Por: Jaime Araujo Frias

Se ha dicho que el Golpe de Estado perpetrado por la oligarquía boliviana a Evo Morales fue por sus errores. Es cierto. El golpe se está llevando a cabo con Biblia y fusil en mano para salvar al pueblo boliviano de los terribles errores que significa que los pobres coman y tengan educación, que los indígenas sean tratados como seres humanos y puedan vivir sin pedir permiso a nada ni a nadie.

Únicamente en este sentido se puede decir que Evo es el culpable del golpe de Estado. Pero no solamente Evo, sino también el pueblo boliviano por creer en lo que Evo cree. Y con pueblo nos referimos a los millones de personas que históricamente fueron excluidos por cuestiones de raza, clase social y género. A los que con Evo le perdieron el miedo a las oligarquías blancas y propietarias que les maltrataba y humillaba. A los que, en suma, con Evo creen en una Bolivia para todos.

Visto desde la perspectiva de las oligarquías blancas y propietarias, Evo se equivocó. Sí. Se equivocó al cuestionar las certezas de los Camacho, de los Áñes, de los Kaliman. Esas certezas que históricamente para los millones de pobres e indígenas significó hambre, explotación y muerte. Esas certidumbres en las que durante mucho tiempo se había fundado la riqueza de las oligarquías bolivianas: la sangre del pobre, del indígena, del campesino. Pero llegó Evo y les cambió las certezas. Les demostró que los pobres e indígenas también son seres humanos igual que todos. ¡Grave error!

¿Cómo era posible que un indígena cocalero y adorador de la “Pacha-mama” y no del verdadero dios le enseñe a la clase blanca y propietaria? Eso era un escándalo, y dios perdona el pecado, pero no el escándalo. Le podían perdonar “el pecado de ser indígena”, pero no el escándalo de atacar al mismísimo dios: el dinero. Por lo tanto, había que sacarlo del gobierno vivo o muerto, pero había que recuperar Bolivia para dios.
La expresión racista “sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas”, corresponde a la autoproclamada presidente Jeanine Ánez, y condensa el proyecto de país de las oligarquías bolivianas. Ese proyecto que la Constitución Política de Evo de 2009 truncó al reconocer como sujetos de derechos a los indígenas. Lo cual era incompatible con las certezas de los teóricos del pensamiento moderno que sustenta las instituciones políticas y jurídicas de las oligarquías desde hace 200 años. Entre los que destacan Locke, considerado padre del constitucionalismo; Montesquieu, padre de la división de poderes; y Kant el padre de los derechos humanos.

¿Cómo era posible que el indígena Evo desafiara las certezas de los teóricos modernos? Al parecer Locke lo tenía muy claro, decía que los nativos del continente americano estaban muy cercanos a las “bestias salvajes” (Losurdo, 2007). Montesquieu por su parte sostenía que la esclavitud para los pueblos de climas cálidos, entre los que está los pueblos africanos y americanos, era una consecuencia derivada de causa natural. Y Kant, siempre tan seguro de sí mismo, afirmaba que “la humanidad alcanzaba su máxima perfección en la raza de los blancos” (Baggini, 2019). El concepto de ser humano de estos pensadores jamás alcanzó a los indígenas. Por eso para las oligarquías aparecía como un grave error que los indígenas sean reconocidos como sujetos de derechos.

En suma, lo cierto es que para las oligarquías y para los teóricos que sustentan la perfección y superioridad de pensamiento del hombre blanco y propietario, el indígena por naturaleza está para ser esclavizado y condenado a la servidumbre. Lo que pretendemos decir, finalmente, es que para las clases dominantes los gobiernos que defienden causas populares, como Evo, son vistos como graves errores. ¿Por qué será? ¿No será acaso porque eso que llaman graves errores de Evo les impide seguir haciendo del hambre y de la desnudez del pobre e indígena el fundamento de su riqueza?

Referencias bibliográficas
Baggini, Julian (2019). Cómo piensa el mundo. Una historia global de la filosofía. Barcelona: Planeta.
Losurdo, Domenico (2007). Contrahistoria del liberalismo. Mátaro: El Viejo Topo

Jaime Araujo Frias

Egresado de la maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos (UNMSM-Perú). Abogado. Bachiller en Filosofía. Director del Centro de Estudios Disenso.