Por: Ramón César González Ortiz*

Otro botín que obtendrían Inglaterra, Francia y Estados Unidos, después de las guerras del opio contra China (1839-1842, 1856-1860), sería la posibilidad de traficar con los culíes o coolíesi. Trafico al cual los británicos llamaron “tráfico de puercos”. 

Así, la categoría coolie sería una denominación peyorativa del migrante asiático durante gran parte del siglo XIX y dentro de la cual entrarían en esa condición los jornaleros filipinos, hindúes y chinos principalmente.

Todo a partir de que, las Guerras del Opio, asestaran un duro golpe a la población china, no solo por las muertes directas fruto de la violencia, sino también por el efecto de la escasa producción agrícola, situación que repercutió en densas hambrunas, miserias y múltiples enfermedades que significarían altos volúmenes de muertos y desplazamientos masivos de chinosii.

Y ello, unido a la importante demanda de mano de obra en las colonias y áreas subdesarrolladas, convertiría en un gran negocio el “contrato” y traslado de grandes grupos de chinos.

Ocurriendo así, a partir de que, durante la segunda mitad del siglo XIX, los esclavos habrían de ser reemplazados por trabajadores bajo contrato como la principal fuente de fuerza de trabajo en las plantaciones. De ahí, las autoridades coloniales británicas reclutarían trabajadores del subcontinente hindú para las plantaciones de azúcar en el Caribe. Otros hindúes también serían empleados en las plantaciones, en las minas y en la construcción del ferrocarril en Malaya, el este de África y Fiji.

E igualmente, las autoridades coloniales holandesas utilizarían mano de obra china en proyectos de construcción en las Indias holandesas orientales. Resultando ser que, hasta un millón de trabajadores por contrato serían reclutados en Japón, principalmente para trabajar en Hawai, Estados Unidos, Brasil y Perúiii.

Durando los viajes en promedio cuatro meses a través de los llamados “barcos chineros”, “los barcos del infierno” o los “infiernos flotantes”. Llamados así, porque eran insalubres y hacinados clippers, embarcaciones donde se darían numerosas muertes de chinos en alta mar. Puesto que, ningún barco estaba acondicionado para el transporte de pasajeros, fueranholandeses, peruanos, franceses, rusos, austriacos, o portugueses.

Siendo común así que, buena parte de los hombres contratados no llegaran a su destino final, pues durante el trayecto sufrían todo tipo de enfermedades como: escorbuto, anemia, gripa o disenteríaiv.

Hechos que llevarían a que, si bien, en un principio, había una gran oferta de trabajadores que deseaban emigrar en busca de mejores condiciones de vida. Posteriormente, los rumores de las malas condiciones de trabajo en el extranjero provocarían que la fuente de voluntarios fuera insuficiente, por lo que los enganchadores, estimulados por las ganancias, comenzarían a utilizar el engaño y, finalmente, hasta el secuestro para conseguirlosv.

Así, serían raptados muchos chinos por “enganchadores” y vendidos en San Francisco, Hawaii, Australia o Asia sudoriental. También serían llevados a realizar trabajos durante cierto tiempo en minas de estaño o en las plantaciones de caucho del sudeste asiático; otros serían llevados más lejos, a recoger guano a Perúvi o a la zafra cubana, a construir las líneas de ferrocarril en América, al Canal de Panamá, a las minas de oro de Australia y Sudáfrica o a trabajar en la retaguardia de los frentes europeos durante la Primera Guerra Mundialvii.

Escenario a partir del cual, también prosperaría el tráfico de mujeres y niños. Siendo las mujeres chinas secuestradas, principalmente de Cantón, y llevadas a Hong Kongviii, obligadas a prostituirse en esa colonia o en otros territorios fuera de Hong Kong.

Pero además de ser secuestradas, otras mujeres serían vendidas por sus familias, dado que, muchos otros habitantes chinos de Hong Kong, tras instaurarse los ingleses padecerían condiciones extremas de miseria. Transformándose así el mui tsaiix, en propiedad de los chinos ricos y, sobre todo, de los británicosx.

Con respecto a los Estados Unidosxi, se cuenta con registro de los primeros trabajadores chinos en 1784. Sin embargo, con la abolición de la esclavitud africana en las colonias inglesas en 1834, se daría origen a la gran demanda de mano de obra barata, para la extracción de materias primas que la Revolución Industrial en Europa necesitabaxii.

De tal suerte, en el puerto de Amoy, el comercio de coolies estaría en manos de dos compañías británicas: la Tait and Company y la Syme Muir and Company, y para 1855, las compañías estadounidenses Sampson and Tappan, de Boston, también enviarían coolies a Brasil y Perú.

