
A lo largo de los procesos electorales que se han celebrado después de 1989, la mayoría de las empresas de sondeos de opinión había dado como ganador, en cada uno de ellos, a la oposición.
Sin embargo, en cada ocasión fallaban los pronósticos o la fotografía, salvo en el referendo para la reforma constitucional de 2007. Empresas como la de Keller y Consultores 21 daban por lo general márgenes de ventaja de 10, 15 y hasta 20 puntos a favor de la oposición, y otras, como Datanalisis, acostumbraban situar la diferencia en torno a 5 o 7 puntos.
No se sabe exactamente si el error se debía a la manera en que se realizaba la investigación o si los medios distorsionaban los datos que les suministraban las empresas. En todo caso, eso era lo que aparecía y ese era el clima de opinión que se vivía, ya que los titulares de la prensa y las noticias de televisión anunciaban regularmente que las encuestadoras daban como perdedor al Gobierno, aunque posteriormente las empresas informaban que sus datos, de conocimiento interno, habían sido acertados.
Ahora bien, estos antecedentes de falta de acierto en casi todas las encuestas no pueden conducirnos a prescindir de ellas o a negar los datos que están dando en la actualidad. Lo razonable es utilizar los números que suministran las empresas y analizarlos según estos antecedentes y ubicarlos en el contexto actual. Para ello se pudiera elaborar, a partir del histórico de lo trasmitido a través de los medios, un modelo estadístico de la dimensión del error promedio sistemático de los pronósticos de cada una de las encuestadoras y establecer un índice de fiabilidad.
Para utilizar estas pautas de manera rigurosa habría que hacer el trabajo estadístico correspondiente. Sin embargo, en principio pudiera decirse que si en esta ocasión se dice que las encuestadoras informan una diferencia de 30 o 40 puntos, entonces al tomar en cuenta el margen de error histórico, se pudiera decir que en la actualidad la diferencia efectiva estaría en torno a 5 o 10 por ciento.
Al análisis de las encuestas habría que añadir la situación económica y social en que se celebran estas elecciones. Al hacerlo, se constata un deterioro muy fuerte, que se expresa en escasez, colas e inflación, lo que crea un clima de malestar general y configura un potencial voto castigo.
Sobre esta base, encuestas y situación sociopolítica, puede concluirse que la oposición ganaría la votación nacional. Pero con un margen nacional de 5 o 10 puntos la decisión no está clara en los circuitos, cuya mayoría pudiera quedar en manos del Gobierno. Hace falta entonces un estudio detallado circuito por circuito.
