Por Félix Carrillo Hinojosa

La muerte no es la finalidad de las marchas. Ellas buscan hacer visibles las diversas voces, que tienen algo que protestar por un cúmulo de acciones insatisfechas. Todas estas últimas, ya rebosaron el vaso de los colombianos que nacieron y crecieron, esperanzados en que debían surgir mejores gobiernos, llenos de gente decente, que con unas reducidas excepciones, se dedicaron a saquear a los pueblos, ciudades y país, ante la complacencia de los órganos de control, permeados estos por las grandes ganancias que surgen de ser alcaldes, concejales, gobernadores, diputados, senadores, representantes y quienes hacen parte de ese aparato que representa un gobierno.

La desesperanza se apoderó de todos los colombianos, porque esta ingobernabilidad afecta tanto, a quienes tienen empresas como al de a pie, que no ven soluciones aterrizadas por el gobierno actual, quien protagoniza un saqueo sin miramiento del erario público, con la anuencia de quienes deben ser unas voces protestantes de esos malos hechos.

Ante esa incapacidad de diálogo que adolece este gobierno, hace uso de la asistencia militar, soldados y policías, más infiltrados, para mutilar a quienes levantan sus voces de protesta.

La muerte y el siniestro instrumento de desaparecer marchantes, ronda a diestra y siniestra por toda Colombia. Esto reduce cualquier muestra de democracia, porque el gobierno central decidió no escuchar las distintas voces, no tomar medidas serias en lo social y repremir toda nueva alternativa, que saque al país del caos en que se encuentra.

En el gobierno Uribe-Duque manda la arrogancia del poder, en donde solo se escuchan aquellos mensajes que hablen de guerra, muerte, exclusión, lo otro, que es vida, no está en sus planes.

Ellos siempre han ganado con la guerra, por eso la promueven, la sostienen y la erigen como el pasaporte real para mantener el poder.

Por eso no escuchan las voces de su pueblo, menos las que llegan de los diversos rincones del mundo, postura que no los hace diferentes, a quienes hacen su labor dictatorial en otros pueblos del Continente.

Se repiten los mismos hechos, que la colonización evidenció y que ahora se reafirma, con la presencia de hombres con las más sofisticadas armas, enfrentando a un pueblo que solo tiene palos y machetes, pero que se juega su dignidad, así les toque perder la vida.

El gobierno Uribe-Duque, al que no le importa entre otras, enfrenta las denuncias e investigaciones de que están siendo objeto, por los más de 40 muertos y desaparecidos, que como va todo, se pueden triplicar, están en su afán de incendiar al país para segurir en el poder. No tienen otra misión.

A este difícil panorama lo salva, la sensatez, que puede ser tomado como un acto de rebeldía, que deben asumir los alcalde y gobernadores, obligados a salvar a su ciudadanía, porque el gobierno Uribe-Duque solo manda muerte, cinismo e incumplimiento”.

Félix Carrillo Hinojosa