Todo, absolutamente todo lo que está ocurriendo en Venezuela se debe a la voracidad con que el capitalismo y su principal brazo ejecutor, el imperialismo occidental, necesitan apoderarse de las enormes riquezas que posee el país caribeño.

El resto de lo que se habla habitualmente, como ser: las acusaciones de “dictador” a un presidente legítimamente elegido, la designación desde Washington de un presidente títere, o los llamamientos que se hacen desde la secretaria general de la OEA y los arrodillados países del Grupo de Lima, es solo un operativo de distracción mediática para encubrir el objetivo principal. Vienen por más territorios, más dinero, más poder. Es su esencia y plataforma de sobrevivencia a futuro. 

Estas verdades que generalmente conocemos los que militamos en el campo internacionalista, porque se han ido repitiendo década tras década  en otros países y otros continentes, no es la información que maneja la mayoría de las mujeres y hombres de nuestros pueblos. Esto ocurre porque la campaña de mentiras que ahora descargan sobre el proceso revolucionario venezolano, es de la misma envergadura que la que utilizó en su momento Estados Unidos para invadir y destruir Iraq o Libia.

O sea, que hay que tener un alto grado de conciencia y suficientes anticuerpos para que la campaña de intoxicación no termine confundiéndonos. Por eso, como bien señalaba Fidel Castro, estratega excepcional:  “nuestras verdades hay que repetirlas hasta el cansancio”. Se refería a la indispensabilidad de que dichos conceptos  entren en el cuerpo y el cerebro de quienes se ven afectados a diario por la desinformación. Esto es lo que estamos obligados a hacer hoy con Venezuela quienes somos comunicadores populares, como otra forma más de apoyar a su pueblo en la grave contingencia que se encuentra por enfrentar valientemente al Imperio.

Allí donde nos encontremos, la mejor forma de ayudar a frenar el “ataque final” es (otra vez Fidel lo anticipaba) es revolucionar nuestros propios escenarios.  Primero, machacando informativamente. Mostrar lo que ha avanzado socialmente el pueblo venezolano con su Revolución, cuantos millones de viviendas se han construido, cuanta buena educación y mejor salud han conseguido en estos 20 años, de qué manera han logrado empoderarse y a pesar de los ataques permanentes, salir adelante.

Comparar estas realidades con las tragedias que vivimos en nuestros países en todos los rubros antes mencionados. Reafirmar una y otra vez, que los miles de nuevos desocupados, que la falta de viviendas, que la inflación imparable, que la represión a la protesta, ocurre en Argentina y cualquiera de los países que hoy piden la cabeza de Maduro, producto, precisamente, de lo que el pueblo venezolano ha decidido intentar dejar atrás.  Ese estigma tiene un solo y desagradable nombre: capitalismo salvaje.

Segundo: para que cualquier aventura bélica imperialista no solo encuentre a las y los venezolanos de pie, sino que Estados Unidos tenga que pagar un costo en todo el continente.  Por otra parte, es fundamental definir que se acabó la etapa en la que el imperialismo (el estadounidense y el de la Unión Europea) amenazaba, ahora han decidido pasar a la acción directa y en ese aspecto todas las alternativas están abiertas.

O sea, nos han declarado la guerra, no solo a las y los venezolanos sino a todos y todas los que habitamos la Patria Grande. Guerra integral en la que nuestros enemigos no se privan de utilizar todos los recursos para derrocar al sucesor del Comandante Hugo Chávez, de la misma manera que lo asesinaron a éste con total impunidad. Guerra económica, política, diplomática y a pocos pasos de que también sea militar. Incluso, tienen la desfachatez de dar ultimátums exigiendo las elecciones “libres” sabiendo que las mismas ya fueron realizadas en mayo pasado y para su desgracia, ganó Maduro.

En esta guerra, hay algo que los enemigos de Venezuela Bolivariana no logran desestabilizar, a pesar de que lo intentan desaforadamente. Por un lado, el sentimiento patriótico que cada habitante de ese país demuestra todos los días.

Lo hizo masivamente en cada votación, lo repitió Maduro y todo el alto mando cívico-militar al no recular frente al ataque artero con drones para asesinarlo (las fotos de ese día son más que elocuentes), lo volvió a manifestar esta semana el canciller Jorge Arreaza en el recinto de la ONU, allí en el corazón del monstruo, cantándoles cuatro verdades en su propio rostro, y si faltaba otro ejemplo, ahí están las imágenes de los militares del pueblo este pasado domingo mostrando hasta qué punto están decididos a defender con sus cuerpos y armamento la soberanía nacional. 

Estas realidades son la única verdad de una nación en que el pueblo más las Fuerzas Armadas saben que se aproxima la batalla definitiva y que la única manera de seguir adelante con la Revolución y profundizarla, es mantenerse unidos y prepararse para el combate. 

En lo que hace a nosotros y nosotras, los que sabemos cuanto está en juego en lo que suceda allí, no podemos dudar sobre donde pararnos. No hay calle del medio. O se está con Venezuela, su pueblo y su gobierno hasta las últimas consecuencias, o se está con el Imperio. Que lo que allí ocurra nos alumbre para rescatarnos de la mediocridad en la que intentan instalarnos tanto la democracia burguesa como quienes frente a la Revolución ofrecen las miserias del reformismo, o todos aquellos que creen que coqueteando con el imperio se salvan y no se dan cuenta que ya son muertos vivientes.

28 enero 2019| Carlos Aznarez

Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.