NELSON LOMBANA SILVA  01 NOVIEMBRE 2020 

Los pueblos de Bolivia y Chile han derrotado nuevamente a la criminal derecha y la injerencia indecorosa y criminal de Estados Unidos. Los hechos acontecidos han demostrado que unidos sí se puede y que los imperios no son eternos, eternos son los pueblos.

Si ellos pudieron, nosotros también podemos. La situación de Colombia es dramática y urge de un cambio estructural y profundo. El genocidio contra la oposición es una realidad irrefutable, se tiene claro que es una política de Estado. Es el accionar criminal de la mafia en el poder, que tiene secuestrado los poderes públicos con amplitud, con el aval de Estados Unidos.

Tranquilamente por estos días fue amenazado todo el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), incluyendo a nuestro querido y combativo paisano, Carlos Rivas Segura, el senador Feliciano Valencia, sobrevivió a un brutal atentado, la racha de asesinatos de los desmovilizados de las Farc – Ep continúa común y corriente y la indiferencia del gobierno es total. No se da por enterado.

Estados Unidos intercedió directamente por intermedio de su secretario de Estado, Mike Pompeo, para que fuera puesto en libertad el narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez, quien en recompensa por este favor, junto a su monigote presidente Duque, se prodigó a fondo para atentar contra la principal refinería de petróleo de la hermana República Bolivariana de Venezuela, según denunció el presidente constitucional de este país, Nicolás Maduro Moros. Amuay, se llama dicha refinería, la cual se encuentra en la península de Paraguaná, en el estado Falcón. Un proyectil al parecer de misil, impactó generando deterioro en ésta.  

Además, en una condición de extrema sumisión al imperio del norte, la corrupta oligarquía colombiana se ha alineado a Donald Trump en su campaña reeleccionista, tirando por la borda una vieja tradición de supuesta neutralidad en los asuntos internos del gran imperio. Una elección que como dijo el semanario VOZ La verdad del pueblo, que entre el diablo y escoja. Eso lo dice todo.

La pandemia del Covid – 19, ha servido para dos cosas: Inmovilizar al pueblo y hacer más rico a los ricos. Quien ha sacado partida y de qué manera a este drama de salubridad pública, ha sido el grupo Aval, el gran negocio de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Junto a los demás monopolios, ha sacado ganancias asombrosas e indignantes, sin el más elemental sentimiento de humanismo y solidaridad hacia el pueblo.

Unidad y acción
La izquierda colombiana debe plantearse en serio la toma del poder. Para ello debe abrirse a la más amplia coalición sin limitaciones de ninguna naturaleza. Se debe configurar una izquierda realmente revolucionaria. No puede seguir sacando pretextos para continuar unida. Esos seudo revolucionarios que hay agazapados cumpliendo su labor de zapa en favor del enemigo de clase, deben ser desnudados y puestos en la picota pública. Con ellos no más conciliación, esperando un milagro, que seguramente nunca llegará.

Avanzar bajo la lupa escrupulosa de la crítica y la autocrítica, nos debe llevar a un punto central de poder decir qué realmente tenemos para ser opción de poder en el 2022. La celada que prepara la derecha usando seudo izquierdistas, debe ser conjurada de una manera clara y contundente con la denuncia oportuna y el coraje de quienes realmente soñamos con un cambio real y concreto en favor del pueblo colombiano. No más ambigüedades. No más pañitos de aguas tibias. Al pan, pan y al vino, vino.

Mientras sigamos esperando lo que nunca habrá de llegar, seguiremos en un vaivén incierto, soso y contraproducente. El país nacional debe saber con claridad quien es quien, con qué contamos y qué necesitamos para ser opción de poder. Es hora de las definiciones.

La ensangrentada Colombia no da más espera. No podemos seguir discutiendo pequeñeces, hay que pensar en grande con decisión y grandeza. No más divisiones por un punto y coma o unas simples comillas; no más debates eternos entre lo mismo y lo mismo. No más burocracia izquierdosa. A la calle, a la vereda con el discurso sencillo y directo, pero sobre todo con el ejemplo. El casa a casa. Orientar, educar y crear conciencia de clase. En realidad se necesitan maestros de la revolución. Si Bolivia y Chile pudieron, los colombianos también podemos. Menos discurso y más acción bajo la bandera inmarcesible de la Unidad.