Por: Gina Rojas Fernández, MD
Activista por los Derechos de la Salud.Bogotá.

Recientemente un médico de apellido Salazar residente en la ciudad de Cali, en medio de unas declaraciones dadas en el programa Nocturna de RCN radio, propuso a los médicos desobedecer los protocolos y recomendaciones de la OMS y lanzarse a realizar tratamientos médicos aunque no tengan evidencia científica de eficiencia y seguridad.

Como médico que soy y además progresista, es mi deber explicar la importancia del método científico y la evidencia científica para nuestra práctica médica.
Empezaré contando que la medicina, desde sus orígenes Helénicos, se ha venido debatiendo entre diferentes modelos que han incidido en su puesta en práctica. Mientras Hipócrates abogaba por la tradición higiénica y una asistencia médica de carácter colectivo, siglos más tarde Galeno marcó la pauta con la adscripción a Panacea (diosa de la cura individual), el estudio de las partes del cuerpo humano y la prescripción de numerosos fármacos.Dando un salto en el tiempo, en los siglos XVII y XVIll se instaura la cuantificación de las enfermedades como componente metodológico que confiere rigor científico a las ciencias médicas.

Progresivamente, la estadística emerge como pilar y baluarte de la ciencia epidemiológica. A principios del siglo XX se produce un acontecimiento que probablemente marca el desarrollo y explica el momento actual de la medicina. En 1914 en USA se decide crear instituciones educativas para formar profesionales y, para ello, planea un proceso de selección entre varias propuestas ganando la de la Universidad Johns Hopkins, que inspiróo su modelo biomédico en el informe Medical Education in The United States and Canada de Abraham Flexner, que realzaba el conocimiento experimental basado en la investigación realizada generalmente sobre enfermedades infecciosas, estableciendo una separación entre lo individual y lo colectivo, lo privado y lo público, lo biológico y lo social, lo curativo y lo preventivo.

Actualmente, habida cuenta de que la estadística convencional resulta impropia para tomar decisiones clínicas al constatarse una tendencia masiva orientada hacia la dicotomización de los resultados de las investigaciones científicas, surge la necesidad de profundizar en los modelos probabilísticos a la hora de evaluar las investigaciones médicas. Se destacan los métodos basados en la teoría de Bayes, que se aproximan a conocer la probabilidad de que los sucesos sean de una manera determinada en función de lo que se observa en la realidad, lo que facilita la toma de decisiones clínicas Esla corriente basada en los modelos probabilísticos entronca con la práctica de la medicina basada en la evidencia (MBE), al utilizar de manera consciente, explicita y juiciosa la mejor evidencia científica disponible a la hora de tomar decisiones sobre la atención a los pacientes.

SI bien es cierto, que a partir de los años 70, el método científico actual ha sido cuestionado por ser meramente cuantitativo, y debido a la complejidad poliédrica del ser humano se ha planteado mezclarlo con un método cualitativo que incluya las dimensiones ontológica, epistemológica, metodológica, metódica y estratégica o técnica, sigue siendo la MBE el método rigurosamente utilizado para la toma de decisiones en cuanto a la aplicabilidad de las nuevas tecnologías o tratamientos médicos. Otro punto es el conflicto de intereses en un determinado manuscrito cuando un participante en el proceso de su redacción, revisión y publicación -autor, revisor o editor- tiene vínculos con actividades que pueden influir su JUICIO en forma inapropiada, independientemente de si dicho JUICIO fue o no afectado.

El conflicto de intereses mas común reside en las relaciones financieras con una compañía de la industria farmacéutica (por ejemplo a través de empleos, consultorías, propiedad de acciones, honorarios, informe como experto), directamente o a través de lazos familiares inmediatos. Sin embargo, el conflicto se puede producir también por otras razones, tales como relaciones personales, gubernamentales, rivalidad académica, o pasión intelectual.

