La muerte de Gaitán fue un horroroso crimen de Estado que aún espera salir del oscuro foso de la impunidad. Sus determinadores contaron siempre con la complicidad de unos jueces agradecidos e inmorales que habían sido colocados en esos cargos como cuota burocrática de los magnicidas. Todos sabemos que el asesino trabajaba para el diario conservador El Siglo, dirigido por Álvaro Gómez Hurtado, el hijo de Laureano, y que la CIA se ha negado a desclasificar los archivos relacionados con los luctuosos hechos del 9 de abril del 48 por considerarlos un asunto de Seguridad Nacional.

El pueblo colombiano sabe muy bien que a Gaitán lo mataron por sus ideas. Él consideraba -refiriéndose a las oligarquías- que, las ideas que no se inspiran en la búsqueda de la dignidad humana, no sirven para nada; agregando que, las oligarquías quieren un país paria, imbécil, que solo trabaje para sus intereses. Defienden un sistema en el que el hombre nada cuenta- decía el tribuno. Solo persiguen colocar los intereses económicos de los menos, por encima de la vida de los más. Gaitán era la voz del pueblo, de los engañados. «Yo no soy un hombre, soy un pueblo», se le escuchó tronar en las plazas públicas a favor de la gente del común a la que le habían guillotinado las garantías sociales. «El hambre no tiene color político». Llamaba a la unidad de los de abajo precisando que, la política no son los ministerios, ni la burocracia ni las mayorías en el congreso, sino la determinación de luchar por un mejor porvenir. Convocó a los colombianos a luchar con todas sus fuerzas contra el país político que no es otra cosa que la oligarquía que desprecia la voluntad popular que se auto adjudica el derecho exclusivo de gobernar. No quieren que se cambie nada, ni que el gobierno salga de sus manos.

En homenaje a Jorge Eliécer Gaitán los candidatos alternativos hoy, deben hablar y actuar resueltamente como él, convocando conciencias para la unidad, levantando al pueblo. Todos de pie porque somos el país mayoritario que está empezando la batalla. Unidos bajo una sola bandera seremos los más fuertes. Aquí cabemos todos, incluidos los sectores de la fuerza pública, como ocurrió cuando mataron a Gaitán. Por eso es decisivo abrir nuestros corazones al pacto político, a la gran coalición de fuerzas democráticas para establecer un nuevo gobierno que asegure nuestro porvenir como nación. Colombia unida debe triunfar con las ideas y la fuerza de las mayorías. Esa es la potencia transformadora, la fuerza del cambio que necesitamos. Es la hora del regreso de Gaitán a la política colombiana para derrotar en las urnas y en la movilización social y política a estos gobiernos infames. No nos dejemos arrebatar la victoria de la paz completa y la justicia social que debe desplegar sus alas en la unidad. Tengamos en cuenta que, Uribe frente al pueblo, es tan solo un monstruo dañino que se puede derrotar. Que estalle la rabia y la indignación nacional contras los gobiernos mafiosos, corruptos, tiránicos, “paracos” y mentirosos.

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