Alí Ramón Rojas Olaya

Los pueblos de Venezuela y de toda Latinoamérica y el Caribe celebran el cumpleaños del padre de la patria porque asumen que vivimos tiempos de concienciar que Simón Bolívar es el estandarte de la integración anticolonial y precursor del antiimperialismo. Su doctrina es el reservorio ético de la patria nuestramericana porque es brújula para la construcción colectiva de la Patria Comunal, del internacionalismo, de la economía social, de leyes del poder popular. Su lucha cotidiana contra los males de criminales (corrupción, resentimiento, indolencia, mediocridad, inmoralidad, negligencia, arrogancia, lumperización, envidia, sedición) birladores (burocratismo, injusticia, retaliación, laxidad, anomalía, difamación, oprobio, ruindad, escabrosidad y sumisión) tienen la vigencia que el pueblo reclama.

Los Simones Bolívar y Rodríguez

1805 es un año significativo no sólo porque Viena es invadida por Napoleón Bonaparte el 12 de noviembre, o porque Beethoven, enfurecido por tal vil hecho, le cambia el título a su tercera sinfonía por el de Heroica. La importancia de este año radica en que Simón Rodríguez, de 35 años, y Simón Bolívar, de 22, están en la etapa final de la formación política.

El 1° de abril, Rodríguez solicita y obtiene su pasaporte ante la Prefectura de París porque desea viajar a Milán. Rodríguez le habla a Bolívar de la Revolución Industrial. El maestro hace particular énfasis en la forma en que los modos de producción se transformaron al punto de enterrar al feudalismo y el antiguo régimen monárquico y monástico. Rodríguez le explica que todo ello coincidió, no por casualidad, con las revoluciones burguesas, nacidas de la Revolución Francesa y la preocupante independencia de los Estados Unidos, que supondría la instauración y consolidación de regímenes “democráticos”, los cuales superarían todos los males derivados del absolutismo realista que llevaba siglos instalado en casi todo el mundo.

El 6 de abril, Rodríguez parte con Bolívar a París. Descansan algunos días en Lyon, pasan por Chambery, Turín y llegan a Milán. En la catedral de esta ciudad lombarda, Napoleón es coronado rey de Italia por el papa Pío VII. Bolívar y Rodríguez se detienen en la ciudad un tiempo, y luego presencian la revista militar que preside el emperador en Montechiaro. Hablan de Toussaint-Louverture y de la derrota que le infligió un ejército de negros haitianos el 1° de enero de 1804 a las tropas napoleónicas. Pasan por Venecia, y luego por Ferrara, Bolonia, Florencia y Perugia, y de ahí se dirigen a Roma, donde permanecen una temporada.

Allí, Rodríguez y Bolívar ascienden al Monte Sacro, donde éste jura luchar por la libertad de América el 15 de agosto en una pieza de oratoria de alto vuelo geopolítico que declama ante su maestro como examen final del programa de formación académico-político y en el que tienen plena conciencia que, en relación a la libertad, “el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo”. ¿Aprobó Bolívar?

¿Quién es Bolívar para los nuestroamericanos?

El educador brasileño José Veríssimo Días de Matos (1857-1916), en su ensayo Bolívar, profesor de energía, sostiene que el Libertador es el hombre más grande de América y uno de los más grandes de la humanidad porque, “reunió en grado eminente y en una perfecta armonía cualidades excepcionales de pensamiento y acción”.

La escritora uruguaya Juana de Ibarbourou (1892-1979), en su ensayo Alabanza de Bolívar, escribió que “Si a algún ser humano le cabe el título de superhombre, es a él, sin discusión; porque Bolívar es la figura más empinada y altiva que posee la historia de América. Fue el héroe, de la misma manera que el diamante es el diamante; por donde quiera que se le mirase, física o espiritualmente, en conjunto y en detalle. En él no había nada vulgar, ni de inferior. Parece que Dios mismo se hubiera complacido, al crearlo, en hacer de él la imagen más atrayente del heroísmo”.

Bolívar es el gran ausente del siglo XX, como lo explica el poeta cumanés Andrés Eloy Blanco (1896-1955): “unos tenían el Bolívar de oro, que servía para comprar conciencias en las horas electorales y otros el Bolívar de mármol, bien muerto, tan bien muerto que daban ganas de darle el pésame a la Tierra por la defunción de la piedra; para otros, era el Bolívar de nieve, inaccesible, como los páramos. Pero el pueblo, en la noche, cuando nadie lo miraba, se llegaba a la estatua del hombre a caballo, lo desmontaba y se lo llevaba a su casa. Y allí hizo el Bolívar de pan para sus hombres, el Bolívar de cristal para sus espejismos y el Bolívar de aire para sus agonías”. Sigamos la lección de la pedagoga chilena Gabriela Mistral (1889-1957): “Hagámosle criatura cotidiana mejor que nombre de aniversario; vivámosle en la permanencia y no sólo en las letras puntuadas de los centenarios. Vivámosle en la continuidad como se vive una ley; pongámonos a tenerlo por paisaje nuestro, hasta que nos corra por la sangre, hecho la masa de nuestra sangre”.

Defensa de Bolívar

En 1828 Bolívar es atacado por varios flancos: varios periódicos lo ofenden, los banqueros escinden el papel moneda, los comerciantes especulan y crean desabastecimiento y en la embajada de Estados Unidos en nuestro país planifican magnicidios. Dos amigos de Bolívar lo defienden. Uno es un brasileño que fue herido en el campo de Carabobo el 24 de junio de 1821, en la batalla donde nace políticamente la república de Colombia. José Inácio Abreu e Lima (1794 – 1869) escribe: “Ojalá pudiera corresponder a los vehementes deseos de que está animado mi corazón, en favor del triunfo del único Caudillo que hasta ahora se ha señalado en la América del Sur como el verdadero Libertador de su patria”. Para este pernambucano, Bolívar “no funda una Ciudad, pero crea grandes Sociedades, restaura los derechos del hombre, eleva pueblos esclavos a la dignidad de hombres libres, y rompe las cadenas de la opresión Europea. Ni la historia antigua, ni la perspectiva del mundo moderno presentan nada semejante, nada que pueda parecérsele. Todo es nuevo en la esfera de sus actos, todo es maravilloso en su carrera”.

El otro que asume la defensa de Bolívar es Simón Rodríguez. Este político escribe en Bolivia El Libertador del mediodía de América y sus Compañeros de Armas defendido por un amigo de la causa social donde expone una máxima de sapientísima vigencia: “El hombre de la América del Sur es Bolívar. Se empeñan sus enemigos en hacerlo odioso o despreciable, y arrastran la opinión de los que no lo conocen. Si se les permite desacreditar el modelo, no habrá quien quiera imitarlo; y si los Directores de las nuevas Repúblicas no imitan a Bolívar, la causa de la libertad es perdida”.

¿Aprobó el examen Bolívar?

La calificación de aquel examen que presentó Simón Bolívar ante su formador político se supo el 28 de febrero de 1854, cuando el cura Santiago Sánchez de Amotape, Perú, le da los santos óleos al anciano Simón Rodríguez, quien confiesa no tener más religión que la que juró en el Monte Sacro el Libertador del Mediodía de América.