Por: Ramiro Bejarano Guzmán | 20 Ene 2019

Fiscal caduco

Un distinguido magistrado del Consejo de Estado rechazó la demanda que un grupo selecto de juristas presentó para que se anulara el acuerdo de la Corte Suprema que designó fiscal a Néstor Humberto Martínez (NHM). El motivo de esa decisión fue vaticinado por los poderosos amigos del fiscal: la acción está caducada.

A quienes creen que fue una buena noticia para NHM, están equivocados. Un fiscal que atraviesa semejante tormenta jurídica y política no puede darse el lujo de ampararse en lo que no deja de ser un tecnicismo procesal. Una demanda en la que se acusa a NHM de haberle ocultado a la Corte sus conflictos de intereses no puede enterrarse con el simple argumento de que venció el término para demandar. Si la Corte fue engañada e incurrió en falsa motivación al designar a NHM, como se sostiene con fundamentos serios en la demanda que se ha declarado caducada, eso no es un bochinche, sino un cargo severo que mina la credibilidad del funcionario y deja un lastre imborrable de desprestigio para la historia.

Alguien tan querulante, como lo es NHM, debería ser el primero en controvertir la decisión del magistrado del Consejo de Estado, pues al rechazar esa demanda lo ha privado del escenario para intentar defender su maltrecho buen nombre, que no se restablecerá con la decisión calculada del Gobierno de convertirlo en protagonista de la investigación por el repudiable atentado a la Escuela de Policía. Si bien los demandantes seguramente impugnarán esa determinación, NHM debería hacer lo mismo y pedirle al pleno del Consejo de Estado que revoque esa decisión, para que se abra un juicio que se decida prontamente. Si NHM sigue acariciando su aspiración presidencial, no puede terminar igual a la desastrosa procuraduría del sinvergüenza de Alejandro Ordóñez que hoy deshonra la OEA y al país, quien valido de artificios leguleyos pretendió perpetuarse en el cargo que también mancilló.

La acción para anular la elección de NHM no está caducada, pues si bien ya pasaron los 30 días de plazo que prevé la ley para controvertir una decisión electoral, tan exegética postura no puede cercenarles el derecho a los ciudadanos de acudir a la justicia, cuando el hecho en que fundan su reclamación se conoció posteriormente. En situaciones semejantes, el Consejo de Estado ha admitido demandas presentadas cuando aparentemente estaba caducada la acción, precisamente ante la ocurrencia de hechos nuevos no conocidos oportunamente. El que está caducado es el fiscal, no el tiempo de su juzgamiento.

A NHM no le hacen falta patrocinadores, como se comprueba ojeando algunas columnas de opinión u oyendo las viscerales defensas que de él asumen en la radio. Lo que necesita es recobrar la credibilidad que ferió con ligereza inexcusable. Ello solo será posible si, en vez de entregarse a esa orgía tinterrillesca de tergiversar a quienes lo critican, asume un papel despojado de marrullerías.

El insoluble problema de NHM es que el país no le cree. Hoy, por ejemplo, es evidente que no es el fiscal de todos los colombianos, sino principalmente del uribismo, y de alguna manera también de Cambio Radical y los despojos del Partido Liberal. Es un fiscal politizado que como no suscita el aplauso colectivo se echó a los brazos de una camarilla politiquera que lo utiliza para sus protervas intenciones de quedar a salvo de la justicia y perseguir a sus contradictores. De ello ha quedado huella no solo con el apoyo incondicional de Álvaro Uribe, sino con el de varios de sus segundos, como el congresista Edward Rodríguez, alfil conspicuo del Centro Democrático, quien a la manera de un salvavidas salió a defender al fiscal del inexplicado tema de por qué no envió íntegramente unas pruebas a la Comisión de Acusaciones para que inclusive investigaran a NHM, investigación que aún hoy sigue sin iniciarse.

Sostuve hace unos meses que a NHM no podían tumbarlo ni él renunciar, porque el uribismo impondría a su sucesor. Esa tesis perdió vigencia, porque ya hoy es un amanuense uribista y una pieza más del sucio ajedrez político. Va siendo hora de que renuncie, pero en el entretanto más le convendría hacer gestiones para no irse en medio de la impopularidad justificada que lo acosa.

Adenda. Tan canalla el atentado contra la Escuela de Policía como afirmar que ese alevoso crimen fue consecuencia del proceso de paz con las Farc.