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Por: Tony López||“La polarización en Colombia podría hacer inviable un eventual acuerdo de paz”, afirmó el jefe de la delegación del gobierno de Juan Manuel Santos, en la Mesa de Dialogo de La Habana, el doctor Humberto de la Calle, durante un evento de la Cámara de Comercio Colombo Americana en Miami, Florida, Estados Unidos el pasado jueves 18 de septiembre y ampliamente difundido por la prensa miamense y colombiana.

En ese evento el exvicepresidente de la Calle, añadió: “esta polarización me preocupa más que cualquier cosa, que lleguemos hipotéticamente a un acuerdo en La Habana y se vuelva inviable por la polarización que existe en Colombia”

Con esta advertencia del doctor de La Calle, pudiera colegirse que los diálogos de paz en La Habana están en peligro, y por tanto una llamada de alerta a la opinión pública colombiana y a los cerca de ocho millones de votantes por la reelección de Juan Manuel Santos Calderón, quien se comprometió con su pueblo y con la región latinoamericana a llevar adelante las conversaciones de paz con la guerrilla colombiana, tanto con las FARC como con el ELN. Para eso lo reeligieron, para concertar la Paz.

La preocupación sobre la polarización de la población colombiana, puede ser legitima, pero no es un fenómeno nuevo, es un mal endémico que el sistema ha creado, a partir del uso y abuso de alguno de los más importantes medios masivos de comunicación del país que, durante muchos años, ha instalado la matriz de opinión de que solo mediante la vía militar se puede solucionar el conflicto armado, con el argumento de que la insurgencia está debilitada o no interesada en firmar un acuerdo de paz.

Cómo será de cierta esta opinión sobre las campañas mediáticas que el propio presidente Juan Manuel Santos ha dicho públicamente que el 60 por ciento de la población colombiana no está siendo informada de los temas que se abordan, tratan y acuerdan en la mesa de La Habana.

En general, la idea que se ha trasmitido sobre los Diálogos de La Habana a la opinión pública, a través de los medios que sirven a grandes intereses nacionales y extranjeros, está relacionada con aspectos triviales, manipulaciones de la información y da más cobertura a los “avances militares y contrainsurgentes,” ofreciendo informaciones sobredimensionadas y cifras inexistentes sobre las bajas, deserciones y desmovilizaciones de las guerrillas de las FARC y del ELN.

Manifestar que la polarización puede incidir en el proceso de diálogo por la paz no tiene sustento, ya ese estado de opinión existía desde antes de que se establecieran estos diálogos en La Habana, pero esto serviría para ir sembrando la idea de que los diálogos hay que apurarlos, firmar lo ya acordado y “esta es ya la estructura final”. No en vano ya muchos medios han empezado a comentar que las conversaciones están en la “recta final”, mientras que otros asalariados de la extrema derecha latinoamericana hablan del “miedo al final”, un artículo que derrocha la esencia de lo que puede ser un verdadero “Cain”.

Si sectores políticos, económicos y militares, apoyados en los medios de prensa que le son afines, continúan su campaña contra los Diálogos de Paz ello no es noticia, esa es su bandera, la de la guerra. Pero argumentar que la polarización puede hacer inviable la firma de un acuerdo de paz es una argucia demasiado débil, que, sin embargo, abona el terreno para sembrar la idea de que la oposición al proceso encabezado por el uribismo no le deja otro espacio, ni tiempo para la continuidad de los diálogos y presionarán para firmar lo ya acordado.

Los tiempos de una negociación pueden ser medidos en horas, días, meses y años, lo fundamental es que se logren resultados y acuerdos firmes, duraderos y efectivos. De ninguna manera los diálogos de La Habana se han convertido, ni se convertirán en una institución permanente para prolongar en el tiempo las conversaciones, si muchos de los puntos que se debatieron hubieran logrado el beneplácito de las partes, hoy temas como la Reforma Agraria Integral, la extranjerización de la tierra, no estarían esperando nuevamente su debate en el “congelador”.

Esa labor mediática al servicio de los enemigos de la paz, ha servido para dividir a los colombianos y hacer rentable sus negocios, muy especialmente, los sectores vinculados con el narcotráfico, y los segmentos guerreristas que fueron derrotados en la pasada contienda electoral por la presidencia de la República.

La preocupación de que los diálogos de paz están en peligro viene dada porque en el evento de Miami ya citado, además de las declaraciones del ex-vicepresidente de la Calle, el propio Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo expresó: “entramos en los temas que tocan realmente y directamente a las FARC: las víctimas de las FARC, los hombres de las FARC, las armas de las FARC, el cese al fuego definitivo (…) No sabemos cuánto tiempo esto vaya a durar, todo esto va a ser arduo y difícil pero la estructura sí es la estructura del final”.

