Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano 13 de abril de 2022

La multitud llenaba todo lo ancho de la avenida que conecta al Palacio Miraflores con la Caracas más céntrica, y se prolongaba cuadra tras cuadra hasta donde la vista humana podía alcanzar a ver. Y a partir de allí, increíblemente, seguían llegando manifestantes.

No es para menos, este miércoles de mucho sol y calor, se recordó aquella fecha similar del 2002, cuando un grupo de empresarios millonarios y corruptos, acompañados de politiqueros en desuso y la jerarquía eclesiástica se encolumnaron detrás de un puñado de militares traidores ( de las tres armas) con el objetivo de acabar con el gobierno de Hugo Chávez.

Es cierto que casi lo consiguieron, si no fuera por ese potente lazo de amor que el Comandante había construido desde mucho tiempo atrás con ese bravo pueblo que se decidió a rescatarlo. Esta vez sí, con el apoyo leal de militares patriotas, que fueron a buscarlos a La Orchila, una isla lejana donde lo habían llevado secuestrado con la intención de  asesinarlo.

Desde esos días de abril hasta el presente han pasado muchas más y graves situaciones: un golpe petrolero, múltiples sabotajes, guarimbas que dejaron numerosos muertos y heridos, un dron con explosivos que buscaba hacer un magnicidio, una invasión mercenaria llegada desde Colombia y una sanción tras otra, complementadas de  un férreo y criminal bloqueo para degastar a la población.

Y no pudieron ni podrán, ya que la Revolución, además de «volverlos locos», como se cantaba en otra época, los aplasta en múltiples elecciones. Siempre, al decir del presidente Nicolás Maduro, el pueblo se plantó con dignidad y valentía, desbaratando un intento desestabilizador tras otro. Por eso, esta marcha y acto realizado recordando el 13 victorioso, reunió a tantos jóvenes y veteranos con ganas de reafirmar principios pero también de festejar.

Porque si hay algo en que se destaca el chavismo es su capacidad optimista y revolucionaria de acometer la política de masas. Por eso hubo música (el mítico y militante grupo «Lloviznando cantos», excelentes como siempre) y sonrisas de satisfacción entre los miles de milicianos y milicianas, que con sus uniformes verde oliva se mezclaban en un conglomerado masivo con el resto de esas mujeres y hombres, que como en aquel 13 de hace veinte años bajaron de los cerros o se encolumnaron en todas las barriadas populares.

Ni Maduro ni Diosdado Cabello desilusionaron a la multitud, dijeron lo que hay que decir y lo plantearon con la fuerza que dan las ideas, convocando a «mantenerse siempre alertas» (frase dirigida a las milicias, y contestados por esa juventud guerrera con aplausos, y en varias ocasiones mostrando las armas largas que portaban, ´para que quede claro por donde caminan las ganas de defender lo conquistado. 

Cualquiera de nosotrxs que viene de países con gobernantes débiles, o sumergidos en pactos con el imperio, se conmueve por tanta muestra de compromiso con la Revolución, y se siente seguro de que no se trata de una parada en abstracto, sino que esos chicos y chicas están dispuestas a luchar hasta las últimas consecuencias si la Patria venezolana peligrara.

El diálogo continúa y se hace extremadamente cálido por momentos, como si el Presidente, que sabe cuánto lo apoya esa gente que esgrime enormes carteles de Bolívar y Chávez, se viera tentado a acariciarlos con palabras que ayudan a iluminar un futuro de mayor disfrute.  Hay bromas del presidente, respondidas por quienes escuchan atentamente cada frase, también un saludo agradecido a los 200 delegados y delegadas que participamos durante tres días de la Cumbre Internacional contra el Fascismo. Ante la mención de los 53 países presentes, la ovación se hace estruendosa.

Nos miramos entre nosotrxs, imaginando cómo se puede devolver tanta fraternidad.

Pero lo más tocante del acto se dio casi al final, cuando Maduro llama a la enorme manifestación a un juramento masivo. Por Venezuela, por el legado del Comandante Chávez, por el avance incontenible de la Revolución, y así muchas razones más hasta llegar a la reafirmación de seguir construyendo el socialismo. A cada frase, se oía como respuesta, la repetición de la misma por los miles de chavistas y un «sí juro» impresionante.

Lo dicho: 20 años después, el país está saliendo de la peor de las guerras económicas -comparable con la que también vive Cuba-, y de hecho es notorio que así ocurre, si uno visita los barrios más humildes y nota el bullicio de la gente en la calle, comprando alimentos, ropa o todo aquello que sean artículos de primera necesidad.

Los índices de las encuestas de la propia oposición hablan de «crecimiento económico», y eso es lo que no le gusta a algunos que creían que con su carga de maldades (y sanciones) iban a quebrar la voluntad de un pueblo que tiene conciencia de clase, se organiza colectivamente y sabe que poder popular, autodefensa y pelea por el Socialismo, son una misma cosa. Más aún si se cuenta con un liderazgo, el de Nicolás Maduro, que sigue siendo para las grandes mayorías «el hijo de Chávez» que nunca les falló.