Jessica Isla

Hace 101 días, me encontraba gritando de alegría en el estadio nacional hondureño y no era por un partido de futbol, al que no soy muy afecta, si no, porque era el día de la toma de posesión de la primera mujer presidenta en la historia del país. Tampoco era cualquier mujer, si no, Xiomara Castro Sarmiento, una mujer que recorrió las calles con la resistencia hondureña cuando su pareja, José Manuel Zelaya, fue expulsado del poder por un golpe de estado, en el año 2009.

Me quedé afónica de tanto gritar, más cuando ella pronunció las palabras que sin saberlo, estuve esperando toda una vida: “¡Mujeres Hondureñas, no les voy a fallar! ¡Voy a defender sus derechos, todos sus derechos! ¡Cuenten conmigo!”. Eso era para mí, un reconocimiento tácito al voto que la llevó al poder de acuerdo al censo y resultados electorales: el de las personas jóvenes y el de las mujeres, quienes lograron uno de los más abrumadores de los que se tuviera memoria en la vida democrática nacional. Era también un reconocimiento a la resistencia de las mujeres hondureñas, a las feministas, a las ancestras que se dejaron la piel en esta lucha de casi doce años, las mismas que nos miraban, pintadas, desde los murales del estadio: Bertha Cáceres, Amanda Castro, Gladys Lanza.

Hoy también estoy afónica, pero no por las mismas causas. En estos primeros cien días, el gobierno de la presidenta logró algunos resultados importantes tales como: la aplicación de una rebaja de diez lempiras (aproximadamente 40 centavos de dólar) a todos los combustibles (Decreto 1-2022), el no pago de energía eléctrica en hogares que consumen menos de 150kw, la derogación de leyes lesivas a los derechos humanos como la Ley de Secretos y la Ley de Empleo por hora.

A nivel declarativo se emitió un comunicado de la Secretaría de Energía, Recursos Naturales, Ambiente y Minas para hacer saber que Honduras es un país libre de minería y por otra parte que se adoptarán políticas urgentes para la adaptación y el cambio climático. Sin embargo, en estas últimas no hay decretos ejecutivos que las sustenten y de acuerdo a los testimonios de habitantes de ciertas regiones, como las campesinas del Bajo Aguán en el norte del país, dichas empresas mineras siguen funcionando, si bien con un bajo perfil.

En relación a los derechos de las mujeres, cabe destacar que el Instituto Nacional de la Mujer (INAM) fue transformado en Secretaría de Asuntos de la Mujer, lo cual lo eleva de rango, pero pierde capacidad de instituto autónomo. Pese a ello, este cambio no implica un aumento presupuestario del mismo, pues seguirá trabajando con los mismos recursos asignados cuando era instituto. En esta misma línea y en el contexto del 8 de marzo, día internacional de la mujer, se anunció la creación de una mesa de trabajo, para la propuesta de Ley Integral de violencia hacia las mujeres. En suma, la presidenta Castro ha cumplido 5 acciones de las 21 prometidas, dejando a medias 7 de ellas e incumpliendo también 7 de ellas[1]. Y la mayor deuda de estas acciones es tal vez, la contraída con las mujeres.

Como es de conocimiento público, Honduras es el único país de América, que tiene una prohibición total de las píldoras de anticoncepción de emergencia (PAE) y fue una de las promesas de campaña de la actual presidenta, despenalizarlas, sin embargo, esta promesa no tiene visos de cumplimiento debido a la férrea oposición del ministro de Salud nombrado desde el ejecutivo, José Manuel Matheu, sin que hasta la fecha haya una posición presidencial a favor de la despenalización de este método.

En lo que va del año, casi 60 mujeres han sido asesinadas[2], sin que se muestre señales de aprobar la iniciativa de ley sobre la creación y asignación presupuestaria de las Casas Refugio, medida indispensable para salvaguardar la vida de las mujeres. Mientras tanto, la promesa de paridad a nivel gubernamental sigue siendo una utopía, ya que solo seis mujeres están al frente de las Secretarías de Estado ,siendo una de ellas la de la Mujer. En el poder legislativo, apenas 34 de 128 curules pertenecen a mujeres (26.5%). Otro punto a destacar es la creciente señalización sobre la falta de experiencia en materia de administración pública de las personas nombradas al frente de organismos públicos, en su mayoría hombres, en algunos casos señalados por reiterativas conductas violentas hacia las mujeres y racismo, como el recién nombrado embajador ante la OEA, Roberto Quezada[3].

Este mes se realizó un análisis televisivo en uno de los principales medios de comunicación del país, sobre los cien días del actual gobierno[4], sin que estuviese presente una sola mujer. Pareciera que el análisis del poder, incluso cuando lo ejerce una mujer, sigue siendo una cuestión que les atañe a los hombres, un “pacto entre caballeros” en palabras de Celia Amorós. Y por ello, relaciono el silencio obligado de mi garganta, con las denuncias que he realizado sobre el tema. Con una Xiomara que se va distanciando poco a poco de la agenda feminista de la cual se valió para la victoria electoral (con el lema: nada sobre nosotras, sin nosotras, por ejemplo), con una mujer rodeada de asesores hombres que parecen hablar por ella, con pocas apariciones públicas con discursos contundentes a favor de las mujeres. Un gobierno donde los ministros dicen en público y en los medios, haber hablado con el ex presidente para que les proporcione indicaciones sobre asuntos de Estado. No con ella, con él.

Sin duda es difícil para una mujer sustentar el poder en un entorno caudillista y patriarcal. un país donde las redes de corrupción y narcotráfico todavía tienen raíces y tallos fuertes. Un país que acaba de extraditar a EEUU a su ex presidente para ser juzgado por narcotráfico[5]. A él y a se espera, a sus principales colaboradores.

Precisamente ese es el reto. Yo sigo apostando por no perder la esperanza, repitiéndome que solo el hecho que haya llegado una mujer al principal puesto de dirección en la república ya es una ganancia. Sin embargo, no dejo de preguntarme si nuestro destino a futuro no será el de Nicaragua, cuyo poder es ostentado por la pareja presidencial Ortega-Murillo, donde las luchadoras y feministas son las principales perseguidas. Ni sé que pensar cuando veo que Honduras votó en contra de la investigación a este último país[6]  por violaciones a los derechos humanos.

Todavía espero que haya sitio para la crítica, el disenso y la propuesta. Por ello me siento en un mundo de claroscuros, donde nada es lo que esperaba, pero, sigo creyendo. Ojalá que el tiempo me dé la razón y ella pueda apoyar su mandato en el movimiento feminista. Ojalá sepa que estamos de su lado. Y ojalá no me toque salir corriendo por contraria a la refundación de la que tanto se pregona. Ojalá no todavía.

NOTAS

[1] Para más información ver: https://contracorriente.red/2022/05/07/cien-dias-de-deudas-para-las-mujeres-el-medioambiente-y-a-la-produccion-agricola/

[2] http://www.radioamerica.hn/por-misogino-racista-y-antinmigrante-lideres-comunitarios-rechazan-nombramiento-de-roberto-quesada-en-la-oea/

[3] http://www.radioamerica.hn/por-misogino-racista-y-antinmigrante-lideres-comunitarios-rechazan-nombramiento-de-roberto-quesada-en-la-oea/

[4] https://www.televicentro.com/series/frenteafrente. Programa 9 de mayo de 2022.

[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-61184469

[6] https://tiempo.hn/honduras-vota-contra-investigacion-nicaragua/