Por. Cicerón Flórez Moya

Se está haciendo cada vez más ostensible en Colombia la tendencia oficial contra el Estado social de derecho. Quienes tienen la obligación de preservar la institucionalidad se vuelven permisivos de acciones que la contrarían. Pareciera tomar fuerza la tentación de “hacer trizas” la democracia, así se repita el discurso patriotero. Una muestra de esas travesuras es el pronunciamiento del presidente Iván Duque respecto a la detención domiciliaria del expresidente Álvaro Uribe. Su velada censura a la Corte Suprema de Justicia lo puso en el lado opuesto a la independencia de las ramas del poder público y al respeto que se les debe tener.

Los insultos y descalificaciones a la Corte Suprema de Justicia por parte de los dirigentes del Partido de Gobierno, encabezados por el mismo Uribe, es una postura de inspiración autoritaria, muy propia de regímenes de fuerza. Como fueron las dictaduras militares en América Latina en el siglo XX, de tan sombría recordación. Hay otros hechos indicativos de la intención de poner al país en la órbita de la arbitrariedad. Uno. Considerar que la reunión de dirigentes políticos encabezados por el expresidente Juan Manuel Santos en el apartamento del exministro Juan Fernando Cristo equivalía a una especie de conspiración, hasta el punto de hacerle espionaje, es algo insólito. Es convertir el derecho a la libre reunión en delito de opinión.

Y es más inquietante todavía que esa versión haga carrera en medios de información y encuentre eco en el fanatismo de María Andrea Nieto, el dogmatismo de Juan Carlos Pinzón, las confusiones de Federico Gutiérrez, cuando opinan en el programa Debate de Semana.com. dirigido por Vicky Dávila, quien es proclive a manejar la información al calor de sus afectos políticos. Ellos están en la línea de los que mandan.

Otro eslabón de la cadena del autoritarismo, casi de corte oficial, es la carta del señor Luis Guillermo Echeverri cuestionando a El País de España por haber publicado una entrevista al senador Iván Cepeda. Es una incitación a la censura, a la represión a la libertad de prensa, con un desatino de intromisión indebida.

Claro que esa cadena destinada a la opresión de las libertades y cercenamiento de los derechos ya tenía los eslabones de las chuzadas telefónicas y otras prácticas de seguimiento a periodistas, opositores políticos, líderes sociales o promotores de causas democráticas. También son eslabones, la violencia contra líderes sociales y la estigmatización de quienes no hacen parte de la franja incondicional del establecimiento. Y rebasa la copa la barbarie policial en Bogotá de estos últimos días.

Muchas de las orientaciones de quienes tienen el control del poder apuntan a la consolidación de una hegemonía, donde lo predominante sea el absolutismo. Al cual deben someterse quienes se resignen a la obsecuencia. La democracia encuentra con el paso del tiempo más obstáculos. La violencia parece ser el sello que identifica el entorno oficial. Es una señal indicativa de que ese es el rumbo. La situación, pues, es de cuidado y por lo tanto se requiere la unión de quienes no se resignan a quedar atrapados en el campo del ostracismo errático. Puntada María Jimena Duzán es periodista de gran solvencia profesional. Para ella nuestra solidaridad ante el linchamiento que le quiere hacer la caverna oficialista.

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