Por cortesía de revista Maya

Maya consultó al sociólogo argentino Atilio Boron, uno de los analistas políticos más consagrados internacionalmente en la actualidad, para que en apenas tres preguntas nos dé su visión de la crisis que atraviesa Bolivia.

¿Cómo caracterizaría el golpe de Estado en Bolivia?

Sin dudas el golpe de Estado en Bolivia se inscribe en la tradición de los viejos golpes militares patrocinados por Estados Unidos, especialmente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Aunque esta práctica incluso es anterior, tal y como nos demuestran los libros de historia. Esto quiere decir que hubo un abandono del golpe blando, el soft power que se aplicó en contra de Manuel Zelaya en Honduras, de Lugo en Paraguay y de Dilma Rousseff en Brasil, y se retornó a las viejas fórmulas. En Bolivia se aplicaron las fórmulas tradicionales, porque en realidad no había fundamento propagandístico posible para dar el golpe. En Bolivia no hubo fraude y por ello la OEA evita utilizar esa expresión, sino que hace recomendaciones eufemísticas. Además, recientes estudios en Estados Unidos demuestran convincentemente que ese fraude no existió. Un estudio de la Universidad de Michigan (que es el centro más importante de estudios electorales) así lo confirma. Sin embargo el plan golpista no se iba a detener ante estos detalles. Ellos querían sacar a Evo y llevar a la práctica una venganza. Un verdadero escarmiento contra aquellos indígenas que –como hicieron en 1780– se amotinaron en contra del gobierno virreinal español. De alguna manera lo que está ocurriendo ahora es una reedición de aquella gesta de Túpac Katari. Cambiaron los escenarios y el imperialismo es otro, pero la esencia es la misma.  Y ahora, como ayer, se está reprimiendo con una ferocidad inaudita. Mucho mayor todavía que la que se aplicó en el octubre del 2003 durante la masacre perpetrada por el presidente Sánchez de Lozada.

En Bolivia hoy no hay reparos y se dispara contra mujeres, contra niños, contra gente indefensa. Por lo tanto estamos en presencia de un golpe militar clásico, sin lugar a dudas. Estados Unidos abandona los “buenos modales” y se lanza por la vía más violenta imaginable para apoderarse definitivamente de Bolivia. Un país que le interesa básicamente por el litio y su carácter estratégico para la tecnología militar estadounidense y el sostenimiento de su maquinaria bélica. Ellos no están dispuestos a ceder estos intereses a un gobernante indígena con veleidades de socialismo comunitario. Por ello utilizaron las Fuerzas Armadas y las fuerzas policiales que ellos mismos vienen adoctrinando durante largos años y ahora utilizaron como ariete inicial de los grupos fascistas y supremacistas blancos del Oriente, que luego se llamaron a silencio.  Ya no oímos hablar más de Camacho, de Mesa, de todos estos golpistas y violentos con piel de demócratas y que cometieron todos los desmanes imaginables, o bien los incitaron. Como señalé, los opositores como Carlos Mesa Gisbert ahora han hecho un paso al costado y dejan que los militares perpetren un baño sangre hecho con la bendición de la ilegítima presidenta Áñez. El golpe de Estado en Bolivia se inscribe, por tanto, en la tradición de los viejos golpes militares más sangrientos diseñados desde Washington.

“EN BOLIVIA HOY NO HAY REPAROS Y SE DISPARA CONTRA MUJERES, CONTRA NIÑOS, CONTRA GENTE INDEFENSA. POR LO TANTO ESTAMOS EN PRESENCIA DE UN GOLPE MILITAR CLÁSICO, SIN LUGAR A DUDAS”

¿Qué papel ocupa este golpe en el tablero político regional?

