Por: Juan Hernández Machado*, miembro de la Unión de Escritores y de la Unión de Historiadores de Cuba

Lo que el presidente Donald Trump de los Estados Unidos ha denominado “la guerra de los doce días” entre Israel e Irán, incluyendo el ataque estadounidense contra las  instalaciones nucleares civiles  de Fordow, Natanz e Isfahán en Irán, y la respuesta anunciada de este país contra instalaciones militares estadounidenses en Qatar y en Iraq, al parecer, termina con un cese al fuego entre los dos principales contendientes y el presidente estadounidense llamando a una paz duradera y bendiciendo a todos por igual.

Y decimos al parecer porque, para no extendernos, solo en los últimos dos meses el presidente estadounidense ha estado enviando señales falsas de paz y de contención mientras Israel preparaba la agresión contra la República Islámica de Irán seguida por la agresión estadounidense, a solo pocos días de que el propio Trump declarara que le daría dos semanas a los iraníes antes de que él decidiera qué hacer.

El mundo ha estado, y consideramos que aún lo está, al borde de la extensión de una guerra que no ayudaría a nadie y tendría un alcance incalculabre, como pronosticara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 15 de octubre del año 2010 al decir que un ataque de Israel y Estados Unidos contra la República Islámica de Irán provocaría un conflicto nuclear global y llamaba a los pueblos a exigir a sus gobiernos el derecho a la vida porque cuando estaba en juego la especie, su pueblo y sus seres queridos, nadie podía darse el lujo de ser indiferente. “Mañana sería demasiado tarde”, advertía el líder histórico de la revolución cubana.

Después de tantas mentiras de los gobiernos de Israel y de Estados Unidos en cuanto al genocidio contra el pueblo palestino y la agresión a la República Islámica de Irán, ¿Quién garantiza que realmente cumplirán su palabra en estos momentos? ¿Quién le ha dado el derecho al presidente estadounidense de convertirse en señor de ordeno y mando para el mundo entero?

Los dirigentes de estos dos países han declarado públicamente que estuvieron en constante consulta para decidir sus acciones y hasta el gobierno de Tel Aviv publicó una foto donde aparecen sus  principales dirigentes militares observando el ataque estadounidense contra las instalaciones nucleares de Irán, lo que nos hizo recordar las sesiones semanales del señor presidente Barack Obama para ver cómo los drones estadounidenses destruían todo en Afganistán bajo la supuesta persecución de dirigentes de organizaciones terroristas.

Lo que ha venido sucediendo en los últimos veinte meses no tiene precedentes anteriores: decenas de miles de asesinados civiles, centenares de miles de heridos, desolación, hambruna, desesperación en el pueblo palestino, en el Líbano, Siria y Yemen por las acciones  del gobierno de Tel Aviv con el apoyo absoluto en todos los frentes del gobierno estadounidense, tanto de los demócratas como ahora de los republicanos.

Y a todo esto se agrega la agresión a la República Islámica de Irán, ejemplo de piratería y de un mafioso actuar en el siglo XXI violando todas las normas internacionales existentes.

Los países amantes de la paz han expresado individualmente y a través de organizaciones regionales e internacionales a las que pertenecen su condena total a este tipo de actuación y han llamado a actuar, fundamentalmente al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como a la Comisión de Energía Atómica. Sin embargo, es hora de reflexionar sobre esto.

Sin pretender ser pesimista y no considerar el trabajo intenso que hay que desarrollar en esas organizaciones, aceptemos que en el Consejo de Seguridad, en última instancia, el veto de los Estados Unidos impedirá cualquier acción coherente, justa y equilibrada para poner fin a este conflicto de forma general. Además, sobre el tema de Palestina hay un número de resoluciones de ese Consejo aprobadas hace muchísimo tiempo, que el gobierno de Israel- esté quien esté en el poder y represente el partido que represente- ha violado y continuado violando, y no sucede absolutamente nada.

No es un secreto para nadie que utilizando su contribución anual como garrote amenazante que dejaría a la ONU sin fondos necesarios para su desempeño diario, fundamentalmente después de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista en 1991, Washington ha impuesto sus condiciones en el Consejo de Seguridad, motivando, en ocasiones, ir a la Asamblea General (AGNU) para buscar una condena contra lo mal hecho, lo que se ha logrado en el caso de Palestina y, con un buen trabajo, tal vez pudiera lograrse en el caso de la agresión de Israel a la República Islámica de Irán.

