Alfonso Castillo / Defensor de los Derechos Humanos.

En una compleja visión de un grupo poblacional siempre controversial, dinámico, explorador, arriesgado y soñador, al que siempre los adultos acusan de irresponsable y maleducados y en el que siempre la sociedad siembra esperanzas, atribuyendo un poder mágico-fantasioso a través de una expresión que dice mucho y no hice nada los “jóvenes son el futuro”

La Ciudad de Cali ha sido conocida desde hace muchos años como “la sucursal del cielo”, la ciudad donde la rumba salsera, se ha hecho parte de la identidad, agradable clima y la brisa de las tardes, han proyectado la ciudad como un lugar amable, de gentes tranquilas y trabajadores, ella ha sido escenario de múltiples actividades culturales, deportivas y recreativas. Son elementos emblemáticos de la ciudad: El cerro de las Tres Cruces, La Colina de San Antonio, el parque Panamericano y el raspado, el Pascual, Parque de la Caña y el rio Pance, la ciudad es como muchos la describen un lugar apacible para vivir.

Sin embargo, desde el 28 de abril del año 2021 y por un período de 60 días o más, la Ciudad de Cali fue el escenario de una profunda confrontación social en la que los jóvenes de los sectores populares de la ciudad fueron los principales protagonistas de un gesto de rebeldía, qué se presentó al mismo tiempo, pero con menor intensidad en otras ciudades del país, este acto de rebeldía fue brutalmente reprimido y demonizado por parte de las autoridades civiles y militares de la ciudad, lo que se tradujo en decenas de jóvenes asesinados, mutilados, arbitrariamente detenidos, torturados e incluso, desaparecidos algunos.

Y es justo entonces preguntarse, ¿qué fue lo que hizo qué la sociedad caleña se levantará en este grito de dignidad?, que a toda voz reclamaba mejores mayores escenarios de inclusión social, oportunidades para los y las jóvenes, cómo lo dijera alguien “la ciudad se levantó para visibilizar una problemática social económica y política que estaba en la tras escena de lo que aparentemente se mostraba como un remanso de paz”.

Ahora bien, vale la pena entonces preguntarnos cuáles fueron las razones que hicieron que esta situación se tornara, tan intensa tanto en la beligerancia de quienes en las calles expresaban su rabia, como extensa, en la duración en el tiempo

Y justo aquí, cabe señalar qué, la juventud en términos generales, sector social qué ha venido perdiendo acceso a derechos fundamentales para la inserción en la sociedad tales como, la educación pública y de buena calidad que cada vez es menos posible para un amplio número de niños y adolescentes, que aunque la cobertura educativa ha aumentado, las condiciones socioeconómicas para que estos jóvenes accedan a ella son cada vez más difíciles, por cuanto las familias tienen mayores dificultades económicas generadas por el desempleo o la inestabilidad económica, el empleo juvenil cada vez es más difícil lograrlo y cuándo se consigue un trabajo, este es en condiciones precarias, con jornadas laborales que superan las 12 horas, no existe contratación laboral estable y permanente, se trata de empleos por dos o tres meses sin ningún tipo de vinculación a la seguridad social, la mayoría de las veces, no se obtiene ni siquiera el salario mínimo legal vigente. Pero quizás el aspecto más grave por el que atraviesan los jóvenes en las grandes ciudades de Colombia y Cali no es la excepción, están asociados con el tema de la estigmatización, la represión policial, oportunidades y facilidades para el desarrollo de las potencialidades deportivas o culturales, y la violencia, situaciones estás, que colocan a los jóvenes en un grado extremo de vulnerabilidad y alto riesgo de ser cooptados por organizaciones criminales, o ser víctima de redes de tráficos ilegales, y en todo caso altamente propensos a caer en situaciones de consumo de drogas de uso ilícito, alcoholismo, prostitución y tráfico sexual, pandillismo, o adicción a distintas formas de dependencia tecnológica.

Sin duda alguna, la situación de los jóvenes en Cali, es muy compleja Por cuánto en general se pueden señalar que las perspectivas y la falta de oportunidades, desalientan la idea del futuro que tanto se asocia con los jóvenes.

Sin embargo, está grave situación, sumado a una historia que pareciera olvidada, nos hizo recordar desde el 28 de abril del 2021, que los jóvenes también son rebeldía y esperanza. Y con justicia hay que reconocer que la indignación qué expresaban los jóvenes de los sectores populares, junto con jóvenes de colegios y universidades, trabajadores y pobladores de los barrios populares, tenía y tiene toda la justificación del mundo, y contrario a la creencia generalizada, a los jóvenes que se manifestaron en las calles, si les preocupa mucho el país y su futuro incierto, por ello en las calles se escuchaba el rechazo al asesinato de líderes y lideresas sociales, las masacres, repudio a la corrupción de la clase política, contra el mal gobierno, por supuesto demandando mayores y mejores oportunidades para la educación y el trabajo, desconfiando de la representación que siempre los excluido, con valentina los jóvenes nos recordaron, que ninguna transformación se logra sin luchar, y a pesar de la brutal represión por parte de la fuerza pública e incluso de “gente de bien” que de civil, salió a disparar contra los muchachos, causando asesinatos, jóvenes golpeados y mutilados, detenciones arbitrarias, y de otro lado la gran prensa tratando de mostrar a los jóvenes que luchaban por la dignidad, como “vándalos” o delincuentes, sin embargo, la gente no le comió cuento ni, a Caracol, ni a RCN, ni a los grandes medios de comunicación, la gente se puso del lado de los jóvenes, les acompaño, auxilio, llevo alimentos y medicinas, y en todo caso se planteó solidaria con la causa de los jóvenes, qué en las calles exigían un cambio de rumbo para el país.

Las jornadas de movilización qué se dieron durante 3 meses en la Ciudad de Cali, en las cuales los jóvenes fueron protagonistas principales, no solo por su combatividad sino y sobre todo por su creatividad, constancia y múltiples formas de movilización que desde la calle, permitieron mostrar a jóvenes que cantaban, bailaban, reían, pintaban, creaban, jugaban, enseñaban, y no sé doblegaban, así como lo dijera hace muchos años Mercedes Sosa en su canción: Que vivan los estudiantes “… Son aves que no se asustan/ De animal ni policía/ Y no le asustan las balas/ Ni el ladrar de la jauría, / …”

Estos jóvenes caleños nos devolvieron la esperanza, nos hicieron sentir que por dura que sea una situación, siempre luchar, será alternativa para decirle al autoritario gobernante, qué el pueblo en pie de lucha, es superior a la estupidez del presidente o de cualesquiera de sus ministros.

Ahora el riesgo, tal y como se ha visto en la propaganda institucional del gobierno nacional y local, es que se intente silenciar la rebeldía con campañas de propaganda engañosa, ahora han surgido miles de propuestas, programas y acciones, “encaminadas a recoger esas problemáticas de los jóvenes caleños”, sin embargo hay que advertir que muchas de esas propuestas son banales, y no necesariamente están orientadas al restablecimiento pleno, efectivo y duradero de los derechos qué los jóvenes han reclamado, por ejemplo muchas de las ofertas de empleo que varias empresas transnacionales están haciendo, justamente lo que hacen es esclavizar y someter a los jóvenes, en “empleos que no lo son”, en cambio sí, son vitrinas de promoción de empresas, que están obteniendo los beneficios que ha otorgado el gobierno nacional para aquellas empresas que vinculen jóvenes.

Ojalá este estallido social, lleno de justeza, no sea un nuevo factor de frustración.

Bogotá, 5 de octubre de 2021

Alfonso Castillo