Cuando una Mujer Avanza, No Hay Hombre que Retroceda
Dr. Gaspar Velásquez Morillo*
El estruendo de botas extrañas resonó en los pasillos, un sonido metálico y ajeno que quebró la paz de la madrugada. Entre gritos de órdenes en inglés y el ruido seco de los escombros desplazados por la violencia de la irrupción, la fuerza militar estadounidense tejió su cerco implacable. En el epicentro de aquel huracán de soberbia imperial, se encontraban el Presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores. Lo que siguió no fue solo un secuestro; fue la escena donde el compromiso revolucionario se fundió con el amor conyugal en un acto de desprendimiento histórico. Al ver cómo apuntaban a Nicolás, Cilia, con una serenidad surgida de lo más profundo de su convicción, no lo dudó. Se ciñó a él, entre empujones y forcejeos, recibiendo los mismos golpes, los mismos ultrajes, el mismo jaloneo de su cabellera. Su abrazo no era de despedida, sino de posesión: “Si se lo llevan, me llevan con él”. La operación, precipitada y torpe ante tal muestra de entereza, no logró desprenderla. Finalmente, ante la imposibilidad de fracturar aquella unidad, los secuestradores optaron por llevarse a los dos. Avanzadas las horas del día los vimos a los dos por breves videos que hizo circular el Imperio y él nos emitió una clave que solo las y los chavistas sabemos interpretar esa señal. Él, caminando con dificultad; ella, con los brazos cruzados sobre el abdomen, protegiendo quizás una costilla fracturada por la brutalidad, pero con la mirada tan firme como el día en que juró defender la Patria.
Este gesto heroico no nació de la nada. Es un hilo directo que teje la épica contemporánea con los momentos cruciales de la Revolución Bolivariana. Recordemos el 11 de abril de 2002, cuando la traición cercó al Comandante Chávez. Ante la infame amenaza de bombardear Miraflores, el ministro de la Defensa, el civil y periodista de temple, José Vicente Rangel, dio una orden que resonaría en la historia: “Vayan a buscar a mi esposa. Si vamos a morir, morimos juntos”. Esa misma conciencia, ese mismo pacto de amor y destino compartido frente a la embestida del imperio, es el valioso antecedente que ilumina la acción de Cilia Flores. Es la convicción de que en la lucha por un ideal superior, la compañera y el compañero son un solo ser, un solo escudo. Nicolás y Cilia, sin duda, habían conversado y forjado ese pacto en el silencio de su compromiso, sabiendo que la ignición para semejante desprendimiento solo puede brotar de una intensidad amorosa que trasciende lo personal para fundirse con lo colectivo
En esta línea histórica de fortaleza femenina, es imperioso recordar a Nora Castañeda, la economista comprometida y presidenta del Banco de Desarrollo de la Mujer, quien partió físicamente hace más de una década, pero cuyo legado vibra en cada conquista. Fue ella quien, con profunda visión, colocó en la palestra pública la consigna que hoy define un principio de la Revolución: “Cuando una Mujer Avanza, no hay Hombre que Retroceda”. Cilia Flores es la encarnación viva de esta máxima. Su avance, aquel 3 de enero, no fue un paso al frente, sino un abrazo que detuvo simbólicamente la retrocesión, que plantó dignidad frente a la barbarie. Como ella, millones de mujeres venezolanas de todas las edades son el factor fundamental, el pulso diario y la columna vertebral del Proceso Socialista Bolivariano, asumiendo responsabilidades titánicas con una gallardía que hunde sus raíces en las heroínas originarias, en Urquía junto a Guaicaipuro, en el arte que no se entiende sin la musa, en la lucha que se hace invencible cuando se comparte.
El legendario comandante guerrillero colombiano Manuel Marulanda Vélez afirmaba con la sabiduría de quien lo vivió: “No hay nada como hacer la Revolución al lado de un gran amor”. Nicolás y Cilia personifican esta verdad. Su vínculo trasciende lo público, se nutre de complicidades íntimas –como esas bromas de Nicolás que hacían sonrojar a Cilia, seguidas de sus reclamos cariñosos y las estruendosas carcajadas reconciliadoras– y se consagra en la voluntad inquebrantable de compartir el mismo destino, por oscuro que este parezca. El presidente ha reconocido, con admiración genuina, la perspicacia y la virtud de su compañera: “Me sorprendo hay veces, porque ella ve lo que hay veces no vemos”. Esa mirada complementaria, esa fuerza que se multiplica en la unidad, los hace una pareja útil y trascendental para la Revolución.
Hoy, tras casi un mes de este vil cautiverio, nuestro reconocimiento y admiración se profundizan. Expresamos entera confianza en la Presidenta Encargada, Delcy Eloína, y en el alto mando revolucionario. Ellos, otra mujer y un colectivo de dirección férreo, no se han doblegado. Mantienen, con estoicismo, la comunicación y la defensa de la Patria, demostrando que la cadena de mando y la lealtad al pueblo permanecen indestructibles.
Cilia Flores, con su acto, ha entrado por méritos propios en la historia grande. A pesar de la diferencia de estatura física, su figura se yergue monumental, midiéndose de la frente al infinito. Su abrazo del 3 de enero fue más que un gesto de amor; fue un principio táctico y estratégico de la Revolución: la unidad inquebrantable. Este capítulo doloroso, lejos de sembrar división, debe propiciar la comunión más férrea entre todos los revolucionarios y revolucionarias. Porque, como ha quedado demostrado, cuando una mujer como Cilia avanza con tal valor, no hay fuerza imperial que pueda hacer retroceder a un pueblo entero.
Será enternecedor verlos cuando estén de vuelta y se presenten ante la multitud, de seguro un aura luminosa bordeará la silueta de ambos. Quedará desecha la aseveración que detrás de cada hombre hay una mujer; Cilia y la historia, afirmaran que al lado de un gran hombre hay una gran mujer. Sobran las palabras…
gasparvelasquez4824@gmail.com
♦♦♦

BLOG DEL AUTOR: Gaspar Velásquez Morillo
Correo: gasparvelasquez4824@gmail.com
Siguenos en X: @PBolivariana
Telegram: @bolivarianapress
Instagram: @pbolivariana
Threads: @pbolivariana
Facebook: @prensabolivarianainfo
Correo: pbolivariana@gmail.com ||FDE82A
