Bernardo fue un hombre de pensamiento abierto, soñaba con una nación grande, en donde ser de izquierda o de derecha, no significara una condena a muerte. Con el don de la palabra y a viva voz, sin temores, sin engaños, en público y privado, siempre llamó al pan pan, y al vino vino.

Fustigó la combinación de todas las formas de lucha de la extrema derecha en Colombia, que nos ha sometido a una prolongada guerra sucia.

Condenó el terrorismo, la desigualdad social, la falta de garantías de la oposición para ejercer la política, la “debilidad” de la justicia, la falta de democracia, la falta de oportunidades económicas, la falta del respeto a los Derechos Humanos y sindicales, el mal gobierno, y a los militares colombianos que han desobedecido el legado del Libertador Simón Bolívar.

En Manizales, donde nació el 2 de septiembre de 1955, se hizo lector del semanario VOZ, y se unió a la Juventud Comunista, siendo elegido en 1976 miembro de su Comité Central. Estudió Derecho en la Universidad de Caldas y al firmarse los acuerdos de La Uribe se vinculó a la Unión Patriótica (UP).

Fue por varios años asesor sindical, y personero municipal de Apartadó. En 1986 fue elegido a la Cámara de Representantes por Antioquia, y en 1988 Senador de la República.

Asumió, luego del asesinato del camarada Jaime Pardo Leal en 1987, la presidencia de la UP y es nombrado candidato presidencial para el periodo 1990 -1994, con la consigna: “Venga esa mano país. ¡Porque Colombia es un sueño de Todos!”

Como candidato presidencial, por la seriedad de sus propuestas y su calidez humana obtiene enorme popularidad, llenando auditorios, y desmoronando prejuicios de una sociedad manipulada por las mentiras mediáticas y el anticomunismo.

Cada vez que le preguntaban cómo era capaz de sonreír si siempre decía que iba a ser asesinado respondía: “Porque la alegría es la divisa de quienes defendemos la Vida”

Conoció a Mariela Barragán en noviembre de 1988, y se enamoraron a primera vista. Dos meses después viajó a Barranquilla a pedir su mano.

El 22 de marzo de 1990 fue víctima del terrorismo de Estado. Dos días antes, Carlos Lemos Simonds, Ministro de Gobierno, había dicho a los autores materiales del crimen: “El país ya está cansado y una prueba de ese cansancio es que en estas elecciones votó contra la violencia y derrotó al brazo político de las Farc que es la Unión Patriótica”.

El lenguaje oficial se convirtió así en una orden para los asesinos que, aún hoy, continúan en la impunidad.

Bernardo nunca fue un hombre de armas. Por ser entonces el máximo líder de la Unión Patriótica, los medios repetían lo dicho por la burguesía con insistencia: que la UP era el brazo político de las Farc. El respondía: “una cosa es que como movimiento tengamos coincidencias con la insurgencia y otra que seamos un movimiento incondicional al servicio de los movimientos insurgentes del país”.

Creía que la Paz pasaba por el reconocimiento de los actores del conflicto, y que la Paz era necesaria para Colombia, porque solo así se podría avanzar a una democracia política, social y económica. Su mayor anhelo fue tener una izquierda unida.

Su asesinato hace 31 años es una herida abierta que la justicia no ha podido curar.

“Aún recuerdo la nitidez de su voz, fue un vozarrón difícil de olvidar”, refiere su hijo, Bernardo Jaramillo Zapata, de apenas ocho años cuando mataron a su padre.

“Creo que Bernardo Jaramillo fue muy importante dentro en el ámbito de la izquierda, porque fue el primer dirigente que públicamente convidó a los dos bandos, tanto a la guerrilla como al Gobierno a que se sentaran a negociar, y también a que dejaran las prácticas propias de la guerra que degradaron el conflicto y la lucha”, añade Mariella Barragán.

