Félix Carrillo Hinojosa

La mujer colombiana ha sido vital en cada uno de los momentos del desarrollo nacional, en donde ha sorteado tantos hechos difíciles, cuya defensa de sus ideales y territorio, la ha llevado a ofrendar hasta la vida misma. Hoy, tanto como ayer, necesitamos de esa decisión llena de cambio para conquistar mejores derechos, que nos lleve a la construcción de un mejor País.

Y ahí, debe estar la mujer como eje transformador de la Nación, Estado y Gobierno para no quedarse contando lo pasajes de un ayer emancipador. Muy a pesar de descender de españoles, tener notables posiciones y cierta riqueza, haber nacido en una provincia de tierras escarpadas, se constituyeron en tres villas para los «vecinos blancos», que vio gestar en 1781 la revolución comunera que fue la llama que se prendió y permanece como un faro para combatir las injusticias sociales.

Todo esto incide, en la historia que cubre la vida de una mujer que vivió de todo, al crear la guerrilla de Coromoro y Cincelada, la primera que se formó en la Provincia del Socorro para luchar contra la invasión española. Para ello contó con su hermano Fernando Santos Plata, cuya habilidad lo llevó a convertirse en uno de sus jefes. Su capacidad comunicacional lo hizo interceptar todos los mensajes que emitían las tropas realistas, por lo que siempre podían aprovisionar de lo que estaba pasando, hecho vital en lo que luego ocurriría en la batalla del Pantano de Vargas.

Fue la sexta de los doce hijos que tuvieron sus padres. Su padre fue uno de los fundadores de la parroquia de Pinchote en 1782 y tuvo como padrinos a Casimiro Gómez y Casilda Plata. Su niñez y juventud la vivió en la hacienda El Hatillo, hoy vereda del Municipio de Coromoro, Santander, cuya formación educativa y del hogar fueron las que se daban en ese momento.

El descontento social y económico contra el gobierno colonial se consolidó a través de la insurrección comunera en 1781, donde su familia se vinculó a favor de la emancipación del Nuevo Reino de Granada. Por ser la mayor de las hijas asumió la representación moral y material del hogar al fallecer su madre en los primeros meses de la Reconquista.

Su vocación de transformación la llevó a preparar la guerrilla de Coromoro o de Santos, que fue la primera muestra de apoyo al ejército patriota en la campaña libertadora de 1819, cuya forma organizativa la convirtió en la más aguerrida durante los tres años que duró la Reconquista. Igual las de la Niebla, integrada por gente del Socorro y la Provincia de Tunja, la guerrilla de los Almeyda en el Valle de Tenza, las guerrillas de Zaostica, Guapotá, La Aguada, Oiba, Chimá, Aratoca, Guadalupe, Simatoca, Onzaga, que se sumaron a la gesta libertadora.

Aparte de su Hermano se destacaron José Gabriel Tobar, Camilo Gaona y José Manuel Ruiz a los que se unieron jóvenes mujeres y hombres, que al inicio solo eran cuarenta pero ante la dinámica que le imprimieron fue de muchos cientos, que le dieron la pelea. Este grupo insurgente, que tuvo en ella todo el liderazgo, fue el problema mayor para Antonio Fominaya y Lucas González, los dos últimos gobernadores del gobierno español en la provincia. Este último, realizó todas las estrategias para restringir la labor de esos grupos guerrilleros y tomó por asalto la hacienda El Hatillo, el 12 de julio de 1819 con un importante destacamento militar español comandado por Pedro Agustín Vargas tomó por sorpresa y apresó a Antonia Santos, a su hermano menor Santiago y a su sobrina Helena Santos Rosillo junto a dos acompañantes, siendo conducidos a Charalá y luego a Cincelada, donde todavía existe el calabozo que lleva su nombre, hasta llegar a Socorro donde fueron encerrados junto con otros por razones políticas.

Si bien es cierto que ella fue traicionada, ella prefirió la muerte antes que delatar a sus compañeros, por lo que el 16 de julio de 1819 con la lectura de un breve sumario le fue dictada su sentencia de muerte junto a los próceres Isidro Bravo y Pascual Becerra, por ser enemigos de la causa del rey y reos de lesa majestad. El 27 de julio fueron exhibidos en capilla y condenados a muerte ante la orden del Virrey Juan Sámano de cegarle la vida a todo rebelde, al día siguiente, a las diez y media de la mañana, fue llevada al cadalso, ubicado en un ángulo de la plaza del Socorro junto a sus compañeros y acompañados por un sacerdote de la parroquia.

Su hermano Santiago Santos Plata la acompañó y recibió de ella, las alhajas de oro y su testamento, y su anillo se lo obsequió al oficial que comandaba la escolta. Un sargento la ató al patíbulo y le vendó los ojos y al sonido del redoblante, el escolta hizo fuego hasta verlos caer.Su muerte fue fundamental para que se originara la Batalla de Pienta, hoy Charalá, cuyo improvisado ejército impidió la llegada de más de 800 hombres comandado por el coronel español Lucas González, que no pudieron reforzar el ejército del general Barreiro en la Batalla de Boyacá.

Su papel fue fundamental en la guerra de independencia de Colombia, en donde las mujeres ejercieron diversos protagonismos, unas dirigiendo y organizando los grupos guerrilleros, otras haciendo labor de mensajería y las famosas «Juanas» quienes nunca se apartaron de sus compañeros en las campañas guerreras. Aunque muchos historiadores aseguran que su nacimiento fue en Cincelada, corregimiento del Municipio de Coromoro, tuvo una condición socio económica privilegiada por parte de sus padres, quienes siempre confirmaron que era Pinchote, su lugar de nacimiento.

Ante su asesinato el Libertador Simón Bolívar dijo en el cuartel general, en El Socorro, el 24 de febrero de 1820: «Vosotras hijas del Socorro vais a ser el escollo de vuestros opresores. Vosotras habeis realizado vuestra dignidad endureciendo vuestro tierno corazón bajo los golpes de los crueles. Más sublimes vosotras en vuestro generoso patriotismo habeis empuñado la lanza, os habeis colocado en las filas y pedís morir por la Patria.

Madres, esposas, hermanas, quién podrá seguir vuestras huellas en la carrera del heroísmo? Habrá hombres dignos de vosotras? No, no, pero vosotras sois dignas de la admiración del universo y de la adoración de los libertadores de Colombia.

En esta provincia he hallado el más vivo entusiasmo, tanto que me ha parecido más exaltado que nunca, parece que un fuego sagrado anima los pechos de los bravos socorranos y de sus dignísimas matronas»-Fercahino

Oleo del maestro socorrano Oscar Rodríguez Naranjo. – Patrimonio del Museo Casa de la Cultura del Socorro
Horacio Rodríguez Plata.

María Antonia Santos Plata nació en Pinchote, Santander, Virreinato de Nueva Granada, el 10 de abril de 1782 y murió en Socorro, Santander, Virreinato de Nueva Granada, el 28 de julio de 2829. Padres Petronila Plata Rodríguez y Pedro Santos Meneses. #vocesenoposición

Félix Carrillo Hinojosa