Por: Cicerón Flórez Moya

Cúcuta, sin duda, es una ciudad adorable y son muchas sus posibilidades, lo cual depende de la capacidad de emprendimiento de quienes tienen su manejo. Pero su realidad no es la que se describe en la separata de la revista Semana con el título “Cúcuta se reinventa”, en la edición 1.962 (8 al 15 de diciembre). Ese maquillaje tiene el acento de la propaganda publicitaria. Se trata de un masaje mediático con el cual se busca mejorar la imagen del poder municipal, bastante maltrecha por lo errática que se percibe la gestión oficial.

El informe de la revista Semana está sobredimensionado y por consiguiente no acierta en la muestra que ofrece sobre las condiciones predominantes en la actualidad, que son complejas, de inocultable crisis y exigen un tratamiento a la medida de semejante resquebrajamiento. La información no es veraz y no resiste un análisis riguroso, así se apoye en fuentes que le merecen credibilidad.

Los mismos indicadores oficiales muestran a Cúcuta en una situación de emergencia. El desempleo y la informalidad están a la par o por encima con el registro de esa precariedad en otras ciudades. Hay una pobreza imposible de ocultar. Más del 80 por ciento de la población está en los estratos 1, 2 y 3. El desarrollo social tiene carencias bien ostensibles, con necesidades insatisfechas acumuladas en un alto nivel. Y esto no puede achacarse a la migración venezolana. Se trata de un problema crónico, propio de una estructura económica demasiado débil.

Cúcuta, con un comercio muy activo, a lo cual contribuye la clientela venezolana –y la ola actual es de auge-, genera un aporte apreciable a la economía colombiana. Sin embargo, ese rendimiento no se traduce es buenas condiciones de vida para sus habitantes. Es una economía que no genera bienestar social y por consiguiente, los problemas son recurrentes. Las obras de la administración no dejan de ser paños de agua tibia para un mal agravado. La visión que se tiene es cortoplacista y se queda en lo decorativo sin tomar en cuenta que lo fundamental debiera ser un desarrollo de largo aliento y sostenible para sacar a Cúcuta de estrecheces que dejan efectos desalentadores para su población.

Los desajustes predominantes, debidos a la politiquería y la corrupción, han llevado a la gente a alinearse en la inconformidad y ese descontento tuvo expresión en las elecciones del 27 de octubre. El triunfo de Jairo Yáñez para la Alcaldía es una notificación a tomar en cuenta.
Cúcuta si necesita una reingeniería renovadora. A partir del 1 de enero de 2020 hay que dar el salto con una dinámica que le ponga fin al atraso. Es la responsabilidad que asumirá Jairo Yáñez y no podrá ser inferior al mandato recibido, así los nuevos viudos del poder quieran meterles palos a sus ruedas. El diagnóstico está hecho y lo que sigue es hacer puntual y efectiva la fórmula de la curación. No se debe perder tiempo. Hay que actuar.

Puntada

Lo dicho por el director de Corponor Gregorio Angarita Lamk en defensa del páramo de Santurbán debe convertirse en causa de todos los nortesantandereanos. Se trata de preservar una fuente de agua que no puede quedar sometida al codicioso empeño de los depredadores que llegan es pos del oro para aumentar su riqueza en perjuicio de la comunidad.

Cicerón Flórez Moya