Por Alejandra Cuéllar Cedano*

El Gobierno colombiano adoptó una postura firme contra la xenofobia de Trump. “Nunca han tenido dignidad. Experimentémosla”

La relación actual entre Colombia y Estados Unidos marca un giro en más de un siglo de historia caracterizada por la vocación de colonia de los anteriores gobiernos colombianos al imperio norteamericano. Tras la gesta libertadora liderada por Simón Bolívar, en el siglo XIX los trabajadores artesanos asumieron un papel clave en la defensa del mercado nacional frente a una oligarquía emergente que favorecía la importación de productos de lujo sin restricciones del Norte global, en detrimento de la economía local. Esta resistencia popular derivó en la organización de lo que sería el primer sindicato de trabajadores, Las Sociedades Democráticas, un movimiento que logró un hecho histórico: la elección de José María Melo, general de las tropas de Simón Bolívar y primer presidente colombiano de ascendencia indígena.

En vísperas de un nuevo capítulo en la relación bilateral, se pone de relieve la reconfiguración de fuerzas políticas entre el Norte y Sur global

Este momento de la historia resuena hoy por dos razones fundamentales, evidencia la tradición colonial de quienes menosprecian al pueblo y subraya las conquistas alcanzadas por la organización popular frente a las políticas que atentan contra los intereses nacionales.

En vísperas de un nuevo capítulo en la relación bilateral, se pone de relieve la reconfiguración de fuerzas políticas entre el Norte y Sur global. Mientras el ascenso de Donald Trump, caracterizado por discursos reaccionarios, ha profundizado una política de protección económica arancelaria en Estados Unidos, en América Latina se ha consolidado en una alianza estratégica entre las principales economías de la región (Brasil, México y Colombia) con el objetivo de contener la avanzada reaccionaria de Trump. No casualmente, uno de los primeros anuncios de la administración Trump consistía en el alza de aranceles y el endurecimiento de la política anti-migratoria.

Hechos recientes como la deportación en condiciones indignas a colombianos desde Estados Unidos, reflejan la implementación de un plan estructural que articula la criminalización a población migrante. Sin embargo, a diferencia de tiempos previos, en esta ocasión la arremetida del Norte global no pasó desapercibida por la población en América Latina. En nombre de la dignidad nacional, el Presidente Gustavo Petro escribió en su cuenta de X “Los EEUU no pueden tratar como delincuentes a los migrantes colombianos”, denunciando las arbitrariedades de Donald Trump, subrayando el incumplimiento de protocolos humanitarios dignos en el traslado de migrantes a sus países de origen.

La reacción desde Washington no se hizo esperar. Las denuncias de maltrato contra población migrante, junto con la negativa de Colombia a permitir el ingreso de un avión estadounidense en suelo colombiano, fueron respondidas por Estados Unidos mediante la revocación de visas a altos funcionarios estatales e incremento del 50% en aranceles. Estas medidas (desproporcionadas desde todo punto de vista) se aplicaron con mayor rigor al caso colombiano. En una serie de trinos publicados en Twitter, el Presidente Trump anunció, una guerra comercial y asfixia económica contra el Gobierno de Gustavo Petro.

Con el retorno de más de doscientos colombianos a su tierra natal, salieron a la luz los abusos sufridos bajo las políticas migratorias de la administración Trump

En respuesta, el mandatario colombiano aumentó los aranceles a productos estadounidenses con el principio de reciprocidad y prometió fortalecer la industria nacional ante el estrangulamiento comercial: “puede con su fuerza económica y su soberbia intentar dar un golpe de Estado como hicieron con Allende. Pero yo muero en mi ley, resistí la tortura y lo resisto a usted. No quiero esclavistas al lado de Colombia”, puntualizó el presidente colombiano.

Ante la posición de Colombia, el mandatario estadounidense reculó en la decisión de imponer estas medidas que alimentan el odio al migrante, así lo anunció la Cancillería colombiana “Seguiremos recibiendo a los colombianos y colombianas que retornen en condiciones dignas, como ciudadanos sujetos de derechos”. Sin estar encadenados, ni esposados se priorizó la llegada de las y los colombianos que antes estaban retenidos en condiciones inhumanas.