La confianza pública en el proceso de revisión por pares y la credibilidad de los artículos publicados dependen en parte de cuan bien se maneje el conflicto de intereses durante la redacción del manuscrito, su revisión por pares y la toma de decisiones por los editores. A menudo puede identificarse y eliminarse un sesgo mediante una cuidadosa atención al método científico y a las conclusiones del trabajo. Los participantes en la revisión por pares y en la publicación del manuscrito deben declarar si tienen conflicto de intereses con los autores o su trabajo y esta información debe darse a conocer para que otros puedan juzgar sus efectos por sí mismos.

Debido a que los lectores pueden estar menos capacitados para detectar un sesgo en los artículos de revisión y en las editoriales que en los artículos de investigación, algunas revistas no aceptan revisiones o editoriales escritas por autores que tengan conflicto de intereses.SI tenemos en cuenta que los medicamentos son sustancias químicas que tienen efectos secúndanos en el ser humano, antes de prescribir un medicamento que ha sido científicamente comprobado para ser usado en una determinada patología, generalmente la recomendación del facultativo va en torno a esos efectos secundarios, entonces es común escuchar al médico cuando extiende la formula decir al paciente “es probable que sienta mareo, o tenga vómitos o diarreas o una coloración amarillenta de la orina, etc”.

De acuerdo al método científico los médicos ponemos en la balanza de un lado el riesgo que significa el consumo de dicha sustancia química necesaria para tratar una enfermedad (medicamento) y del otro lado el beneficio que puede traer a la persona; sólo cuando el beneficio es mayor al riesgo que puede traer al organismo, se decide prescribir tal medicamento. Este riesgo, que es soportado por el enfermo y debe ser asumido por el galeno, obviamente tiene unas implicaciones legales, dado que el afectado puede recurrir a la justicia en caso de sentirse perjudicado. Actualmente, el elemento más aceptado en relación con la obligación de reparación por el hecho de terceros es la obligación de seguridad y garantía.

Hasta la fecha no existe evidencia científica de la existencia de un medicamento que cure el COVID-19, y aunque han surgido numerosas teorías y estudios científicos que demuestran la utilidad de ciertas sustancias para el Tratamiento del COVID in vitro (en el laboratorio} no existe evidencia científica de la utilidad de dichos medicamentos en ningún ser humano (un vivo). Por lo anterior resulta realmente temerario que un médico graduado en una universidad desconozca el método científico para la toma de decisiones y solicite a los demás profesionales de la medicina que sin ninguna evidencia científica se lancen a utilizar medicamentos para los cuales se desconoce aún el nesgo que puede ocasionar sobre una persona que padece COVID 19.

Tampoco es cierto que ante la ausencia de un medicamento eficaz para el manejo del COVID t9, el protocolo de la CMS sea solamente suministrar acetaminofén, todo lo contrario, está establecido que el manejo se hará de acuerdo a los síntomas que presente el paciente: si tos antitusivos, si fiebre antipiréticos, si broncoespasmo broncodilatadores, etc, así como las medidas higieno-dieteticas recomendadas. Otra cosa sería que las EPS, por motivos de la contención de costos que aplican para sus fines mercantilistas, restrinjan  la utilización de medicamentos para el manejo del COVID 19 pero no tengo ninguna prueba para aseverar tal afimación, pues desconozco si quienes llaman a los pacientes que padecen tal enfermedad a dar las recomendaciones son médicos o técnicos en salud.

Con respecto a la mala práctica médica, ésta se podría definir como una situación de impericia, negligencia o indolencia profesional, donde el galeno produce un resultado que no previó, que no anticipó y que sin embargo era anticipable, representable y objetivamente previsible. Y donde la imprudencia grave es entendida como la omisión de todas las precauciones exigibles que debieron adoptarse en el suceso o evento de que se trate, o al menos de las más elementales o rudimentarias y es sancionada a título de delito. 

En conclusión, aunque se hace necesario un tratamiento eficaz para el manejo del COVID 19 hasta que el método científico no establezca la eficacia de una nueva tectología o medicamento, no es recomendable, bajo ninguna circunstancia, experimentar con los pacientes bajo suposiciones o presunciones que nada tienen que ver con la Medicina Basada en la  Evidencia, so pena de incurrir en actos médicos absolutamente perjudiciales tanto desde el punto de vista ético, como legal.
Foto. Dra. Gina Rojas