Por: Ricardo Robledo

Parece que no fuera necesario recordar que, a lo largo de la historia, las mujeres han participado activamente en la construcción de la sociedad, conjuntamente con los hombres; pero sí lo es, porque esto, que es tan obvio y evidente, ha sido invisibilizado por la dominación patriarcal.

No es el propósito de esta nota, hacer un recuento del accionar femenino en la historia, que resultaría numeroso y de seguro que quedarían muchos vacíos. Pero, es imposible desconocer el papel crucial que tuvieron las mujeres en la gloriosa Comuna de Paris, en la madrugada del 18 de marzo de 1871, cuando salían a cumplir las tareas del campo y vieron que los soldados del ejército oficial, retiraban los cañones de los barrios, entonces, ellas dieron la alerta a comunidad. Momentos muchas veces heroicos. Pero baste resaltar que han amamantado a todos los integrantes de las sociedades en todas las civilizaciones; es decir, siempre han estado ahí cumpliendo una labor imprescindible.

Tampoco es el momento de deshacerse en el romanticismo, aunque se sienta que, la vida de un hombre, siempre gira alrededor de alguna mujer: madre, hermana, esposa, hija, compañera, amiga.

Lo que sí hay que dejar claro es que, con las imposiciones del patriarcado y el sexismo como forma de dominación, se reproduce la sociedad burguesa, que es por demás clasista y racista.

Ha sido tal el peso de la hegemonía masculina que ha estado presente hasta en las más encumbradas direcciones de la izquierda mundial. En su libro “Rosa Luxemburgo, La liberación femenina y la filosofía marxista de la Revolución”, la escritora del marxismo humanista, Raya Dunayevskaya, relata cómo la pensadora polaca, chocó con los dirigentes de la socialdemocracia alemana, cuando la encargaron sólo de “la cuestión femenina”, pero ella quiso hablar de acuerdo con al altura de su conciencia revolucionaria y de su posición radical contra el oportunismo; entonces recibió rastreros insultos y ataques acusándola de falta de disciplina y reduciendo sus discrepancias, a lo personal.

En los casos de violencia extrema, ellas son las principales víctimas y botín en los conflictos. Aún en lo cotidiano, es aberrante y repudiable que, a estas alturas de la llamada civilización, se esté hablando de maltrato a la mujer y de feminicidios. Razón tiene Carlos Marx, cuando dice que estamos viviendo la prehistoria de lo humano. Otro mundo habrá de surgir.

Pero, una cosa es el concepto revolucionario de la emancipación de la mujer como parte de la lucha de clases y otra, bien distinta, es el feminismo como “equidad de género”, que busca la funcionalidad de las mujeres hacia el estado burgués, a la vez que sirve como discurso que arrastre seguidoras para acceder al mercado electoral.

La equidad de género o “de conducta social”, que es un término de la colonialidad, que incide sobre el tercer mundo, se olvida de las contradicciones entre explotados y explotadores, burgueses y proletarios. Como si las mujeres de las élites cuando gobiernan, y en todo momento, no expresaran la opresión de clases. Son válidas las luchas feministas por el voto, por el salario igual y muchas más, pero deben ir más allá del esfuerzo para ser ciudadanas y reconocidas en la sociedad burguesa.

En el caso de la lucha por el derecho al aborto libre y legal, algo tan representativo en la salubridad, debe relacionarse con lo emancipatorio y no reducirse al poder definir. Hay que tener en cuenta que, en la sociedad de clases, la maternidad se convierte en un drama para las mujeres y más, cuando no es deseada o es producto de un abuso; pero sobre todo por el abandono a que se ven expuestas, en lo personal, familiar, económico, sicológico y estatal. En una sociedad humanista se espera que la maternidad tenga mayor protección y cubrimiento.

Honor y gloria a las mujeres que han ofrendado sus vidas y por las que luchan a diario por un mundo más humano.

Enero 26 de 2021