Por: Cicerón Flórez Moya

Por cuenta de las recurrentes mentiras oficiales el país ha padecido malos gobiernos y al mismo tiempo ha sido víctima del engaño. Mediante el recurso de la mentira los actores de la corrupción gozan de impunidad, lo cual les permite preservar el enriquecimiento ilícito alcanzado y al mismo tiempo financiar el entramado del poder al servicio de intereses muy particulares, mientras crecen la pobreza y la desigualdad en forma extrema. También han hecho de la mentira todo un río revuelto para la pesca electoral, llevando al Congreso a serviles tramitadores de su causa, que es la de la injusticia social, con la negación de garantías y derechos a los colombianos.

El manejo dado a las elecciones del 13 de marzo es revelador de la aplicación de la mentira con la pretensión de alterar los resultados. Lo cual les falló en esta ocasión por la veeduría que detectó a tiempo las omisiones de votos favorables al Pacto Histórico. Esa trampa, atribuida a la inexperiencia de los jurados, pudo ser una forma de alterar la voluntad del elector. Pero ya en otras ocasiones se había acudido a la compra masiva de votos a través de los “Ñeñes” o mediante el tráfico que le patrocinaron a Aida Merlano. La mentira como condimento del fraude.

Un capítulo muy relevante de la mentira propagada como insumo electoral es el de la propaganda utilizada por los adversarios al acuerdo de paz con las Farc. Era como una máquina de tergiversaciones para someter al miedo a los ciudadanos. Se inventaron todos los engaños. Una narrativa calculada para arrastrar a los electores a la equivocación, o ponerlos en contra de la paz, que es un derecho relacionado con la seguridad para proteger la existencia humana.

La imputación de castrochavismo a quienes defienden la democracia y rechazan las ejecuciones extrajudiciales -práctica consumada en Colombia por parte de miembros de las Fuerzas Armadas del Estado- no fue más que un infundio montado para generar turbidez contra la posibilidad de que tomaran fuerza las corrientes que buscan un cambio de rumbo del país para sacarlo del atolladero de la pobreza. Le apuestan a los inamovibles, a fin de que se siga sirviendo más de lo mismo a pesar del reconocimiento de las frustraciones repetidas por quienes detentan el poder en la nación. No quieren que se corrijan las malas políticas. Las que han hecho sostenibles las brechas de tantas necesidades insatisfechas.

De mentira en mentira el país acumula cada vez más atraso. Y a esto hay que salirle al paso con decisión. No se le puede seguir cerrando el paso a los cambios prioritarios. Las elecciones de mayo son la oportunidad de dar el salto largo, para fortalecer la democracia, terminar con el conflicto armado y consolidar la paz, más hacer de la política un ejercicio que irrigue bienestar para todos e infunda solidaridad en vez de odios y mezquindades

Cicerón Flórez Moya
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