Por Orlando Oramas Leon

La Habana, 18 may (Prensa Latina) Inicia hoy en Cuba otra jornada en la batalla contra la Covid-19, con signos alentadores, pero aquí siguen esperando que Estados Unidos se pronuncie sobre el atentado contra su embajada en Washington.

Han transcurrido 18 días desde que la sede diplomática cubana en la capital estadounidense recibiera 32 balazos de un fusil de asalto, sin que el gobierno de Washington cumpla con su deber de informar oficialmente al respecto.

No resulta un capricho de la isla caribeña, porque hay legislaciones a las cuales tiene que responder la Casa Blanca, en particular cuando es responsable de la seguridad de embajadas y otras oficinas y representantes extranjeros legalmente establecidos en el territorio de la nación norteña, opinan aquí.

Sobre todo cuando las representaciones de Cuba en Estados Unidos, incluso diplomáticas y otras, y en otras naciones, han sido objeto de actos terroristas en los últimos 60 años.

El listado es largo y también el número de víctimas fatales, con saldo negativo en la impartición de justicia en las cortes del país cuyo gobierno alentó, financió y, más de una vez, se hizo el desentendido por tales desmanes.

La historia recoge varios momentos en los cuales La Habana alertó de planes terroristas desde Estados Unidos en su contra, pero también en el propio territorio estadounidense, incluso respecto a la vida de algún presidente de turno.

El ataque a la sede diplomática de la isla en Washington, el 30 de abril, parece ocasión propicia para que el gobierno de Donald Trump sea serio, cumpla con sus compromisos e informe a Cuba sobre el atentado, según demandan reiteradamente altos funcionarios de la isla.

Sobre todo cuando la pandemia de la Covid-19 precisa concentración y cooperación mundial, la cual la Casa Blanca desdeña cuando se trata de su vecina isla caribeña, que no obstante, y pese al bloqueo de su poderoso vecino, está venciendo.

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