«Es su mundo el que se hunde, es de verdad terrible. La compasión es necesaria… pero yo no iría hasta el perdón.»

Luis Casado*

Visto el ambiente en el que vivimos, es difícil levantarse cada día enarbolando una sonrisa Kolynos y un mental de vencedor. Hay instantes en que, hastiado hasta la saciedad de la sinrazón circundante, me digo que Horacio dio en el clavo cuando me soltó eso de “Gracias a dios somos mortales”.

Desde niño desconfié de la vida eterna que supuestamente encontraría cuando la palmase y me fuese a vivirla a la diestra del Todopoderoso. Imagina un sólo instante que Trump siguiese allí, y Kast, y Milei… por la eternidad. ¡No hay salud! Con el agravante que habiéndola palmado no tendría a mi disposición el recurso de morirme ahorrándome así los malos ratos.

Dicho lo cual, Emmanuel Todd lo pone todo en el largo plazo. Antropólogo, historiador y ensayista, se dedica a investigar el devenir de las naciones y a proyectar su potencial futuro. Cuando tenía apenas 25 años, publicó un libro: La caída final – Ensayo sobre la descomposición de la esfera soviética.

Corría el año 1976. Los “expertos” europeos se carcajearon y se mofaron de Todd. Sin embargo, el libro –su primer ensayo– constituyó un raro ejemplo de prospectiva validada por los hechos y le dio una gran autoridad en materia de análisis de historia social, económica y política. Como sabes, la URSS desapareció el 26 de diciembre del año 1991.

Para decirlo en una palabra, frente a la elite intelectual secretada por el sistema y pagada para conservar el status quo, Emmanuel Todd es un aguafiestas, un rompe-cojones, un heterodoxo. No hace mucho fue entrevistado por el periodista Olivier Berruyer y decidí traducir algunas frases que a mi juicio caracterizan el pensamiento de Todd de cara a la realidad actual.

Berruyer: en el tumulto, y la locura podríamos decir, que hay actualmente entre aliados… ¿cómo, un historiador dedicado al largo plazo, ve la crisis política actual?

Todd: No hay que tomar muy en serio el corto plazo. No hay que olvidar los fundamentos. Tocaremos el primer año del gobierno de Trump, pero no hay que olvidar la base. La base es la derrota de EEUU, analizada en mi libro “La derrota de occidente”. Esa derrota, que está ahí, que es en cierto sentido definitiva, será el marco de la acción…

Su primera dimensión es la derrota frente a Rusia. Los estadounidenses comprendieron en cierto momento que no tienen los medios industriales para alimentar el nacionalismo ucranio, y comprendieron que no lo lograrían frente a Rusia. Los rusos lo saben. Es un ámbito en el que no hay incógnitas.

El segundo elemento estructural que está presente es la potencia económica china. El nivel de superioridad de China sobre los EEUU ya fue alcanzado durante la guerra, lo que permitió la victoria rusa. (nota del transcriptor a título de ejemplo: China produce el 54% del tonelaje de los barcos civiles que son echados al mar cada año. La parte de EEUU es de 0,04%…).

¿Trump? Me incomoda decirlo, pero no es sino el principio de la caída de EEUU. Vamos hacia aún peor, independientemente de Trump. Es demasiado tarde. En el momento en que se abre la crisis, en el momento en que Trump llega para administrar la derrota de EEUU, les EEUU ya no son el centro económico del mundo.

Entonces, una desesperanza de un cierto tipo se propaga en las esferas superiores del sistema político estadounidense, cuando comprenden: el neoliberalismo no funcionaba, pero el Trumpismo económico tampoco funciona.

El sistema educativo actual se transformó en realidad en una máquina de selección, en una máquina de definir los destinos. Este proceso de selección escolar ha creado masas de resentimiento, de violencias potenciales totalmente extraordinarias.

