Por Charly Morales Valido (*)

San Salvador, 3 mar (Prensa Latina) Cuando uno nace y (sobre)vive entre la violencia, la miseria y otros estigmas centroamericanos, la gloria olímpica no es precisamente una prioridad, y menos en países donde la realidad impone un duro deporte: la ‘lucha’ cotidiana por la subsistencia.
Ese es, por ejemplo, el pan nuestro de cada día en las naciones del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), más reconocidas por la crueldad de sus ‘maras’ (pandillas) que por el talento de sus deportistas.

De hecho, esos tres países solo suman una medalla olímpica, la plata ganada por el marchista guatemalteco Erick Barrondo en Londres 2012, aunque la selección hondureña de fútbol acarició el podio en Río de Janeiro 2016: Nigeria arruinó la fiesta catracha…

Pese a sus economías más sólidas y menores índices de criminalidad, Nicaragua, Panamá y Costa Rica tampoco pueden jactarse de sus resultados, aunque la nadadora tica Claudia Poll y el saltador de longitud istmeño Irving Saladino son los únicos campeones olímpicos que ha dado esta región.

DOS OROS

Claudia, cuya hermana Sylvia ganó en las albercas de Seúl 1988 una plata memorable, hizo historia el 21 de julio de 1996 al coronarse en los 200 metros estilo libre en el Georgia Tech Aquatic Center de Atlanta-96, donde venció a la gran favorita, la alemana Franziska van Almsick.

‘Todo estaba bien hecho y físicamente me sentía perfecta. Con la práctica uno sabe la forma en la que está nadando la rival y yo sentía que no me iba a poder ganar’, manifestó tiempo atrás Claudia Poll.

Tuvieron que pasar 20 años para que volviera a resonar un himno centroamericano en una premiación olímpica, y el responsable fue Saladino.

En 2006 Saladino ganó las 28 competencias que disputó, y meses antes de Beijing-2008 se vino arriba y logró catapultarse nueve metros, aunque el salto resultó nulo y acabó con una lesión que amenazó sus sueños olímpicos.

Sin embargo, el 18 de agosto de 2008 superó al sudafricano Khotso Mokoena con un vuelo de 8,34 metros, para grabar su nombre en el Olimpo y ganar una medalla que actualmente puede ver, pero no tocar, porque su padre la guarda bajo llave en una vitrina.

‘Tengo que ir a Colón para poder tomarme una foto con la medalla, porque mi señor padre dice que eso es de él y no me la puedo llevar’, relató el rey olímpico.

Así, Saladino tocó la cúspide del deporte mundial, un hombre que, como muchos panameños, soñaba con jugar béisbol y llegar a las Grandes Ligas.

ALGO MÁS QUE FÚTBOL

Aparte de las circunstancias sociales y económicas, otro factor para que Centroamérica sea una región pobre en medallas es la maldita e inevitable circunstancia del fútbol por todas partes, aunque el béisbol le disputa el protagonismo en Nicaragua y Panamá.

En países como El Salvador creen que existe vida más allá del fútbol, y con esa mentalidad encaran Tokio 2020.

‘No se puede combatir contra el fútbol’, admite Guillermo Pfaab, director técnico del Comité Olímpico de El Salvador (TeamESA). En diálogo con Prensa Latina, el exremero argentino aboga por convivir, en lugar de enfrentar, con la inevitable religión balompédica y sus dioses locales.

Sin embargo, Pfaab advierte que el balompié es un evento contemplativo, de observación, y el propósito del TeamESA es que cada vez más personas hagan deportes. ‘Que no solo lo vean, si no que participen’, enfatizó el pedagogo, de hablar pausado y metas realistas.

Ello demandará un cambio de mentalidad y un mayor acompañamiento de los gobiernos de turno, que nunca se han caracterizado precisamente por invertir en desarrollo deportivo, salvo en casos puntuales y casi siempre con un trasfondo electoral.

En tal sentido, ‘Pancho’ Pfaab aspira a que la población tenga múltiples referentes en el alto rendimiento para incentivar la práctica deportiva, y trabajar con el talento local, muchas veces abandonado a su suerte.