Carlos Bula afirmó: “En su sentir, todos los esfuerzos debían orientarse a la construcción de un país en paz. A sus 34 años, sabía que la muerte le pisaba los talones, pero no se podía dar marcha atrás. Incluso ya era claro que su unión con el máximo líder de la Alianza Democrática M-19, Carlos Pizarro Leongómez, era el paso a seguir y esa alianza ya tenía una hoja de ruta”. Como rezaba su consigna de campaña “Venga esa mano, país”, su vocación fue la conversación con todos.

“Fue un hombre muy especial, encantador, simpático, alegre (…) vivía con la aguja pegada con el tango Volver. Yo le decía: ‘¡ya!, cambiémoslo, por favor’. Hoy, cuando escucho ese tango de Carlos Gardel, regresan todos los recuerdos” afirma Patricia Ariza.

El semanario VOZ lo ha recordado con este editorial del 22 de septiembre de 1988, en el cual se refiere a la protesta social, en específico al estallido popular en Tumaco y al paro cívico en Urabá que se extendió por seis días. Analiza la situación desde la perspectiva política del Partido Comunista y la tesis de la “Combinación de todas las formas de lucha de masas”:

Campesinos que marchan acosados por el hambre y las balas, obreros bananeros parando contras las imposiciones del militarismo, una pacífica población levantándose contra el olvido gubernamental de generaciones; panorama de lucha frente a un régimen caracterizado por la inercia de soluciones y la mano dura ante el justo reclamo popular.

Urabá y Tumaco hermanadas en las dificultades y en la decisión para enfrentarlas; en una y en otra el gobierno de Barco no da respuesta civilizada a las exigencias de atención inmediata a la guerra sucia contra los campesinos y obreros en la primera, y a la prestación efectiva de servicios públicos en la segunda.

Acción de masas, levantamiento contra la respuesta militarista, en el Atlántico y en el Pacifico, un solo Pueblo, varias formas de lucha, de la petición respetuosa de que habla la Constitución, de la movilización activa, en ambas el Paro Cívico General, antesala de la Huelga Nacional por la vida que prepara la CUT, en ambas represión y gobierno militar desplazando a las autoridades legítimamente constituidas.

En ambas existen condiciones para que triunfe el Pueblo. En Urabá porque no cabe la menor posibilidad que si se respeta el mandato constitucional el Consejo de Estado aprueba el “carnet de identificación” inventado por el dictador Arias Cabrales, el socio de “Paladín 6” en el Palacio de Justicia, no para frenar las matanzas contra los trabajadores sino para facilitar la acción de los asesinos, que han salido precisamente del Batallón Voltígeros con listas previamente elaboradas por el Servicio de Inteligencia de esa unidad militar, porque el General Samudio debe levantar el cerco al campesinado de Urabá convertido en “rehén” del militarismo hasta la entrega de los 22 uniformados prisioneros de guerra de las FARC en esa región; y porque en Tumaco se ha recuperado la dignidad de una comunidad que descargó toda su ira contenida durante décadas de olvido y humillación por un régimen férreamente centralista y despreocupado de las necesidades populares.

Para los comunistas la acción de masas es el fundamento de la lucha popular por sus más sentidas reivindicaciones, lucha que paulatinamente, como en la zona bananera hoy se convierte en combate por la democracia.

En Urabá y en Tumaco se han trazado enseñanzas inolvidables para todo el Pueblo colombiano, la unidad, la decisión de movilizarse y parar la conquista de los objetivos utilizando todas las formas de lucha de masas.

Se trata pues de aprender de nuestros hermanos del Atlántico y el Pacífico, y levantar la solidaridad con ellos ahora que se anuncia la aplicación del Estatuto Antiterrorista contra los dirigentes y activistas del movimiento popular. (Fin del editorial).

Honramos la memoria de quien fuera un militante y luchador incansable, abierto a los cambios y firme con la paz, un revolucionario ejemplar y un camarada inolvidable, un hombre alegre y franco que tuvo tiempo para el tango y el fútbol. Porque sus ideas siguen vivas, y su voz aún retumba en nuestros oídos, en nuestras mentes y nuestros corazones, seremos fieles a su legado.

Gráfica.- Bernardo Jaramillo Ossa . Foto archivo

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Bernardo Jaramillo Ossa UP
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Tomado de El Espectador y
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