Por Yadira Cruz Valera

Caracas, 17 may (Prensa Latina) Tras años de sus fracasados intentos por derrocar al presidente Nicolás Maduro, la extrema derecha venezolana cambia hoy su discurso y aboga por el diálogo con el mismo Gobierno que intentaron desconocer.

Por más de cinco años el Ejecutivo bolivariano realizó llamados para negociar, ante los cuales el exdiputado Juan Gauidó, Leopoldo López y sus más cercanos seguidores nunca respondieron, de hecho, boicotear, pedir sanciones, planificar invasiones, golpes de Estados y falsos positivos, para justificar sus acciones, fue la política explícita de quienes ahora quieren ‘dialogar’.

A a pesar de todo ello, del saqueo de los recursos del país, los escándalos de corrupción y las acusaciones contra los dirigentes del país, el presidente Nicolás Maduro -cuya legalidad como mandatario cuestionan-, accedió a reunirse, demostrando una vez la voluntad de paz del Gobierno bolivariano.

Pero no sin antes dejar bien sentado las bases para ello y cada uno de los puntos que deberán ponerse sobre la mesa, lo cual parte en primer lugar, renunciar al camino del golpismo, de intervencionismo y de llamar a invasiones contra el país.

Reconocer la Constitución y los Poderes legítimos de la nación, rendir cuentas de los recursos entregados por el gobierno de Estados Unidos para conspirar y su retorno a los legítimos dueños, el pueblo venezolano.

Mientras, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, aseguró que es impensable que la extrema derecha venezolana convoque ahora al diálogo sin responder por sus acciones.

Expresó que en su condición de parlamentario respalda la respuesta que diera el presidente Nicolás Maduro, al aceptar reunirse con el exdiputado opositor, tras una solicitud de este.

Es esa oposición que desde 2017 aseguraba que el camino no era la vía pacífica y por el contrario auparon y apoyaron la aplicación de las medidas coercitivas, el saqueo de los activos de la República y el bloqueo financiero contra el país, la que pregonó a voz en cuello que los días de Maduro en Miraflores estaban contados, la que acude al mismo jefe de Estado.

Tras años de privar al pueblo del acceso a los alimentos, a medicinas para enfermedades crónicas y de hacerle frente a la pandemia; así como los aditivos del procesamiento del petróleo y serias afectaciones a la economía nacional, es sugerente que los enemigos acérrimos pidan negociar, entre otras razones buscando la salida a los procesos judiciales que muchos deberán enfrentar.

Entre ellos el del propio Guaidó, requerido esta semana ante el poder legislativo por su vínculo con el narcotráfico y el robo de los activos del país.

En medio de un aparente acto de contrición hablan ahora de instar a la comunidad internacional para que se comprometa a devolver los mismos activos, de los cuales ellos se apoderaron ilegalmente con el beneplácito y la complicidad de Estados Unidos y sus aliados europeos.

Muchas son las razones detrás de esta nueva posición aparentemente conciliadora por la que aboga la oposición, pero apenas tres bastan para entender por dónde van los tiros.

Poco o nada han logrado en su empeño de derrocar a Maduro y asfixiar al pueblo para promover una rebelión interna; por otro lado fuera y dentro del país son ya escasos los que confían o ven a una fuerza opositora, desprestigiada y dividida, como la solución para el cambio.

A esas dos causales se une la reciente elección, democrática y apegada a la Constitución, de un Consejo Nacional Electoral, en medio de unas megaelecciones, regionales, municipales, y el cual hasta la Unión Europea y sus acólitos reconocen.

Lo cierto que mucho no les queda por hacer a quienes, inclusive, perdieron el apoyo de la mayoría de sus padrinos extranjeros, que ahora miran para otro lado.

Pero las lapidarias palabras del líder del Parlamento durante la última sesión, reflejan el sentir de quienes por años han sido víctimas de los desmanes de ese sector, ‘aquí nadie tiene amnesia, las agresiones aplicadas al pueblo venezolano no pueden quedar así y no se pueden olvidar’.

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