NELSON LOMBANA SILVA |PACOCOL.ORG| 27 ENERO 2020

La crisis global del capitalismo es indudable. Cada vez es más incapaz de resolver los distintos problemas de la sociedad, la naturaleza y el medio ambiente. Cada vez necesita depredar más y sumergirse en las aguas turbias de la corrupción y la brutal explotación del hombre por el hombre.

Sin embargo, aún no está vencido ni tampoco se podría decir que su derrota definitiva estaría a la vuelta de la esquina. Su poderío es indudable. Esto no puede ser motivo para caer en el marasmo del pesimismo y afirmar que el capitalismo es invencible. Nada de eso.

La mejor manera para entender este monstruo que significa el capitalismo con todas sus contradicciones, es acudiendo a las categorías clásicas del marxismo y el leninismo. Volver a ellas con espíritu dialéctico y creativo será fundamental para comprender el monstruo por dentro y comprender que la lucha del pueblo no es estéril, por el contrario, es el único sujeto capacitado y predestinado a hacerlo añicos, saliendo de sus entrañas putrefactas un nuevo sistema social y político comprometido con los intereses del pueblo en su conjunto: El Socialismo.

Si no tenemos claro el pensamiento científico elaborado por Carlos Marx, Federico Engels y V. I. Lenin, entre otros, estamos condenados a dar palos de ciego y sobre todo entrar en una especie de desespero porque los cambios no se dan ya. Algunos pensaron ingenuamente que las movilizaciones del 21 de noviembre y diciembre de 2019, doblegarían fácilmente las posturas oligárquicas y criminales de Duque y Uribe. Incluso, pensaron que era suficiente.

Vayamos al otro extremo. Algunos consideran que las apoteósicas y combativas movilizaciones no tuvieron ningún impacto, ninguna consecuencia a favor del pueblo. Tampoco esto es cierto. Tuvo y tiene su impacto, en la medida en que el pueblo descubre que el cambio de modelo está básicamente en sus manos a través de la unidad, la movilización, la politización y la conciencia de clase.

Lo interesante es que no solo lo entendió así, sino que se atrevió a enfrentar el régimen criminal y corrupto con gallardía, decisión y coraje. Se pudo mostrar al mundo su criminalidad y sus nexos con la mafia del narcotráfico y su política terrorista expresada en lo llamado eufemísticamente paramilitarismo.

¿Qué enseña el marxismo y el leninismo? Que los procesos no se dan de un solo golpe. Es todo un proceso con avances y retrocesos, errores y aciertos, lleno de vicisitudes complejas y victorias parciales. Enseña que los cambios se dan a partir de la contradicción, las que cada vez se va haciendo más compleja y dinámica.

Si tenemos claro estas categorías como la lucha de clases, la táctica flexible y la estrategia radical, la unidad como táctica y estrategia a su vez, como la concebía el heroico guerrillero Ernesto Che Guevara, podemos dimensionar lo que se ha hecho y las perspectivas de avanzar en la lucha denodada por una segunda y definitiva independencia, durante las movilizaciones de 2020, que debe concretarse, dicho sea de paso, en un Paro Cívico Nacional Indefinido.

Claro, hay que seguir acumulando fuerzas, erradicando el analfabetismo político de las masas, sobreponiéndose al terrorismo de Estado y desde luego, al pesimismo y el derrotismo que muchas veces afloran en distintos sectores y dirigentes altamente burocratizados o carentes del marxismo y leninismo.

En esta dura lucha, no se puede satanizar ninguna forma de lucha que el pueblo se invente para enfrentar esta criminal oligarquía que no ha renunciado a combinar todas las formas de criminalidad contra el pueblo. A nuestra forma de pensar, todas las formas de lucha siguen siendo válidas en Colombia, en el continente y en el mundo.

La huelga es una de ellas. Hay que fortalecerla en Colombia, acentuando la unidad en los puntos coincidentes. Una plataforma mínima que recoja el sentir de todos los sectores del pueblo colombiano debe ser suficiente para salir a la calle con la fe del carbonero. Hay que escuchar a Carlos Marx cuando dice: “Todo problema teórico se resuelve en la práctica”. Eso quiere decir: Más práctica y menos teoría y sobre todo, discusión bizantina.

El Partido Comunista, el partido más consecuente y radical con la revolución socialista, debe estar en esa dinámica. Cada comunista debe estar en primera línea con iniciativa, enseñando más con el ejemplo que con la palabra. Adiós al burocratismo. Combatiendo la anarquía, el pesimismo, el analfabetismo político, el personalismo y el sectarismo. El comunista tiene la obligación moral de darle contundencia a la lucha contra el paupérrimo gobierno de Iván Duque y Uribe Vélez. Como diría Fidel Castro: “¡Basta de palabras, hechos!”