Por: Cicerón Flórez Moya

Tras un desempeño de ocho años en la dirección del Instituto de Medina Legal tuvo que dejar ese cargo el médico Carlos Eduardo Valdés. Por el escándalo que  generó la equivocación en que incurrió en el caso de la muerte del ingeniero Enrique Pizano reconoció la responsabilidad que le cabía y presentó renuncia. Él aceptó que se equivocó y habrá que establecer cómo se llegó a semejante traspiés. Se debe destacar el acto de la dimisión y ponerlo como ejemplo, a fin de que le sirva de referente a quienes se aferran a sus cargos cuando debieran haber dado el paso de retiro.

Hay servidores públicos comprometidos en hechos escandalosos. Y no son de rango inferior. En la trama de Odebrecht quedó en evidencia el aprovechamiento indebido que hicieron mediante trampas fríamente calculadas funcionarios que hacen parte de la más alta cúpula oficial. Contra viento y marea se ´defienden´ para mostrar una inocencia que muchas veces resulta deleznable.

Todo ese embalaje de turbidez corresponde al tejido de la corrupción, cada vez más tupido. Y se ha extendido tanto que pareciera ser infructuosa la tarea de ponerle fin, pues la suma de contribuciones para que sobreviva configura un poder superior a la lucha de los que se empeñan en combatirla.

La alta votación en la consulta anticorrupción en respaldo de las propuestas destinadas a erradicar las conductas ilícitas puso en evidencia que se quiere un cambio. Sin embargo, lo que acordaron los voceros de las diferentes toldas partidistas no tuvo acogida en el Congreso. Entonces se debilitó la posibilidad de consagrar en disposiciones legales lo que se requiere para poner a salvo la nación de tantos abusos de poder. En esas condiciones se mantienen los mecanismos con los cuales se surte la picardía que lleva al festín de los recursos públicos.

Cuando la justicia es débil ante los actos de corrupción y los entes de control no ejercen las funciones de su competencia ganan la partida quienes están del lado del juego sucio.

Si no hay sanción para los corruptos y desde las más altas instancias del Estado se les absuelve a pesar de todas las evidencias, el apagón institucional se profundiza. Y eso permitirá la prolongación de una crisis que lleva a la frustración de los ideales democráticos.

El perdón en beneficio de quienes tuvieron el mayor protagonismo en los escandalosos hechos de Odebrcht o figuran como actores de otros expedientes pone al país de una situación de víctima y lo deja expuesto a un destino vulnerable de muy graves efectos. Es algo que debe llevar a una reflexión en la perspectiva de salir de tanta turbulencia, como la que se siente. 

Mi mensaje de año nuevo:

Sin duda, la vida debiera ser “clara, undívaga y abierta como un mar”, tal como era la visión del poeta Porfirio Barba-Jacob. La realidad es distante de ese aserto. Sin embargo, conviene sostener tan gratificante ideal. Y sea esta la ocasión de compartirlo en forma generalizada, poniendo esa posibilidad en el nuevo año mediante la contribución de todos. Nuestro aporte debe ser a la paz, a la equidad, a la decencia, a la justicia, al derecho, contra el abuso de poder, la corrupción, el odio, la mezquindad y la violencia. Nos merecemos una democracia que no se preste a engaños y promueva  las condiciones para la prosperidad y fa felicidad colectivas. Debe ser esta una meta común en 2019. Es el espíritu de mi saludo.

ciceron_flores_moya_300Cicerón Flórez Moya