18 de mayo de 2019
Camaradas Ex guerrilleros y Ex militantes de las FARC-EP
Cálido y fraterno saludo acompañado de un fuerte abrazo solidario y los sinceros deseos de que se encuentren bien.

Me dirijo a ustedes en un momento bastante difícil y complejo de la implementación de los Acuerdos de La Habana, momento que requiere de cada uno de nosotros y del conjunto del partido, un análisis objetivo y tranquilo.

No podemos darle cabida a las voces anónimas o no, que vaticinan el fin del proceso de paz, elaborando tesis apocalípticas, sin mostrar una salida coherente, sin indicarnos un camino cierto a seguir.

Cuando en la X Conferencia, todos, absolutamente todos, ratificamos con nuestro voto lo acordado en La Habana, sabíamos que nos íbamos a enfrentar a fuerzas de carácter fascista con mucho poder y capacidad de manipulación, que harían todo lo posible por hacer fracasar el proceso, e impedir que Colombia y el mundo conocieran la auténtica verdad de lo sucedido en Colombia durante más de 60 años de confrontación interna.

Igualmente, en la Décima Conferencia, concluimos que este era el camino más acertado para darle continuidad a los sueños de los marquetalianos, que iniciaron esta gesta hace 55 años. Que todo iba a depender de nosotros mismos, de que supiéramos presentarle estos Acuerdos al pueblo colombiano, y de que lográramos que los hicieran suyos y nos acompañaran en su defensa.

Lo sucedido en estos casi tres años desde su firma, nos da la razón. Los enemigos de la paz no han cesado en sus ataques al proceso, y lograron, desafortunadamente, hacerse al gobierno en las últimas elecciones. Ello les da una gran ventaja, que han aprovechado para insistir en “hacer trizas” los acuerdos.

Paralelamente, también hay que decirlo, cada día son más y más los colombianos que hacen suyos los Acuerdos. Importantes sectores de la vida política económica y social del país se vinculan a su defensa, entre ellos los más destacados dirigentes de los partidos tradicionales. Es tan así, que dieron en conformar un gran movimiento que se hace llamar Defendamos La Paz (DLP), que crece todos los días, replicando capítulos del mismo en varios departamentos, movimiento al cual pertenecemos, y que está permitiendo coordinar la acción parlamentaria, la acción solidaria de denuncia y acciones de masas, entre otras.

Es en este contexto, de un fuerte pulso político, de la lucha entre los defensores y los enemigos de la paz, que se produce la trágica comedia de la liberación y recaptura del camarada Santrich. Hecho este de una ignominia sin límites, que buscaba no solamente exhibirlo a él como trofeo de guerra, sino humillarnos a todos los farianos que, pese a las adversidades, seguimos consecuentes en la defensa del proceso. Pretenden empujarnos a adoptar acciones desesperadas, que una vez materializadas les sean más que útiles para propinar la estocada final al proceso.

Sin embargo, están consiguiendo el efecto contrario. Nos han dado la oportunidad de demostrar ante Colombia y al mundo, cuáles son las verdaderas intenciones de quienes se encuentran al frente del Gobierno y la Fiscalía. El señor Martínez aparentemente renuncia indignado ante una decisión contraria a sus principios, cuando la verdad es que lo hace ante la inminente obligación de dar la cara al país por sus cada vez más visibles vínculos con la corrupción. Hasta se rumora ya que su salida del país obedece a su conversión en testigo protegido contra Obedrecht en los Estados Unidos.

Colombia y el mundo observan con interés al senador Álvaro Uribe Vélez, agobiado por el desespero, presionando a Duque para que decrete la conmoción interior y acabe con la JEP, pues siente que se le vienen encima pasos de animal grande. Cada día se acogen a esta jurisdicción más militares y civiles, con el presupuesto básico de contar toda la verdad sobre los hechos delictivos en que estuvieron envueltos. Simultáneamente avanza el proceso judicial contra él en la Corte Suprema, así como el que puede hacerle perder su investidura como congresista.

Aun con lo duro e indignante que haya sido lo sucedido con el camarada Santrich, hay que valorar la importancia de la ola de indignación despertada al interior del país y a escala internacional. Lo que nos corresponde en la hora es estimular y aprovechar al máximo la creciente inconformidad con la arbitrariedad reinante, para arrinconar de manera definitiva a los enemigos de la paz.

Nos encontramos en un momento en el que no podemos flaquear. Nos corresponde más que nunca, fortalecer la unidad de nuestro partido, como garante de la implementación de lo acordado. No podemos vacilar, ni dudar un instante, en la importancia de lo realizado hasta hoy. Si cometiéramos la imprudencia de hacerlo, únicamente conseguiríamos sembrar la desmoralización entre todos aquellos que nos están acompañando en defensa de la paz. Hoy más que nunca debemos estimar el valor de la lucha política y de la actividad de las masas.

Nos corresponde incentivar la iniciativa popular, las distintas expresiones de lucha y solidaridad, la denuncia con altura, activar todos los mecanismos posibles que nos den seguridad colectiva e individual, vincularnos con las gentes y en lenguaje sencillo explicarles la situación y el camino a seguir: organización y lucha de masas.

A la par debemos cerrar el paso a las voces que incitan a tomar caminos aventureros. Parece que algunos por falta de vivirlo lo ignoran, y que otros por sus aceleres lo olvidan, pero en nuestra larga lucha nos hemos visto envueltos en situaciones mucho más difíciles, logrando salir adelante siempre con la fuerza de nuestra unidad. Contamos con acompañamientos nacionales e internacionales que nos indican que debemos estar más optimistas que nunca. Tales acompañamientos los hemos conseguido gracias a la seriedad de nuestro compromiso y a nuestra consecuencia al respetarlos. No podemos echarlos a la basura por decisiones apresuradas e irresponsables.

Pensemos por un momento en que cuando extraditaron a Simón Trinidad y a Sonia, por obra de montajes también, fuera de los nuestros fueron muy pobres los mensajes de solidaridad y apoyo. Hoy, frente al caso Santrich, no solamente se ha impedido la extradición por el fallo de sala de revisión de la JEP, sino que se ha generado una campaña de denuncia y solidaridad frente a su recaptura y tratos inhumanos, no solamente en Colombia sino en muchos países del extranjero.

La pelea será muy dura, pero no estamos solos en ella. Mientras no aparezcan evidencias irrefutables de alguna actividad ilícita, tarde que temprano tendrán que ponerlo en libertad. Más que nunca debemos confiar en lo que somos y representamos.
Un fuerte abrazo.

Timo