Por: Ricardo Robledo

Con todas la maromas discursivas, galimatías y estrategias de manipulación de la derecha, se produce un disloque de la realidad, según el cual, aparece como si el Presidente Maduro gobernara en Colombia, puesto que es declarado culpable de todo lo malo que pasa allí; mientras tanto, la bacrim del ñeñeusurpador, se despeluca tratando de definir lo que hay que hacer en Venezuela, país, acerca de la cual, no tienen información veraz, ni imparcialidad, ni la capacidad para tomar decisiones internas, más allá del malevaje.

Hay personas que se dedican a hacer chambonamente lo que les corresponde y a criticar y atacar despiadadamente lo que otros han trabajado. Colombia se hunde en la opresión, las masacres, la insalubridad y la miseria, a la vez que los elegidos fraudulentamente aquí, condenan todos los días a un país menos afectado por la pandemia, del que no se conoce del terrorismo de estado y con amplias y exitosas misiones que cubren a la mayoría de la población.

Con esta traba de lo real y con carnitas y huesitos, cocinan un caldo comunicativo, caricaturesco y tóxico, pero fácil de digerir, que produce los mismos efectos obtenidos cuando le echan marihuana al sancocho y tan nutritivo como la comida chatarra.

Las consecuencias del símil de ambos productos alimenticios, superan a lo anecdótico y han producido bastante daño en la población de la región y el mundo, por su capacidad para impulsar el engaño, el mal, las acciones criminales y las penurias; situación en la que están comprometidas las personas que adelantan estas políticas infames, contrarias a las legislaciones sobre lo humano y a su pertinencia y merecimiento.

No es extraño que, en el país de los abominables falsos positivos, de las lesiones oculares a los jóvenes que protestan, se produzcan otro tipo de actos terroristas impulsados desde el estado, que llenan de dolor y muerte el territorio nacional y regional. La vida de los ciudadanos vale menos que sus intereses mezquinos y su soberbia. Los que han repudiado la paz no son ajenos a los criminales atentados que buscan desestabilizar a las sociedades latinoamericanas.

Ahora resulta que la ampliación de las indagaciones sobre los delitos electorales de compra de votos, en los que están involucrados políticos colombianos, son inventos de los venezolanos, como si las pruebas y la alteración de los formatos electorales, no fueran tan evidentes. Los miembros de la narcoderecha nacional, son tan decadentes que cada vez que hablan, se hunden en la ridiculez, con cuentos torpes que nadie les cree y sólo provocan risas.

En las elecciones del 2022, el pueblo colombiano tiene la opción de elegir gobernantes capaces y con la altura que exigen la política nacional y la diplomacia mundial.

Febrero 8 de 2022