Empero, cuando algunos tratantes fueran ejecutados, estos se trasladarían a Macao, desde donde harían un gran negocio. Así como, después de 1858, cuando los ingleses prohibieran a sus armadores participar del tráfico de chinos a Cuba y Perú, y cuando Lincoln hiciera otro tanto en 1861, les resultaría muy difícil a capitalistas como los cubanos operar sin tener un agente propio en Macao.

Por lo que, pronto aparecerían los franceses como los únicos autorizados para continuar con el transporte de chinos y poderosos armadores de Marsella, Nantes y Burdeos operarían con dos agentes en La Habana: La Compagnie Trasatlantique y Pierre Frères et Ciexiii.

Esclavos del opio.

Contexto a partir del cual, el consumo de opio y alcohol, serían alentados en algunas regiones por los hacendadosxiv y por Estados como el peruano, el cual crearía el estanco del opio en la década de 1890. Lógica dentro de la cual, los británicos exportaban el opio a Perú, donde la familia Aspíllaga, tenía el derecho exclusivo para su venta en Cayatalí, y de lo cual obtenían grandes ganancias.

De ahí, se retendría a los chinos en algunas haciendas, a partir del endeudamiento por su consumo de opio. Y ya para 1885, los Aspíllaga concederían la venta al menudeo a los “chinos contratistas”, pero conservando la importación y venta al mayoreo.

Resultado de tal situación sería que, hasta el 49% de sus ingresos los chinos los destinarían a “sus vicios”; a la vez, que el negocio de los Aspíllaga, se incrementaría al producir el alcohol en sus destilerías y comercializar el opio por más de 40 años.

Aun así, muchos chinos han pasado a la historia a ser calificados con los epítetos de “misteriosos, faltos de higienes y consumidores de opio. Además de ser reducidos semánticamente a las categorías de “amarillo”, “orientales”, “descendientes del imperio celeste”, “culí” o “contratoxv.

Lo cual ha derivado en reacciones contra los asiáticos, como la ocurrida en Los Ángeles, en 1871, conocida como la «Masacre China«. Cuando, una multitud de más de 500 hombres blancos mataran a por lo menos 18 hombres y niños chinos cerca del centro de la ciudadxvi.

i La categoría coolie fue una denominación peyorativa del migrante asiático durante gran parte del siglo XIX: entraban en esa condición los jornaleros filipinos, hindúes y principalmente chinos. Ellos, en las jerarquizaciones que construyeron el racismo, el capitalismo y las relaciones coloniales, fueron considerados como obreros de clase baja. Ser coolie era sinónimo de “mano de obra barata”, fue una designación social e históricamente específica, poseyendo una larga tradición de connotaciones peyorativas.

Una versión etimológica de coolies indica que es una palabra que proviene de zuo kuli, (pinyin: kǔlì), que significaría “el que trabaja duro”. Kuli sería amargo, duro, y Li, sería fuerza, trabajo. Fueron los ingleses los que expandieron el vocablo coolie del cual derivó su castellanización: culí. No obstante, otras versiones aseguran un origen bengalí del vocablo. Más allá del origen, en todas las definiciones está la idea de “trabajador diario” o “jornalero migrante”.

«TRABAJO AMARGO» LA GUANERA DE PAQUICA Y LOS CHINOS COOLIES (1840 – 1885). Del libro: Movimientos, tensiones y luces. Historias tocopillanas (2019).

ii La ocupación de Nanjing y la derrota final de los Taiping serían uno de los ejemplos más sangrientos de la represión militar de la historia de China… los viajeros que pasaban por las antes populosas provincias del Yangtze podían avanzar durante días sin ver otra cosa que cadáveres podridos, aldeas ardiendo y perros abandonados. Ningpo se transformó en la “ciudad de los muertos”, sin huella alguna de su medio millón de habitantes, salvo por los canales llenos de cadáveres e inmundicias estancadas. Quince años de carnicería y hambruna habrían de costarle a China entre 10 y 20 millones de almas y 17 provincias arrasadas.

HIJO DE UN PAÍS PODEROSO La inmigración china a América (1850-1950). Por: JOSÉ LUIS CHONG. 2008. PDF.

iii Migr. desarro vol.11 no.20 Zacatecas ene. 2013. Migración, trabajo y derechos precarios: perspectivas histórica y actual. Por: Stephen Castles

iv Se menciona que en un ocasión en un viaje que llevaba consigo 600 chinos tan solo llegaron a su destino 100, en algunas ocasiones las enfermedades infecto contagiosa se presentaban en los barcos y algunas medidas de prevención, era arrojar a los cuerpos enfermos, ya fueran vivos o muertos, para evitar que el resto de los tripulantes se contagiara.