Pero en términos concretos, ¿se gana algo con eso? Recordemos que las resoluciones de la AGNU no son mandatorias y por lo tanto nuestro ejemplo es más que válido: durante más de veinte años el mundo mayoritariamente se ha manifestado en contra del bloqueo estadounidense contra Cuba (por cierto, con ese país y su aliado Israel, como es lógico, oponiéndose), exigiendo su terminación pero nada se ha conseguido.

Y esto también lo definió nuestro Comandante en Jefe el 19 de julio de 1993 en un encuentro con las organizaciones de solidaridad con Cuba que tuvo lugar en Salvador de Bahía, Brasil, cuando dijo “El Consejo de Seguridad es muy importante porque es el mecanismo mediante el cual el imperialismo, en su papel hegemónico en el mundo unipolar, quiere gobernar el planeta sin rendirle cuenta siquiera a la Asamblea General. Deciden hay que intervenir aquí, y ahí intervienen, allá van las tropas norteamericanas”.

Reiteramos que en ese augusto órgano mundial el veto de los Estados Unidos es suficiente para frenar al mundo.

¿Qué hacer, entonces?

Sin dejar de hacer denuncias, condenas, declaraciones, acudir a todas las instancias internacionales  posibles para denunciar estas actitudes irresponsables y descontroladas de Israel y de los Estados Unidos contra el pueblo palestino, Líbano, Siria, Yemen y la República Islámica de Irán, hay que actuar en otros niveles. Dos ejemplos muy recientes.

El lunes 23 de junio el ministro de Asuntos Exteriores español, el señor José Manuel Albares, anunció que su país solicitará al Consejo de la Unión Europea que suspenda inmediatamente el acuerdo de asociación que regula las relaciones entre ese bloque e Israel debido a las violaciones de los derechos humanos en Gaza por parte del Tel Aviv. También anunció que solicitarían un embargo europeo a la venta de armas a Israel. Dicha posición ha sido apoyada por Irlanda y Bélgica, según diferentes medios de prensa.

Y ante la presión de activistas palestinos sobre la gigante naviera danesa Maersk, la misma anunció  que cortará los vínculos con las compañías vinculadas con los asentamientos ilegales de Israel en Cisjordania ocupada, según información aparecida en el sitio web de la compañía.

En comentarios anteriores publicados en este mismo sitio, expusimos ejemplos de sindicatos que se negaron a cargar y descargar buques de Israel, una cadena de mercados británica que decidió no vender ningún producto de Israel y otros ejemplos de entidades que como reacción al genocidio sionista contra los palestinos actuaron en esferas que afectan la economía del agresor.

Cuando la obsesión de los yankees era destruir el comunismo en el mundo, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense tenía un procedimiento organizado para desestabilizar gobiernos que no le simpatizaban al ocupante de la Casa Blanca. Luego con los cambios ocurridos en el mundo surgió un académico estadounidense con un Manual de medidas a adoptar para producir los llamados golpes blandos que tendrían el mismo objetivo que el procedimiento de la CIA.

Los señores dirigentes estadounidenses han defendido el mismo como legal  y válido para oponerse a dictadores, según sus concepciones.

¿Qué le impide al mundo, entonces, crear medidas similares para aplicarla a verdaderos hegemonistas, genocidas, y reales terroristas como los gobernantes de Israel y de los Estados Unidos de América?

Los pueblos deben ganar conciencia sobre esto. Es posible que por un tiempo los cohetes de Israel e Irán no se intercambien, pero lo que sí es seguro es que no terminará el genocidio israelita contra el pueblo palestino y las agresiones diarias al Líbano, Siria y Yemen.

¿Lo seguiremos permitiendo?

Hay que movilizar a todas las fuerzas progresistas y amantes de la paz en el mundo, a unirse dentro de la diversidad de posiciones que pudieran tener, para exigir y adoptar medidas concretas que obliguen a los racistas que dirigen Israel- que tanto daño le han hecho a su propio pueblo en los últimos 20 meses- a terminar con su política guerrerista y genocida, y encontrar una paz con los palestinos y países vecinos que realmente sirva a todos por igual y que el gobierno de Israel respete, ya que ninguno de los acuerdos promovidos por Estados Unidos y los logrados en estos casi dos años con los movimientos islámicos Hamas y Hezbollá los ha cumplido a cabalidad.

Es hora de actuar de forma diferente, enérgica, decidida, unida, para evitar males mayores que inclusive pudieran incluir otra conflagración mundial.

24 de junio 2025.

♦♦♦

*Juan Hernández

BLOG DEL AUTOR: Juan Hernández Machado
BIOGRAFIA: Juan Hernández Machado
Siguenos en X@PBolivariana
https://t.me/bolivarianapress
https://www.threads.com/@pbolivariana
https://www.instagram.com/pbolivariana/
pbolivariana@gmail.com