Por Adriana Robreño*

La Habana(Prensa Latina) Equivocado estaba el presidente estadounidense, Donald Trump, cuando culpó a Asia de ensuciar los océanos del mundo, pues en realidad gran parte de los contaminantes provienen de países como el suyo que exportan los desechos al Oriente.

Es una especie de guerra secreta lo que han declarado naciones como China, Filipinas, Indonesia y Malasia a los envíos provenientes de Norteamérica y Europa principalmente.

La situación es compleja porque actualmente solo una pequeña parte de los desperdicios se reciclan y el resto acaba en lo que hoy se conoce como el vertedero del planeta, ubicado precisamente en las costas del sureste asiático.

Malasia fue uno de los Estados que protestó ante la acusación y la ministra de Energía, Tecnología, Ciencia, Cambio Climático y Medio Ambiente, Yeo Bee Yin, expresó: ‘Odio que mi país sea considerado el vertedero del mundo desarrollado’.

En mayo pasado, el gobierno malasio dijo que devolvería 60 contenedores con tres mil toneladas de residuos plásticos no reciclables a sus 14 países de origen, entre los que se encuentran Estados Unidos, Australia y España.

‘Estos contenedores fueron traídos de manera ilegal al país bajo una declaración falsa y otros delitos que claramente violan nuestra ley ambiental’, ya que estaban incluidos materiales no reciclables, señaló la ministra Yeo.

La funcionaria se refirió a cómo los ciudadanos de las naciones más industrializadas desconocen que gran parte de su basura no es procesada adecuadamente, sino que acaba en países asiáticos, donde se quema, liberando gases tóxicos a la atmósfera, o termina en un vertedero, contaminando el medioambiente.

Malasia siguió los pasos de su vecino Filipinas, cuyo presidente, Rodrigo Duterte, ordenó anteriormente la devolución a Canadá de 69 contenedores con mil 500 toneladas de desperdicios no reciclables que, según el gobierno de Manila, fueron enviados allí entre 2013 y 2014 de forma ilícita.

UN MOTÃ’N DE BASURA CRECIENTE E IRRECICLABLE

Históricamente, el negocio de la basura resultó beneficioso tanto para quien la generaba como para el que la recibía. En 2016, China recibió la mitad de los residuos mundiales de plástico, unas 600 mil toneladas por mes, considerado entonces un récord histórico.

El gigante asiático usaba el plástico para generar energía o resina y varias compañías privadas intermediarias ganaban millones.

Sin embargo, esa idea -aparentemente útil para ambas partes- caducó cuando los chinos percibieron que parte del material era de mala calidad y de difícil reciclaje, por lo cual terminaba en ríos y mares.

El problema principal radica en que, camuflados en desechos reciclables, los exportadores mandan materiales de un solo uso imposibles de descomponer y su incineración desprende gases contaminantes a la atmósfera.

Fue así que Beijing, tras 25 años de comprar la supuesta basura reciclable de Occidente, comenzó a prohibir su importación en julio de 2017 y de manera radical lo impidió en 2018.

Con esta decisión China se convirtió en el primer país de la región en tomar medidas drásticas contra la creciente contaminación.

Las abruptas restricciones causaron preocupación a la enorme cadena que formaba parte del negocio, desde empresas de gestión de desperdicios hasta pequeños recicladores municipales en Estados Unidos y otros países desarrollados.

Tras un primer momento de pánico, las compañías privadas dedicadas a la industria del reciclaje inmediatamente se desplazaron a otros países del área como Malasia, Vietnam o Tailandia, donde la regulación era más laxa y apenas había controles.

En julio de 2018 Vietnam suspendió el otorgamiento de licencias para la compra de desechos mientras miles de toneladas de basura se le acumulaban en sus puertos.

Tailandia se sumó a la lista y prohibió en los próximos seis meses la importación de más de 400 tipos de desechos de productos electrónicos y en dos años no se podrán entrar al país otras sustancias que determinaron las autoridades.

Indonesia también decidió devolver a inicios de julio 49 contenedores provenientes de Estados Unidos, Australia, Francia y Alemania que contenían mezcla de basura, desechos plásticos y materiales peligrosos que violan las normas de importación, indicaron las autoridades aduaneras.

Aunque el Convenio de Basilea, firmado por 170 países en 1989, regula la generación, manejo, movimientos transfronterizos y eliminación de desechos peligrosos tal parece que existe un limbo donde nadie sabe exactamente qué hacer con lo que no necesitamos más.

Otra de las preocupaciones actuales radica en que las medidas de los gobiernos asiáticos contra los desechos no hacen distinciones claras entre la basura realmente peligrosa y la que sí puede procesarse de manera segura, explicó Douglas Woodring, fundador de la organización ecologista Ocean Recovery Alliance.

Al imponer prohibiciones totales a la basura ‘se corre el riesgo potencial de dañar el negocio de los recicladores’ y de empeorar la situación de los desechos plásticos, comentó al diario New York Times Kakuko Nagatani Yoshida, del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente.

RECICLAR, UNA SOLUCIÓN INCOMPLETA

Analistas reconocen la existencia de un grave problema a nivel global que probablemente no se solucione con el reciclaje porque el origen está en un modelo de consumo irracional e insostenible del que todos son conscientes, pero pretenden solucionar con parches.

En una entrevista a la cadena rusa RT, el profesor de Educación Ambiental de la Universidad de la Sabana de Colombia Jefferson Galeano manifestó que lo importante no es qué hacer con la basura, la solución al dilema está en crear políticas públicas para evitar generarla.

En ese sentido se han dado pasos como el de la Comisión Europea que prohibió para el 2021 el uso y la venta de productos plásticos de un solo uso como cubiertos, platos y absorbentes o pitillos.

Los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en su reciente cumbre celebrada en Bangkok, Tailandia, asumieron el reto de fortalecer normas y leyes para combatir la contaminación marina principal consecuencia de la acumulación de residuos.

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* Periodista de la redacción de Ciencia y Técnica de Prensa Latina