El Trumpismo vivó una suerte de pequeño milagro: el neobelicismo europeo. El servicio que los dirigentes europeos le hicieron a EEUU en su derrota fue excepcional y sigue siéndolo en el momento en que hablamos. Pero… cuando se llega a exigir reverencias de sus servidores más próximos, para mí eso evoca un estado de extravío, de desespero. Yo sólo veo desespero. No se puede exigir de los actores políticos una consciencia aguda de lo que ocurre.

Es su mundo el que se hunde, es de verdad terrible. La compasión es necesaria… pero yo no iría hasta el perdón.

Cuando Todd publicó La caída final, anunciando el fin de la URSS, alguna prensa aplaudió hasta con los codos. Hoy, esa misma prensa acusa a Todd de estar “influenciado por la propaganda rusa”.

En la hora actual el 95% de la prensa escrita francesa está en las manos de siete (7) oligarcas multimillonarios cercanos al fascismo. Para no hablar de la radio y la TV. De ese modo los autores en línea con los intereses de la plutocracia y difusores de sus “ideas y valores” viven una época de vacas gordas.

Su tarea es más bien simple, incluso simplota: conformar el modo de pensar de la inmensa mayoría de la población, banalizar la organización política neofascista, darle un barniz de respetabilidad, aún cuando su fundador, Jean-Marie Le Pen, –ya desaparecido–, fue un paracaidista dedicado a combatir a los independentistas argelinos, usando y abusando de la tortura y el crimen.

Hay algunas similitudes con el recorrido de José Antonio Kast, cuyo progenitor fue militante del partido nazi y soldado del ejército del Tercer Reich. La hija de Jean-Marie, Marine Le Pen, es la continuadora de los esfuerzos de su padre por reinstalar el fascismo en Francia. Ahí estamos.

Entretanto, Emmanuel Todd le concedió una entrevista a un diario japonés, que tenemos el placer de ofrecer a nuestros lectores.

Emmanuel Todd: La «locura» de Trump empuja a EEUU hacia su tercera gran derrota

entrevista en el diario japonés Asahi Shimbun

En ella utilizo el concepto de «nacionalismo imaginario» para describir la política exterior tan hostil hacia China de la primera ministra Takaichi. Pronto tendré ocasión de aplicar el concepto de «nacionalismo imaginario» a muchas posturas europeas: las del Rassemblement National, el federalismo europeo o el neomilitarismo alemán, por ejemplo. Al releer esta entrevista, me llama la atención su franqueza. Me siento realmente más libre en Japón.”

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por Shinichi Ikeda – Redactor

Pregunta: ¿Qué repercusiones tiene en el mundo el ataque lanzado por Israel y Estados Unidos contra Irán?

Todd: Como historiador, me gustaría empezar con una visión general. Esta guerra en Irán es consecuencia de dos derrotas importantes que ya ha sufrido Estados Unidos. La primera derrota es, como le dije en nuestra entrevista de febrero de 2025, la derrota de facto de Estados Unidos frente a Rusia en Ucrania.

Estados Unidos, cuyo sector manufacturero está en declive, se ha mostrado incapaz de suministrar a los ucranianos armas y municiones suficientes, lo que pone de manifiesto que el sistema industrial estadounidense no puede sostener una guerra a gran escala.

La segunda derrota, que se produjo posteriormente, es aún más importante: la derrota frente a China. El presidente estadounidense Donald Trump amenazó a China con aranceles, pero cuando los chinos respondieron amenazando a Estados Unidos con un embargo de tierras raras, tuvo que dar marcha atrás muy rápidamente.

Por lo tanto, se entiende que todo lo que hace hoy no es más que una distracción destinada a hacernos olvidar —y a él mismo— estas importantes derrotas.

Pregunta: Durante su última visita a Japón el otoño pasado, cuando participó en el Asahi World Forum, mencionó la posibilidad de un ataque estadounidense contra Venezuela. Pues bien, eso ha ocurrido, y ahora Estados Unidos ha desplazado el foco de sus ataques hacia Oriente Medio. ¿Qué opina al respecto?