En el tablero político regional este golpe resulta de enorme importancia, porque por esa vía logra lo que no se había obtenido por la vía electoral y porque ante el derrumbe del modelo chileno, o la situación al borde del abismo que se vive en Ecuador y la incertidumbre que planea sobre Perú, es de extrema importancia arrebatar a la izquierda nada menos que Bolivia. Debemos tener en cuenta que si se consuma el próximo domingo la derrota del Frente Amplio (de izquierda) en Uruguay, el gobierno de Alberto Fernández en Argentina quedará en una situación de aislamiento regional y acosado por los peones del Imperio. Comenzando por Bolsonaro y siguiendo por quien esté al mando de Bolivia. Aunque hay que insistir en que el golpe todavía no ha triunfado ni se ha consolidado y hay una enorme resistencia heroica en las calles y plazas. Veremos cómo termina.

Por otra parte, si Bolsonaro logra quedar secundado por un gobierno uruguayo conservador o neoconservador –aunque uno desearía que no fuera cierto– la Argentina volvería a estar en una situación similar a la que tuvo en 1973 con el triunfo del peronista Héctor Cámpora: rodeado por dictaduras militares enemigas en Chile, en Bolivia, en Brasil, en Uruguay, en Paraguay y en todo el continente.  No obstante, con el Gobierno de López Obrador en México, Buenos Aires puede llegar a sortear este inconveniente que plantea el golpe en Bolivia, a pesar de que este giro de las circunstancias debilita mucho más todavía a la Unasur y a la Celac. En cualquier caso, demuestra con claridad que el Imperio está dispuesto a imponer cualquier táctica con tal de retomar el control de nuestros países

“QUERÍA DESEARLES A TODAS LAS COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS DE LOS MUCHOS MEDIOS CERRADOS Y CENSURADOS EN BOLIVIA –COMO CORREO DEL ALBAENTRE OTROS– LA MEJOR DE LA SUERTE Y DECIRLES QUE LOS NECESITAMOS”

¿Cómo podemos solidarizar internacionalmente con la protesta social boliviana antigolpista?

La solidaridad internacional pasa fundamentalmente por visibilizar las atrocidades que cometen los golpistas. Todas las informaciones que llegan desde Bolivia nos piden que por favor informemos de lo que allí está ocurriendo. El blindaje mediático de la prensa boliviana y gran parte de la prensa internacional es realmente extraordinario y debemos tratar de perforar ese blindaje. Esta es la misión fundamental, porque no podemos mandar hombres o mujeres a pelear allá, ni podemos vender armas. Lo único que nos queda es la artillería del pensamiento en la que tanto insistía Hugo Chávez. Tratar de librar la batalla con los medios, que es una batalla muy desigual. Pero a pesar de esta asimetría, poco a poco estamos poniendo en evidencia los crímenes que están cometiendo aquellos infames peones de las naciones ricas lideradas por Estados Unidos. Creo que hay que persistir en esta línea. Y también, por supuesto, organizar grandes manifestaciones como la que se hizo el día lunes 18 de noviembre en Buenos Aires, que fue gigantesca. Convocatorias similares deberían hacerse en otros países para expresar un incondicional apoyo con el pueblo boliviano.

También habría que escribir lo más posible, denunciando todos estos hechos a través de las redes sociales.  Estos recursos horizontales de la información están muy activos, pero hay que moverlos aún más. Hoy la agenda de la solidaridad pasa por ahí. La batalla mediática se lucha en las redes sociales y –de ser posible– en los grandes medios. Solidaridad en las calles, denuncias, marchas, demostraciones de fuerza. Me parece que ese es el camino. No creo que tengamos otras armas a nuestra disposición. La vieja lucha del humanismo es contraponer la fuerza de las armas, a la razón, y esa vieja batalla desigual se repite hoy con Bolivia.

Por último, quería desearles a todas las compañeras y compañeros de los muchos medios cerrados y censurados en Bolivia –como Correo del Albaentre otros– la mejor de la suerte y decirles que los necesitamos. Este mismo medio Maya es una gran muestra de valor y de lucha en momentos trágicos para toda América Latina. Solo les digo que deben cuidarse mucho y darles las gracias en nombre de los hombres y mujeres de Nuestra América, por su valor y enorme aporte.