UNIVERSIDAD MICHOACANA DE SAN NICOLÁS DE HIDALGO Maestría En Historia-Historia Regional Continental LOS CHINOS EN EL PRESIDIO DE PUERTO RICO: 1850-1899. TESIS PARA OBTENER EL TÍTULO DE MAESTRA EN HISTORIA. Presenta: Irlanda Gallegos Martínez. Michoacán, agosto de 2019.

v Los enganchadores eran ladinos, viciosos y en su mayoría jugadores. Los chinos los llamaban Chu Chay Tau (capataz de cerdos). Estos argumentaban que quienes aceptaran emigrar, habían de ir a la Tay Loy Sun (la gran España), país de mucho oro y plata, donde en corto tiempo se hacía gran capital y que podían regresar riquísimos a la terminación de sus ocho años de contrata. La víctima percibía la cantidad de ocho pesos mexicanos como adelanto y, en cuanto aceptaba el dinero, era conducida al depósito. En otros casos, el enganchador prestaba dinero a condición de que si no se pagaba, el chino aceptaría reclutarse como trabajador, siendo éste el procedimiento común para saldar deudas de juego.

Una vez convencidos o capturados, los futuros trabajadores eran instalados en los barracones o en barcos que también funcionaban como depósito. Por ejemplo, la firma Syme, Muir & Co. contaba con una gran barraca frente a sus oficinas y la de Tait & Co. había contratado para tal fin un barco llamado “El emigrante”.

HIJO DE UN PAÍS PODEROSO La inmigración china a América (1850-1950). Por: JOSÉ LUIS CHONG. 2008. PDF.

vi Pero una vez llegados al Perú, la situación seguía siendo calamitosa. El diario El Industrial de Antofagasta, en enero de 1884 comentó: “Hace ocho años que visitamos algunos fundos del Perú, y en ellos encontramos chinos que no tenían otro vestido que un costal con tres agujeros para los brazos y cabezas; vimos gran número de ellos con cadenas y grilletes, y pocos eran los que no llevaban en la espalda las marcas o lacras del terrible rebenque de los caporales”.

«TRABAJO AMARGO» LA GUANERA DE PAQUICA Y LOS CHINOS COOLIES (1840 – 1885). Del libro: Movimientos, tensiones y luces. Historias tocopillanas (2019).

vii Se calcula que este sistema movilizó de 12 a 37 millones entre 1834 y 1941.

La migración tradicional. En su época de esplendor, la dinastía Qing favoreció el traslado de chinos a todo el sudeste asiático a través del comercio. Como área de influencia natural del imperio, las vías náuticas en el mar del sur de China cubrían: Indochina (actual Viet-Nam, Camboya y Laos); Siam (Tailandia), Birmania (Myanmar), Sumatra y Filipinas, en el mar meridional; Japón y, en el mar del norte, Corea. En todos estos territorios, se crearon importantes colonias de inmigrantes chinos. Más tarde, con la llegada de las primeras expediciones comerciales de las potencias Occidentales, se produjeron los migrantes pioneros en América. A las colonias españolas llegaban través de Filipinas, como fue el caso de la “Nao de China”, embarcación que tocaba puerto en Acapulco, en la Nueva España, durante los siglos XVII y XVIII.

HIJO DE UN PAÍS PODEROSO La inmigración china a América (1850-1950). Por: JOSÉ LUIS CHONG. 2008. PDF.

viii El puerto inglés de Hong Kong, inaugurado en 1842 como consecuencia de la Guerra del Opio, acercó el imperio Manchú a las dinámicas globales comerciales y diplomáticas, y se dispuso como escenario principal de la exportación de culíes chinos hacia el Caribe y Suramérica para suplir la escasez de mano de obra esclava ocasionada por las regulaciones abolicionistas.

ix «hermana pequeña» en cantonés, describe a las jóvenes chinas que trabajaban como empleadas domésticas en China, o en burdeles o en hogares chinos acomodados en la sociedad tradicional china.

x El final de este tráfico solo se legislaría en 1923, aunque todos los mui tsai que se habían comprado, hasta esa fecha, seguirían siendo propiedad de quienes los compraron.

