Ollantay Itzamná

Las consecuencias socioeconómicas de la pandemia, y los “daños colaterales” de la guerra comercial y financiera entre los “gigantes planetarios”, dejan a Guatemala, al igual que a sus vecinos, en condiciones más paupérrimas de las que se encontraba hace tres años atrás.

En esta situación empeorada, el país nuevamente será convocado a las urnas, para el 2023, para “elegir” a su nuevo gobernante, donde la manipulación del hambre de las y los hambrientos será la reiterada estrategia electoral que definirá los resultados electorales.

La insubordinación electoral al sistema neoliberal es constante y creciente en la región de Abya Yala. México, Honduras, Cuba, Nicaragua, Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina, Chile, optaron por esa vía de la insubordinación. Colombia y Brasil anuncian que avanzan también. Pero, ¿Qué hay de Guatemala?

El país de la indómita ave del Quetzal, donde en décadas recientes, rebeldes, fusil en mano, levantaron la cerviz contra el amo, se encuentra en la encrucijada de: O seguir por la ruta neoliberal u optar por otra distinta.

Al momento, existen dos partidos de izquierda que provienen con y después de la firma de los Acuerdos de Paz (1996) que son URNG y WINAQ. En 2018, de manera inédita, indígenas y campesinos organizados en comunidades en resistencia crearon su organización política denominada Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), la misma que quedó en el cuarto lugar a nivel nacional en las elecciones generales del 2019.

Motivados por la onda expansiva de los “triunfos electorales de las izquierdas” en la región, la invocación casi espontánea es: ¡Las izquierdas de Guatemala deben unirse para el 2023! Y esta es la gran tarea.

La unidad de las izquierdas ¿para qué?

La unidad no sólo para ganar elecciones, sino para realizar cambios en el país. Se requiere la confluencia, ojalá programática, no sólo pragmática, de las fuerzas de izquierda de todos los matices para realizar cambios estructurales en el país.

Los acercamientos o tertulias entre las izquierdas no deben estar centrados en ¿Quién es el o la candidata? El tema central tiene que ser ¿Qué cambios urgentes y estructurales requiere el país? Y aquí, el asunto de la austeridad en la función pública, la revisión de los contratos de privatización, la prevención y sanción contra la corrupción son esenciales.

La unidad para impulsar el proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional. Los históricos males que impiden que Guatemala sea un país posible son el racismo, expresados en genocidios o en políticas eugenésicas, el desencuentro/desprecio mutuo entre gobernantes y gobernados, el colonialismo interno permanente en el que subsisten los pueblos originarios, el secuestro/utilización del aparato estatal para la opulencia de pocos y el hambre de muchos.

Estos males son materia de debate y consensos de un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional. No existe otro modo democrático. Cualquier reforma en el marco constitucional vigente, no pasará de ser un parche en el vacío. Los males estructurales no se resuelven con reformas.

La unidad para organizar y devolver el poder a los pueblos. Si la unidad es pragmática con la única finalidad de “tomar el poder”, entonces, es y será una unidad ilusoria para ser derrotados/defenestrados por las élites tradicionales y el intervencionismo norteamericano, incluso antes de “tomar el poder”.

La unidad debe ser en y desde las comunidades organizadas, y para organizar comunidades sociopolíticas articuladas entre sí como un movimiento capaz de defender en las urnas y en las calles su voto y su voluntad popular convertida en triunfo ante cualquier intento de derrocamiento.

La idea de “pueblo organizado” tiene su materialización más inmediata en las comunidades organizadas como sujetos sociopolíticos alrededor de un sueño compartido. Y este sueño es: La posibilidad de otro país diferente. Un país del Buen Vivir para todos y todas.