Todd: Sí. El ataque contra Irán liderado por Israel y Estados Unidos comenzó de la misma manera. Pero como Irán no se derrumbó, la situación se ha agravado, y esto bien podría convertirse en la tercera gran derrota para Estados Unidos.

Pregunta: ¿A dónde llevará al mundo el ataque estadounidense contra Irán?

Todd: La causa profunda de esta guerra es, como también mencioné en febrero de 2025, la desintegración de la sociedad estadounidense y, más concretamente, el estado de «religión cero».

Se han perdido la disciplina moral y espiritual, así como los valores que antes unían a la sociedad.

En esta decadencia y este vacío, se extiende el «nihilismo», donde parece que simplemente se disfruta con la destrucción y con el mero hecho de matar. Esto también se aplica a Israel.

Si un dirigente iraní no se ajusta a las intenciones de Estados Unidos, lo eliminan. Eliminar, uno a uno, a los dirigentes de otro país: eso nunca debería tolerarse. Este no es el mundo de la política moderna sensata; es el resultado de la locura. Los franceses, los japoneses, los chinos, todo el mundo en el planeta debe estar de acuerdo en ello. Es el método de Hitler.

Pregunta: ¿No es esa una expresión extremadamente dura?

Todd: Exactamente. Ahora hablo como judío. Quiero dejar claro a los lectores japoneses que yo mismo, un francés de origen judío, critico su locura y su imprudencia con más dureza que nadie.

En un principio, se suponía que la «guerra» era un enfrentamiento entre ejércitos. Pero fíjense en lo que están haciendo actualmente Estados Unidos e Israel. ¿No es eso un «asesinato», que consiste en seleccionar a individuos y matarlos? El papel principal en la política exterior estadounidense parece haberse transferido no al Departamento de Estado ni al Pentágono, sino a la CIA.

Pregunta: ¿Quiere decir que el propio sistema político de Estados Unidos, una nación democrática que celebrará en julio el 250.º aniversario de su fundación, se ha transformado?

Todd: Sí. Debo decir que ya no se trata de la «República» tradicional compuesta por el Congreso, el presidente y el Tribunal Supremo. Por lo que observo, Estados Unidos se ha transformado hoy en un «imperio» compuesto por el presidente, el Pentágono y la CIA. El Congreso y el Tribunal Supremo no parecen ser más que órganos consultivos.

En una política exterior estadounidense basada en los asesinatos selectivos de individuos, la CIA se ha convertido en la institución más importante. Esto demuestra que Estados Unidos, como nación, ha degenerado en un «Estado asesino nihilista».

La posición de Takaichi hacia China

Pregunta: En la entrevista del año pasado, usted declaró que Japón no debía involucrarse en los conflictos que pudieran desencadenar los Estados Unidos, sino que debía observar con cautela lo que sucedía. ¿Qué opina ahora que Japón tiene, por primera vez, una mujer como primera ministra?

Todd: Todavía no estoy en condiciones de evaluar qué tipo de cambio supone esto para la sociedad japonesa. Sin embargo, en general, la primera mujer jefa de Estado o primera ministra suele comportarse como un hombre para demostrar que no hay diferencias entre hombres y mujeres.

He oído decir que la primera ministra Sanae Takaichi admiraba a la antigua primera ministra británica Margaret Thatcher, pero debo señalar que eso es peligroso. Aunque Thatcher fue un personaje interesante, yo no la admiro. Fue ella quien destruyó la clase obrera británica y el sistema industrial.

No conozco los detalles de qué es exactamente lo que la primera ministra Takaichi admira de Thatcher. Sin embargo, su postura intransigente hacia China es, en mi opinión, un ejemplo típico de lo que yo denomino «nacionalismo imaginario».

Pregunta: ¿A qué se refiere con eso?

