Responsabilidades del progresismo en ascenso de oleada neofascista

Por: Narciso Isa Conde* Opinión

Algunos llaman «centrismo» al «progresismo».

Los hay que lo califican de «derecha moderada» o de «izquierda reformista».

Hay progresismos que no son más que la derechización de las izquierdas en diferentes grados.

La moderación es su lema. Nada de radicalismo. Nada de revolución e incluso siempre distante de toda reforma transformadora.

Cero anti-capitalismo.

Estamos «desfasado» quienes proponemos «expropiar a los expropiadores».

Hay que respetar la gran propiedad privada, los monopolios, los oligopolios, los latifundios, las corporaciones transnacionales, que le han quitado la propiedad a una gran parte de la sociedad.

El empobrecimiento lo combaten con frágiles programas sociales asistencialistas y con aumentos salariales que luego se los traga la inflación.

Al socialismo de verdad procuran «social democratizarlo» y recurrir a su nombre solo como retórica, no como socialización de la propiedad sobre los medios de producción y los servicios.

Lo ya privatizado por el neoliberalismo –que es muchísimo generalmente- se queda privatizado, aun asumiendo demagógicamente la crítica a ese modelo.

Ernesto –Che- Guevara llegó a decir que no había nada más ambiguo que el calificativo de progresista. Y el Che tuvo la razón, sobre todo cuando se hacen los balances de las gestiones de gobierno denominados progresistas

Los cambios moderados y las reformas que ejecutan diversas modalidades del progresismo son muy limitadas y muy vulnerables para superar las enormes desigualdades y la diversidad de males acumulados en el curso de la dominación capitalista-imperialista.

Los progresismos y las llamadas izquierdas moderadas evade el antiimperialismo y la superación del coloniaje imperialista.

Su visión de independencia y soberanía es muy corta y no pocas veces casi nula.

Sus gobiernos evaden la crítica al capitalismo y contemporizan con la oligarquía capitalista.

Si tácticamente les conviene hablar de socialismo, lo hacen como propaganda. De palabras, sin hechos que respalden sus discursos.

Se niegan a atacar la causa de las injusticias sociales, de la explotación, de las desigualdades, de las discriminaciones y las opresiones.

Las más de las veces administran la democracia representativa liberal y sus instituciones, y se montan, sin tratar de abolirla en la vieja maquinaria permanente del Estado.

Nos quieren confundir con una transición, que si bien requiere un trato adecuado y digno a la micro, pequeña y mediana propiedad, incluye en su lógica moderada una inaceptable contemporización y subordinación al gran capital financiero, comercial, industrial y digital

Le ceden amplios espacios a la corrupción, al burocratismo, a las prácticas clientelismo, al electoralismo liberal y a las concesiones neoliberales que demandan las elites capitalistas transnacionales y locales.

Renuncian a la construcción de poder popular y a organizar la revolución.

Dejan intactas las bases de sustentación económica y social capitalistas e imperialistas de los partidos tradicionales de derecha y ultraderecha. y de las nuevas derechas pro fascista. No expropian el gran capital privado que los financian y respaldas, ni las agencias internacionales

Tiende fundamentalmente a administrar el viejo Estado capitalista y las nuevas crisis sin optar por cambios estructurales y culturales profundos.

Son muy débiles sus reacciones frente a la dominación clasista, patriarcal, racista, imperialista…

Los progresismos son modalidades de hacer  política para no ser de izquierda revolucionaria y para no desarrollar fuerzas transformadoras.

Más bien lo asumen para abandonar engañosamente la idea de la revolución política y social y la liberación nacional y social, para abandonar el compromiso con el pueblo trabajador, con los sectores humildes y las capas medias empobrecidas.

Tal postura implica la renuncia en los hechos del proyecto de revolución continental y mundial, de patria grande liberada y socialismo.

Y eso crea desconfianza, genera sensación de abandono y recicla la desesperanza en amplios sectores de la sociedad.

Debilita políticamente

Debilita electoralmente.

Eso ayuda a los partidos tradicionales de derecha. Retrasa su desgaste y potencia la nueva derecha neofascista-populista con fuerte base en los fundamentalismos religiosos manipulados por la inteligencia estadounidense y sionista.

∙ LA MODERACIÓN FACILITA EL AUGE NEOFASCISTA.

La moderación del progresismo, que incluye la derechización de ciertas izquierdas, facilita su relevo por las nuevas derechas fascistoides y le abre cancha al neofascismo populistas, que sabe aprovechar el profundo descontento popular con estas seudo-democracias, con la clase política tradicional, con sus «castas» y «clanes» corruptos.

Esas nuevas derechas saben explotar las redes sociales y saben pintarse de radicales contra el sistema imperante y contra un Estado podrido y una sociedad insegura, azotada por la delincuencia común y por el lumpen-capitalismo.

Saben introducir en el quehacer político todo lo conservador de las corrientes más dogmáticas de las religiones evangélicas y del catolicismo

Las nuevas derechas, ideológicamente neofascistas, promueven el individualismo y lo privado frente a lo estatal y lo público, potencian el egoísmo y denigran todo lo colectivo en sociedades donde abunda el cuenta-propismo, la exclusión social, la desindustrialización, la usura, la llamada economía informal, los sin trabajo, los juegos de azar, las desesperanzas, los fundamentalismos religiosos.,

El discurso radical del neofascismo populista es simple, superficial y demagógico, impregnado de todos los antivalores conservadores. Pero es mucho más atractivo que el discurso moderado del progresismo y de las izquierdas social-pendejas.

