y la India están consumiendo cada vez más petróleo y gas rusos: «Estamos hablando, pues, de nuestros principales clientes desde que Venezuela es retirada del mercado del petróleo estadounidense en 2017. Si China y la India se atrincheran en Eurasia, eso evidentemente va en detrimento de Venezuela, dado que nos deja demasiado expuestos en la órbita occidental».

Y sigue: «Esto quiere decir que una eventual recuperación de las capacidades de exportaciones venezolanas seriamente vinculadas a Occidente, y el marco de negociación y de posibilidades comerciales que nosotros tenemos en Occidente, está asignado por su discrecionalidad, por su arbitrariedad, por su capacidad de pillaje, por su capacidad de tomar ventaja y por el objetivo abiertamente declarado de Estados Unidos de avasallar a la nación, y aprovechar sus recursos en sus escenarios son evidentemente perjudiciales».

El país podría caer en esos escenarios si no se logra sostener las facultades comerciales y las posibilidades de poder desarrollar la industria energética venezolana, ya que Estados Unidos está generando las condiciones para que solo las empresas estadounidenses y europeas convenientemente puedan desarrollar acciones energéticas y actividades comerciales en Venezuela.

Esto da una señal muy clara de que Occidente no quiere que la República Bolivariana tenga un relacionamiento fluido con Rusia, China y la India. Y ello coloca a Venezuela en una situación hasta ahora inédita en el mercado internacional, que depende sustancialmente de las negociaciones respecto a la industria petrolera y desde el signo político.