Con el retorno de más de doscientos colombianos a su tierra natal, salieron a la luz los abusos sufridos bajo las políticas migratorias de la administración Trump. “Desde el principio nos trataron muy mal, nos botaron la ropa, a algunos les pegaron… Estamos felices de volver; algunos nos arrepentimos de habernos ido”, relató uno de los deportados al llegar al país. En respuesta, el gobierno colombiano ha implementado un programa de apoyo para quienes deseen regresar, ofreciendo iniciativas como créditos productivos asociativos para fomentar proyectos de vida y promover la reintegración a su lugar de origen.

Esta situación puso al descubierto las voces hostiles de los liderazgos políticos de la oposición en sintonía con los medios corporativos que implementaron narrativas a favor de las medidas anticolombianas de Trump. Entre ellos se sumó el alcalde de Medellín y seguidor del uribismo, Federico Gutiérrez, quien a través de X convocó a gobernadores y alcaldes de la oposición, con el motivo de organizar una comitiva destinada a viajar a EEUU en busca de desmarcarse de la denuncia del gobierno colombiano ante los atropellos. A esta petición el mandatario colombiano respondió contundentemente “no me extraña que se arrodillen, pero prefiero que usted se arrodille ante las madres víctimas de La Escombrera”.

Esto proyectó en la arena pública la discusión de replantear la estructura del poder internacional que sostiene la desigualdad entre el Norte y el Sur global, además, la urgencia de un acuerdo mínimo entre países para que se garantice un trato digno hacia población migrante. Justamente, en medio de la tensión diplomática-comercial entre Estados Unidos y Colombia, los cuerpos diplomáticos de ambos países decidieron reunirse y resolver los puntos urgentes. Tras la reunión, la Cancillería colombiana anunció un acuerdo conjunto que reducía los daños entre ambas naciones.

En dicho acuerdo se pactó i. no aplicar el incremento de las tarifas aduaneras anunciado por ambos países; ii. garantizar la continuidad de operaciones de documentación legal de ciudadanos colombianos en el extranjero; iii. autorizar el ingreso del avión presidencial para facilitar el retorno de migrantes colombianos (el cual aproximó a territorio colombiano el martes 28 de enero aplicando los protocolos humanitarios de traslado); iv. establecer protocolos humanitarios que aseguraran el traslado digno de población migrante. Este avance representó un paso hacia la desescalada de la crisis, aunque dejó abierta la reflexión crítica sobre las tensiones subyacentes en el nuevo escenario internacional.

En este panorama el Gobierno colombiano adoptó una postura firme contra la xenofobia de Trump. “Nunca han tenido dignidad. Experimentémosla” expresó el Presidente Petro, enfatizando su apuesta por la soberanía y la dignidad nacional

Sin proponérselo, las arbitrariedades de Trump abre un horizonte de oportunidad para que los países de América Latina, especialmente Colombia, cuestionaran su histórica relación de dependencia estructural con las economías del norte, “A usted no le gusta nuestra libertad, vale. Yo no estrecho mi mano con esclavistas blancos” subrayó el presidente colombiano.   Este cuestionamiento no se limitó únicamente a los aspectos económicos, sino que puso de relieve el trato criminalizante y degradante con el que Estados Unidos aborda a la población migrante (principalmente de origen latinoamericano). Toda esta situación, además de generar tensiones diplomáticas significativas, expuso las profundas desigualdades estructurales en las relaciones internacionales, así como la normalización y legitimación interna de tales prácticas.

Aunque la crisis fue resuelta, el breve contexto de conflictividad abrió una ventana de posibilidad para que los países latinoamericanos empezaran a cuestionar las lógicas de dependencia y sumisión de las economías respecto a Estados Unidos.  De igual forma, se replanteó la urgente necesidad de superar los lazos de subordinación económica y política que ha marcado la región. En este marco, la actual presidenta de la CELAC Xiomara Castro convocó una cumbre urgente sobre la crisis migratoria en medio de la coyuntura entre Colombia y EEUU. La iniciativa busca fomentar la integración regional con mayor autonomía y cohesión capaz de responder a las presiones del norte global.

En este panorama el Gobierno colombiano adoptó una postura firme contra la xenofobia de Trump. “Nunca han tenido dignidad. Experimentémosla” expresó el Presidente Petro, enfatizando su apuesta por la soberanía y la dignidad nacional. Esta consigna en el contexto de crisis global capitalista se impone con más fuerza en la región, ganando respaldo de distintos liderazgos que aplauden la determinación del mandatario frente a las presiones externas.

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* Alejandra Cuéllar Cedano