China. Hong Kong: de la colonia británica a la punta de lanza contra la República Popular de China. By Resumen Latinoamericano on 11 abril, 2020.

xi Después de la guerra de rapiña que los Estados Unidos hicieron a México en 1847-1848, con la cual cercenaron a nuestro país la mitad de su territorio, el descubrimiento de oro –en el aserradero de John F. Sutter, al norte de San Francisco, en 1848– incrementó masivamente la emigración china a California. Para entonces, era poco atractivo lo que ofrecían las colonias situadas al noroeste del continente, como Nueva York, Pensilvania y Ohio, además de que estos estados eran accesibles sólo para los colonos europeos.

En 1849, eran sólo 49 los chinos que trabajaban en las minas; a principios de 1850, ya había 500 en una población de 58,000 habitantes de California, y a finales de ese mismo año los chinos eran 14,000.2 Además del trabajo en las minas, en los 20 años que transcurrieron de 1849 a 1869, fueron traídos a Estados Unidos más de 63,0003 trabajadores chinos para la construcción de las vías férreas, debido a la crisis laboral provocada por la manumisión de los esclavos africanos, así como la urgente necesidad de unir de costa a costa la pujante economía norteamericana, sobre los territorios recientemente quitados a los mexicanos: la Alta California y Nuevo México, que entonces incluía el actual estado de Arizona.

Los habitantes del Nuevo Mundo se dieron cuenta que el trabajador chino rendía mucho más que el polinesio o el malayo. China les parecía entonces como una fuente inagotable de mano de obra barata. Así, se organizó un intenso tráfico de inmigrantes de un extremo al otro del océano Pacífico.

Los datos aportados por la oficina de emigración de los Estados Unidos, mostrarían que la mayoría era de origen cantonés

HIJO DE UN PAÍS PODEROSO La inmigración china a América (1850-1950). Por: JOSÉ LUIS CHONG. 2008. PDF.

xii La gran demanda de trabajadores hacía necesaria la firma de convenios de gobierno a gobierno, estableciendo las condiciones de contratación, las cuales desde luego no serían respetadas por los países empleadores. Así el 13 de septiembre de 1847 zarparía el primer grupo de coolies autorizado por el gobierno manchú, en un convenio firmado con el gobierno colonial español de la isla de Cuba.

Aunque se promulgaron leyes en contra de este tipo de explotación, el gobierno manchú no pudo vigilar su observancia y aplicación. Como ejemplo está el Tratado de Pekín firmado en 1860 por la fuerza expedicionaria anglo-francesa, después de la Segunda Guerra del Opio. En una de sus cláusulas dice que: “Cualquier chino que quiera aceptar un trabajo en cualquier lugar sometido a la jurisdicción británica, o en el extranjero, puede hacer un contrato con un súbdito británico para llevarlo a cabo…”.

El gobierno Qing, partir de 1874 prohibió el “comercio de los coolies”, ante la imposibilidad de hacer cumplir los convenios entre gobiernos.

HIJO DE UN PAÍS PODEROSO La inmigración china a América (1850-1950). Por: JOSÉ LUIS CHONG. 2008. PDF.

xiii El agente podía ser un “residente local”, cónsul, capitán de barco o una persona expresamente enviada; los cubanos usaban este último método, como antes se expuso. No faltaron los diplomáticos, quienes aprovechaban su status y privilegios para promover el tráfico en su propio beneficio. Como ejemplo, J. Tait, un ciudadano británico que simultáneamente era cónsul para España, Holanda y Portugal en Xiamen, en 1852 era el dueño de Tait & Co, la mayor exportadora de culíes en Amoy y socio de Syme, Muir & Co., otra gran empresa en el mismo negocio. El cónsul norteamericano, Charles W. Bradley Jr. era empleado de Tait y tenía a su mando un cierto número de enganchadores a los que despachaban al interior del país una vez que sabían de la llegada de un barco.

HIJO DE UN PAÍS PODEROSO La inmigración china a América (1850-1950). Por: JOSÉ LUIS CHONG. 2008. PDF.

xiv En 1875, se institucionalizó el descuento del opio “por planilla” en la tienda de la hacienda.

«TRABAJO AMARGO» LA GUANERA DE PAQUICA Y LOS CHINOS COOLIES (1840 – 1885). Del libro: Movimientos, tensiones y luces. Historias tocopillanas (2019).

xv «TRABAJO AMARGO» LA GUANERA DE PAQUICA Y LOS CHINOS COOLIES (1840 – 1885). Del libro: Movimientos, tensiones y luces. Historias tocopillanas (2019).

xvi Nunca nadie fue condenado por las muertes.

Los Ángeles Times. La relación de amor y odio de Estados Unidos con los inmigrantes. Por: ANGELICA QUINTERO

*Ramón César González Ortiz es Licenciado en Sociología y Maestro en Estudios Políticos por la UNAM.

X @PBolivariana