Por Maitte Marrero Canda

Guatemala, 14 ene (Prensa Latina) Dos miradas enjuician hoy al presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei, la de un informe complaciente con su gestión anual y la de la ciudadanía, muy crítica por la decepción.
Hace justo un año asumió el poder el político de Vamos para luchar, según sus palabras, por una Guatemala diferente, el lema que defendió en campaña en un cuarto intento y le trajo la victoria en unas elecciones que serán recordadas como la de mayor abstencionismo.

Sin embargo, la población le dio un voto de confianza aquel 14 de enero de 2020, cuando en su discurso de toma de posesión juró con vehemencia combatir la desnutrición infantil, ‘la asquerosa y maldita corrupción’, el crimen organizado, y refundar el sistema educativo y de salud pública, entre otras prioridades olvidadas por gobiernos anteriores.

También hizo un compromiso, les voy a corresponder con trabajo, esfuerzo y honradez, dijo entonces, y en menos de un año muchas de sus promesas se quedaron a mitad o en el camino, como su invitación a la unidad nacional, a la que debió acudir en varias oportunidades.

Y es que en los planes de Giammattei no contaba un enemigo silencioso -sin partido político ni clase social-, que llegó el 13 de marzo para trastocarlo todo y sacar poco a poco a la luz la cara de un gobierno oculta bajo la euforia del primer discurso.

Ese día, el Jefe de Estado anunció en cadena nacional la entrada al país de la Covid-19, el 15, la primera muerte, y el 16 imponía un cierre fronterizo para contener la transmisión, no así la debacle económica ni las banderas blancas en señal de que Guatemala tenía hambre.

Las restricciones a la movilidad durante abril y mayo evidenciaron rápidamente el secreto a voces de ser uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y población en la informalidad (80 por ciento), la más golpeada por la crisis sanitaria.

Conforme fueron creciendo los contagios y muertes (al cierre de ayer casi 146 mil y cinco mil 80, respectivamente), el depauperado sistema sanitario público explotó por la sobrecarga de pacientes, más de mil diarios y con solo 0,4 médicos por cada mil habitantes.

También fue más evidente, la ineficiencia del Ministerio de Salud Pública para dotar a sus médicos de los más elementales recursos de protección y pagarle salarios conveniados, incluso en los hospitales temporales creados por el Ejecutivo como modelos de atención.

Las críticas aumentaron por la demora del Ejecutivo en implementar un millonario paquete de ayuda aprobado por el Congreso para paliar su impacto económico en las poblaciones más vulnerables; pero luego, porque los recursos no llegaron a sus destinatarios.

Una pregunta reiterada a viva voz, ¿Dónde está el dinero? se impuso en el panorama noticioso y marcó el despertar de las protestas en la Plaza a mediados de agosto, y luego entre noviembre y diciembre, cuando Giammattei se vio envuelto en su primera crisis política y social por la aprobación en el Congreso de un presupuesto opaco para 2021.

Los reclamos por su forma autoritaria de gobierno no solo provienen de organizaciones sociales, sino de su vicepresidente Guillermo Castillo, quien le pidió renunciar de conjunto ante las muestras de descontento y el exceso de represión policial del 21 de noviembre.

Ante las llamadas peticiones de la Plaza, Giammattei accedió a algunas, a finales de año abrió el diálogo con tanques pensantes para readecuar el presupuesto, cerró el Centro de Gobierno, considerado inoperante y costoso, y se comprometió a revisar el trabajo de sus ministros, algunos muy cuestionados, y que siguen en pie.

Llega a este día con un triunfo, la aprobación por el Congreso de una ley para la compra directa de vacunas contra la Covid-19 en pleno rebrote, aunque sin fármaco aún a la vista y mucha desconfianza por la corrupción reinante.

El periodista Fernando Barillas, en un análisis para la agencia Ocote, se pregunta cómo alguien lucha tanto por un sueño para llegar a hacer justo lo mismo que sus antecesores, e incluso un poco peor.

‘Ahí está Giammattei, culminando el primer año de su período, gobernando desde la mediocridad, el compadrazgo, la corrupción, la improvisación y la mentira’, resumió.

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