OPINIÓN |

Por Roberto Hernández Montoya

Imposible ganar una discusión al fascismo. Si la ve perdida recurre a su último expediente: cambiar de tema e iniciar otra porfía. No le importa la derrota porque no tiene honor. Y no tiene deso porque el fascismo es odio en estado puro, un sentimiento que arrasa los demás.

Por eso tampoco le vale ganar. Lo que explica no solo por qué no sabe perder sino por qué tampoco sabe ganar. Te mata y escupe sobre tu tumba. Mira lo que profiere de Chávez o de Robert Serra.

Por eso Trump es su héroe máximo. Rico, brutal, ignorante, torpe, malcriado, muérgano, ridículo, sicópata, veleidoso, soberbio. No se consiente la menor virtud. Dice que hay que inyectarse desinfectante y luego de cien intoxicaciones alega que lo dijo echando vaina y que no asume la responsabilidad.

Para esa gente el honor es una desventaja y por tanto un defecto. «Si no eres un tiburón es porque eres un perdedor», le inculcó a Donald Trump su padre desde chiquito, sí, el del Ku Klux Klan. Estresante disyuntiva. Debe ser agotador y será por eso que siempre lo vemos exaltado. Es soberbio porque es inseguro.

Pero el odio no sale de la nada. Hay un ámbito óptimo para su génesis: el dominio del gana-pierde, en que tu triunfo es mi derrota. Pero no es siempre un combate porque también hay ganadores y perdedores de nacimiento, la “gente bella”, rica, bien vestida vs. la gente fea, de color erróneo, pobre, tierrúa, chancletúa, que tiene dos strikes apenas sale a batear.

En 21 años hemos visto en Venezuela cómo la gente bella no se limita a desdeñar a la fea, sino que la odia encarnizadamente, que apenas una persona pobre disfruta de privilegios a que supuestamente solo la burguesía tiene derecho, estallan en un rabieta histérica en que se justifica quemar gente viva, tensar guayas para degollar motociclistas, comportamientos típicos de gente decente y pensante.

Porque para el fascismo la igualdad es trágica. Antes la muerte que igual. Pero ¿cómo personas comedidas y apacibles se vuelven fieras apenas los medios insinúan medidas destinadas a reducir la pobreza?.

Hipótesis: el espejismo aspiracional de la media clase que, como decía Aníbal Nazoa, se medio compromete cuando medio le conviene.

@rhm1947 TINTA REPÚBLICA

/maye