Este comentario prende las alarmas y está indicando que el Gobierno quiere apresurar la firma del Acuerdo de paz, solo habría que conocer si están decididos a debatir y consensuar con las FARC las 28 salvedades pendientes de los tres puntos de la Agenda acordados parcialmente, o llevar aquellos temas no acordados a una Asamblea Nacional Constituyente.

Las aseveraciones del Alto Comisionado resultan llamativas, porque los Acuerdos Generales de La Habana establecen que el punto de víctimas atenderá y recogerá los planteamientos sobre todos los actores armados y no solo los de una de las partes, en este caso las de las FARC; la dejación de armas es otro punto sujeto a los acuerdos arriba mencionado y a las reformas que las partes acuerden. Así lo ratificó la delegación de las FARC en el comunicado hecho público el pasado 1 de septiembre donde señalan: “Altos funcionarios del gobierno están creando la sensación de que con la visita de las primeras víctimas del conflicto y la presencia del general Javier Flórez y de un grupo de coroneles en La Habana, lo que sigue por añadidura es la entrega de las armas y la desmovilización de la guerrilla”.

“En desarrollo de esta ficción, el presidente Santos ha anunciado la creación de un Comando Estratégico de Transición que estaría encargado de supervisar “cómo es que vamos a hace esa transición, cómo es que vamos a supervisar la desmovilización del enemigo, cómo vamos a supervisar y garantizar la entrega de armas”. Atrevida argumentación si se tiene en cuenta que ninguno de estos asuntos ha sido tema de debate en las conversaciones, y que conceptos como “transición”, “desmovilización” y “entrega de armas”, no existen ni en la gramática del acuerdo de La Habana, ni mucho menos en el lenguaje de la guerrilla”.

“Es necesario precisar con relación a la creación del Comando de Transición, que de ninguna manera las FARC aceptan una jerarquía militar para resolver asuntos que son de carácter político por definición, y que aspectos tan importantes como la dejación de armas, también implican la desmilitarización de la sociedad y del Estado.”

“Nos preguntamos entonces a qué juega el gobierno con sus anuncios, cuando lo normal sería no crear falsas expectativas, y por el contrario explicar, que si bien se avanza en varios campos, lo que está por definirse, como es el caso de las transformaciones institucionales, aún toma tiempo”.

“Pareciera que la estrategia es hacer creer que el proceso de paz ha entrado en la recta final, en el mismo viejo esquema, carente de imaginación, de entender la paz como entrega de las armas, ahora subordinada al alto mando militar, y sin que se den los cambios sociales, económicos y políticos que reclama el país”

El cese de fuego definitivo ha sido un tema controvertido, porque hay sectores de alto rango en las FF:MM que se oponen y lo han expresado públicamente; sin embargo es sano recordar que las FARC propusieron en la Mesa su disposición a un cese bilateral de fuego y lo hicieron público desde que comenzaron los diálogos, en noviembre del 2012. En declaraciones públicas de las FARC el pasado 2 de septiembre plantean: “mientras el gobierno se propone abordar el tema del cese al fuego y dejación de las armas, sin considerar inicialmente otros numerales del tercer punto de la agenda, la guerrilla ha dicho que el abordaje de este punto debe ser un proceso integral y simultáneo, como lo señala el Acuerdo General de La Habana.”

Aquí el problema es otro, y se trata de determinar cuál es la paz que se propone concertar el Gobierno con la guerrilla, cuya existencia data de hace 50 años y sus objetivos de acuerdo a lo publicado por las FARC están relacionados con cambios o reformas estructurales que logren una sociedad con justicia social, equitativa, con oportunidades para todos los ciudadanos, garantías de recibir educación y atención de salud pública, plena seguridad para el ejercicio político de los ciudadanos y recuperar plenamente la soberanía nacional entre otros.

Es en los temas pendientes de los Diálogos de la Mesa donde está el “pollo del arroz con pollo”, es allí donde está el sustento de lo que sintéticamente se describe en el párrafo anterior. Hasta hoy hay avances positivos, acuerdos parciales satisfactorios, pero por lo que plantea públicamente la guerrilla, lo significativamente estratégico para llegar a una paz sustentable y duradera estará dado cuando se logren esos acuerdos y se abra una política de inclusión social.

De acuerdo a lo que los voceros insurgentes afirman y el propio presidente Juan Manuel Santos ha manifestado, “hay que trabajar por salir de la pobreza”, porque mientras haya pobreza, que se deriva en injusticia, discriminación e inseguridad ciudadana, existirá el caldo de cultivo para la violencia.

Este reconocimiento de las partes, de la necesidad de superar la pobreza, la injusticia social y la inseguridad ciudadana, es elemento esencial para que sean superadas las diferencias que actualmente presentan estas conversaciones. El país espera esa grandeza de los que hoy tienen la gran responsabilidad de conducir la nave de la paz a puerto seguro.

(*) Tony López es politólogo, periodista cubano y analista temas internacionales.

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