El capitalismo y el imperialismo de estos tiempos es demasiado radical como para validar moderación de quienes lo adversamos.

Eso explica su ascenso neofascista empujado por el neofascismo trumpista estadounidense, el sionismo israelí y sus poderosos mecanismos religiosos.

Explica sus victorias electorales, sensiblemente alimentadas por las granjas de bols y los trucos digitales de los Cerimedo, Negre, Marco Rubio y secuaces de la mafia digital.

Trampas montadas sobre un crecimiento real del discurso y la expansión de los contingentes neofascistas disfrazados de libertarios, eficaces frente a un progresismo timorato y una izquierda derechizada.

Toda una oleada que ha logrado temporalmente derrotar un abanico progresista estancado, retrocediendo y en crisis.

Crisis del progresismo causada por sus posturas timoratas, por su moderación infundada, por su miedo a remontar las fronteras de un sistema en decadencia.

Los hechos no nos dejan mentir.

Milei y los libertarios fascistas argentinos triunfaron frente a un peronismo corrupto y profundamente sistémico, incapaz de impulsar cambios estructurales, anclado en un reformismo gelatinoso.

Las inconsistencias del correísmo, la corrupción de su Vicepresidente y la vergonzosa traición de Lenin Moreno, facilitaron el auge ultraderechista que terminó entronizando, primero a Lazo y ahora al neofascista Noboa.

La derechización de Boric le abrió las puertas al fascista de Kast.

La progresiva moderación de Lula, las alianzas con sectores de derecha y el destape la asociación de su gobierno con las modalidades de corrupción de las constructoras ODEBRECHT y Andrade Gutiérrez y en PETROBRAS (exportación de corrupción brasileña), terminaron por facilitar el poder que exhibe el clan neofascista de los Bolsonaro

El asistencialismo se quedó corto en Brasil frente a las brutales desigualdades sociales, la lacerante inseguridad social y las penurias acumuladas.

La radicalidad del discurso y del accionar del bolsonarismo logró atraer más juventudes que la persistente moderación del PT y sus claudicaciones frente al capital financiero en crecimiento.

En Colombia, el limitado reformismo de Gustavo Petro, la hostilidad contra Nicolás Maduro y el proceso bolivariano de Venezuela, su alianza con Boric, las vacilaciones frente a un fraude descarado, la tolerancia las bases militares gringas y el intervencionismo de Trump y del evangelismo pro fascista en favor de Abelardo de la ESPRIELLA, determinaron un cuadro en el que EEUU logró imponer en Colombia al Milei colombiano,

La gestión desastrosa de Pedro Castillo abrió la caja de pandora del fujimorato y del trumpismo con toda su perversa agresividad… hasta imponerse en el Perú con la maña y con la fuerza.

Mel Zelaya y Xiomara Castro, en su retorno al gobierno, protagonizaron una gestión tan caótica y distante de los anhelos populares que le abrieron paso al candidato neofascista de Donald Trump y del ex narco presidente Luis Orlando Hernández.

En estos y en otros casos…la derechización fascistoide es el resultado de la intervención imperialista, del nefasto accionar de las nuevas y viejas derechas y de las facilidades que les brindan las insatisfacciones populares provocadas por gobiernos y partidos que defraudan a quienes los respaldaron, casi todos a nombre del progresismo o de una falsa izquierda.

Llama la atención como la inteligente radicalidad esencial y la valentía de López Obrador, Claudia Scheibum y Morena, determinan la fortaleza, la constante renovación y la enorme popularidad del actual gobierno mexicano.

Otro tanto acontece en EEUU con los éxitos de las izquierdas socialistas estadounidenses y el persistente declive del trumpismo y las cúpulas del PRI y el PD.

Señal de que a la radicalidad fascista hay que oponerle una izquierda radicalmente transformadora e innovadora. y no una contrapartida tan moderada y tan sensata que raya en el pendejismo.

De todas maneras, en ambos casos los fundamentalismos religiosos en la  política electoral, puede ser una contraparte sumamente peligrosa frente a la cual todavía no se han estructurado respuesta bien pensada y bien instrumentada.

La cuestión ideológica-cultural, y específicamente los cambios que introducen esas religiones en la política y en las votaciones, ameritan una profunda reflexión en procura de las respuestas alternativas sobre todo en lo que concierne a sus impactos en los amplios sectores empobrecidos de nuestras sociedades.

Santo Domingo, RD // 8-10-26

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*Narciso Isa Conde (San Francisco de Macorís, 28 de noviembre de 1942) es un destacado político, escritor, ensayista y activista revolucionario dominicano, reconocido como una de las figuras históricas más relevantes de la izquierda en la República Dominicana. Es un prolífico articulista y autor de numerosos libros y ensayos (como Revelaciones) donde analiza la coyuntura política nacional e internacional. @narcisoisaconde

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