Por Jair de Souza*
Las recientes encuestas de opinión han revelado algunos datos que, según la óptica desde la que los analicemos, pueden clasificarse como alentadores o preocupantes para las perspectivas de Lula y del gobierno que lidera.
En cuanto a la primera alternativa, observamos que nuestro actual presidente sigue plenamente capacitado para ser reelegido para un cuarto mandato en las elecciones previstas para finales de este año. Por otro lado, en contraposición con esta lectura favorable, se ha detectado algo que debería inducirnos a reflexionar profundamente y con mucha preocupación. Es que los sondeos han revelado un marcado distanciamiento entre los jóvenes de nuestra sociedad respecto a la orientación del gobierno actual e incluso en relación con el propio presidente Lula.
Al reflexionar sobre los datos mencionados, de inmediato se nos viene una gran perplejidad: ¿Cómo entender que una evaluación tan negativa provenga de personas de una franja etaria para la cual el gobierno ha implementado tantas medidas que las benefician ampliamente? ¿Por qué la mayoría de nuestros jóvenes parece no reconocer ni valorar adecuadamente los numerosos programas gubernamentales diseñados para atender sus necesidades más apremiantes? ¿Qué puede explicar el hecho de que los programas de acceso a la educación superior (Prouni); de respaldo financiero a los estudiantes de la escuela secundaria (Pé-de-meia); o su equivalente para los de los institutos técnicos (Pronatec), no hayan llevado a los jóvenes favorecidos a sentirse identificados con el gobierno que se les concedió?
Todo se vuelve aún más alarmante si tenemos en cuenta la relevancia de la juventud en los procesos de construcción de proyectos de futuro para la sociedad. Si bien no me incluyo entre quienes sobrevaloran su heroísmo y altruismo, me parece innegable que la capacidad de acción y el espíritu de lucha de los jóvenes para afrontar desafíos difíciles superan a los grupos de cualquier otra edad. Por lo tanto, su respaldo y su participación son esenciales para que las metas propuestas sean alcanzadas.
Sin embargo, este mayor nivel de altruismo y disposición para afrontar desafíos no implica necesariamente que las causas defendidas por los jóvenes sean siempre justas y solidarias. La naturaleza y el significado de la participación juvenil en los procesos sociales dependen fundamentalmente de la ideología que inspira sus acciones. Entonces, si los movimientos se hacen sobre la base de los ideales y premisas de justicia, igualdad y solidaridad, sin duda nuestros jóvenes estarán a la vanguardia en la defensa de estos principios. Pero, también puede ocurrir lo contrario y, de hecho, esto suele darse con frecuencia. Así que, existen varios casos históricos en los que la movilización juvenil sirvió para impulsar los intereses de las clases más reaccionarias.
En consecuencia, para atraer e involucrar a los jóvenes, no basta con ofrecerles beneficios materiales concretos; también es necesario convencerlos ideológicamente. Para ello, debemos comprender sus inquietudes, sus aspiraciones y sus expectativas, y, a partir de este conocimiento, tratar de indicarles caminos que los orienten hacia lo que consideramos correcto. Empero, al igual que otros grupos humanos, los jóvenes acogerán con mayor entusiasmo aquellas causas en las que se sientan participantes activos, y no meros receptores.
No obstante ser cierto que los jóvenes suelen tener más energía, audacia y determinación para participar activamente en los procesos de transformación social, ellos también demuestran una tendencia a actuar más en función de sueños y expectativas de futuro que por hacer reparos en lo que ya existe. Esto nos obliga a ofrecerles propuestas y eslóganes que se atrevan a trascender el pragmatismo de la situación actual. Dado que esta necesidad es muy evidente, incluso las fuerzas ultrarreaccionarias de extrema derecha recurren a menudo a la retórica antisistema para intentar ganarse el apoyo de los jóvenes. No es simple casualidad o mera equivocación de conceptos lo que hace que los partidarios del bolsonarismo en Brasil les digan a los jóvenes que su objetivo es «acabar con el sistema».
El argumento expuesto en las líneas anteriores nos lleva a concluir que, para alejar a la juventud de la influencia perniciosa de la extrema derecha antipopular, debemos superar nuestro temor a presentar con claridad nuestras propuestas para el futuro y comenzar a competir ideológicamente por ganarnos la adhesión y el apoyo de la mayoría de nuestros jóvenes. En este sentido, nuestra gran diferencia con los fascistas y sus similares radica en que no necesitamos mentir ni tergiversar sobre el sistema que pretendemos destruir y el que deseamos edificar en su remplazo.
Nos cabe luchar por atraer y mantener a la juventud integrada en las causas de las mayorías. Aunque esta no sea la bandera de todos los partidarios del gobierno actual, quienes estamos comprometidos con la construcción de un mundo verdaderamente justo debemos alzar la voz sin miedo para decirles y proponerles a los jóvenes que se sumen a la lucha para ponerle fin al capitalismo y sustituirlo por el socialismo. Y, como sabemos, sólo podremos llegar al socialismo con la participación activa y conciente de las masas populares.
Nuestro esfuerzo debe centrarse en hacer que la juventud se sienta parte intrínseca del pueblo trabajador y que esté dispuesta a comprometerse activamente con sus luchas. Y nos corresponde a nosotros, como activistas, empeñarnos para que esto suceda.
Audio:
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Publicado originalmente en portugués en:
– https://www.brasil247.com/blog/o-papel-da-juventude-nas-transformacoes-sociais
– https://altamiroborges.blogspot.com/2026/04/o-papel-da-juventude-nas-mudancas.html
*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.
Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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