Todd: En nuestra época, el propio nacionalismo se pone en tela de juicio, pero me parece extraña la idea de que «ser hostil hacia China equivale a nacionalismo japonés».

Tradicionalmente, la ideología del nacionalismo se basa en la idea de aumentar la población y ampliar la esfera de influencia. El verdadero nacionalismo japonés debería tener como objetivo la soberanía de Japón.

Desde esta perspectiva, ¿no es más importante para Japón reflexionar primero sobre sus relaciones con Estados Unidos, en lugar de entrar en conflicto con China? Esto debería resultar evidente para cualquiera si pensamos en Okinawa.

Si nos situamos desde el punto de vista de un nacionalismo «auténtico», y no «imaginario», es natural luchar por la soberanía y la independencia de la propia nación, y recuperar las bases extranjeras situadas en su territorio.

Creo que caer en la trampa de la estrategia estadounidense de «divide y vencerás» y entrar en conflicto con China a instancias de Washington nunca redunda en beneficio de Japón.

Pregunta: Más allá de Takaichi, ¿no es acaso el sentimiento de crisis ante la situación en Taiwán lo que está detrás de la postura intransigente de los sectores conservadores japoneses hacia China?

Todd: Me enorgullezco de ser uno de los pocos franceses que conoce a Shinpei Goto, quien dirigió la colonización japonesa de Taiwán. Entiendo que la colonización japonesa de Taiwán, debida en parte a los logros de personas como Goto, fue un éxito poco común en la historia de la colonización mundial. Es muy raro que incluso algunos habitantes locales guarden buenos recuerdos de Japón, la potencia colonial.

Pero eso, sin embargo, pertenece al pasado. Independientemente de si se están de acuerdo o no con las declaraciones del Partido Comunista Chino, no se puede hablar de Taiwán ignorando sus relaciones con China, tanto en el plano cultural como en la realidad de la política internacional.

Es peligroso ocultar la realidad tras una nostalgia por el pasado. En otras palabras, es peligroso introducir una valoración positiva de hechos históricos pasados en la realpolitik moderna.

La época en la que Taiwán era una colonia japonesa terminó hace 80 años, y alimentarse de la ilusión de que «tener malas relaciones con China es nacionalismo» es precisamente una muestra de nacionalismo imaginario.

La vía que Japón debiese seguir

Pregunta: ¿Qué opina de lo que está sucediendo en el mundo?

Todd: Lo que está ocurriendo actualmente no se limita a la posibilidad de que Estados Unidos sufra su tercera derrota. Podría tratarse del colapso de un imperio inmenso en sí mismo. Los ideales y las estructuras a los que estamos acostumbrados y que han sostenido al mundo durante mucho tiempo se están derrumbando con gran estruendo.

Pregunta: En un mundo así, ¿qué camino debería seguir Japón?

Todd: Los tres países de Asia Oriental —Japón, China y Corea del Sur— se enfrentan a un desafío estructural común: un grave declive demográfico.

Además, comparten un legado cultural confuciano y poseen un poderío industrial abrumador, ya que entre los tres representan alrededor del 90 % de la construcción naval mundial. Su similitud también es muy notable en cuanto al modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones.

El camino que debería seguir Japón consiste en examinar atentamente estas características que le son propias, distanciarse discretamente de Estados Unidos y profundizar pacíficamente en el entendimiento y las relaciones con los países asiáticos, incluida China.

Quizás estemos entrando en una era de gran turbulencia. Pero si Japón toma este camino, muchos países, entre ellos China y Rusia, aceptarán la existencia de Japón en un mundo en vías de multipolarización.

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Emmanuel Todd nació en 1951. Gracias a su análisis de la sociedad basado en el sistema familiar, la tasa de alfabetización y los cambios demográficos, predijo el colapso de la Unión Soviética, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y el ascenso de Trump en Estados Unidos. Entre sus numerosas obras destaca «La derrota de Occidente».

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