‘Hay mucho para hacer con lo que tenemos ahora’, enfatizó Pfaff, que puso como ejemplo la educación en materia de nutrición y de conductas alimentarias más sanas, algo más bien complicado en un país amante de las grasas saturadas y con altos índices de obesidad.

La situación es bastante similar en los demás países de Centroamérica, que encaran la cita olímpica de Tokio con más ilusiones que probabilidades de subir al podio.

Igual… ¿qué podemos esperar de la región en la Tierra del Sol Naciente?

EL SALVADOR

Hasta ahora, el velerista Enrique Arathoon es el único salvadoreño con su boleto a Tokio 2020, pero el Pulgarcito de América tiene opciones de clasificar en remo, atletismo, boxeo, bádminton, fútbol, karate, natación, tiro y surf.

Quizás ahí llegue la primera medalla olímpica para El Salvador, un auténtico paraíso para los amantes del surf, y en cuyas playas se crio Bryan Pérez, domando olas y circunstancias que una y otra vez intentaron derribarlo, sin que las caídas lo hicieran renunciar…

Ya Pérez ganó medalla de bronce en los Panamericanos Lima 2019, y si finalmente consigue un boleto podría superar la mejor actuación de El Salvador en sus 11 participaciones olímpicas, el quinto puesto de la ciclista Maureen Vergara en Atlanta.

COSTA RICA

Las hermanas Poll son las únicas medallistas olímpicas de Costa Rica, con un oro, una plata y dos bronces. Sin embargo, desde que se retiraron, el país de la ‘Pura Vida’ jamás ha vuelto a escalar un podio, pero este año podría hacerlo…

Por ejemplo, la vallista Andrea Vargas finalizó quinta en el pasado Mundial de Atletismo, y la surfista Brisa Hennessy fue campeona mundial junior en 2017. Ambas tienen su boleto, al igual que Kenneth Tencio, de BMX Freestyle, y dos ciclistas de ruta aún por confirmar.

Costa Rica aspira a llevar a 10 representantes en deportes individuales, más la selección masculina de fútbol, que luchará en marzo próximo por uno de los dos cupos disponibles en el preolímpico de Guadalajara, México.

GUATEMALA

Azotada por la pandemia de Covid-19 y tormentas políticas, migratorias y naturales, a Guatemala le vendría bien un éxito deportivo que levante la moral de un país que atesora la plata olímpica de Barrondo.

Aparte del marchista, ‘Guate’ posa sus esperanzas en el velerista Juan Ignacio Maegli, quien va a sus cuartos juegos olímpicos tras ganar el oro panamericano en Lima, así como en el pentatleta Charles Fernández, cuya progresión actual le permite soñar con una medalla.

NICARAGUA, HONDURAS Y PANAMÁ

Nicaragua debutó en Juegos Olímpicos en México 1968, y salvo el cuarto lugar de su equipo de béisbol en Atlanta 1996, su paso ha sido más bien anecdótico. Por ahora, solo la pesista María Alejandra Navarro tiene un espacio garantizado en Tokio 2020, gracias a una invitación federativa.

Una vez más, Honduras centra sus esperanzas en la selección de fútbol: el once catracho fue la revelación de Río 2016, donde cayó ante Nigeria en la disputa del bronce. Para superar aquella gesta, primero deberán lograr el pasaje en Guadalajara.

A su vez, Panamá estará en Tokio 2020 con el rutero Christofer Jurado y el maratonista Jorge Castelblanco, y aún podría clasificar en boxeo, atletismo, judo, natación, surf, golf y halterofilia. Las principales opciones de medalla estarían en la judoca Myriam Roper, actual monarca centrocaribeña.

En resumen, Centroamérica volverá a los Juegos Olímpicos para hacerlo lo mejor que puedan en estos tiempos de estrechez económica, en los que cuesta mucho descubrir talentos, pero sobre todo formarlos y curtirlos.

ft/jdg/cmv

(*) Corresponsal Jefe de Prensa Latina en El Salvador.